
Confirma Claudia Sheinbaum asistencia a la Celac
MÉXICO, DF, 22 de octubre de 2014.- El cerebro es el órgano más protegido del cuerpo pues lo resguarda el cráneo. En él se centralizan todas las actividades del organismo. Lo hace a través de complejas comunicaciones cerebrales que llevan a cabo las neuronas, todas ellas recubiertas con grasa, para facilitar su función. Entre ellas se comunican por medio de sinapsis –actividad de tipo eléctrico- y con ‘cables’ que forman parte de su estructura, llamadas axones.
Cuando cuentan con suficientes bioquímicos necesarios para las millones de funciones, éstos lanzan los impulsos del cerebro a otras neuronas con receptores específicos (existen neuronas sinápticas y receptoras muy diversas, para distintos tipos de impulsos que emiten las neuronas).
Las sinapsis son las comunicaciones que existen de las neuronas, a través de esos impulsos nerviosos. Una neurona – la presináptica- cuenta con una señal química –en este caso- y hace una descarga, así como el acopio de neurotransmisores, para llevarlos –por los axones- y alcanzar a otra neurona y depositar en ella esos químicos, justo en las dendritas. Éstas cuentan con botones que les permiten abrirse a esta bioquímica específica, esa que las activa.
Es un asunto de balances delicados, pues si no existe suficiente bioquímico o existen otros bioquímicos que no activan a esas dendritas, los botones que las abren, no funcionan. El organismo prepara y procesa esos químicos de forma natural, con enormes cantidades de “recetas” y de cocineros, así como de comensales (mecanismos cerebrales muy finos, unidos al ADN y a partes micro y nanométricas del cerebro, que sostienen la función neuronal). Así es como –básicamente- la función cerebral responde a las necesidades internas del organismo y a sus repuestas ante los millones de impactos exteriores, diariamente.
Los endocannabinoides, o cannabinoides endógenos, son unas moléculas producidas por nuestro propio cerebro que son similares a los compuestos activos de la mariguana
Los produce el organismo, se enlazan con los receptores cannabinoides. Se llaman así porque se parecen mucho a las moléculas y a las sustancias presentes –justo- en Cannabis, la planta, que es el Tetrahidrocannabinol (THC). Existen varios, con distintas funciones en el organismo y destinos, según su quehacer.
El más estudiado es Anandamida, endocannabinoide, descubierto en 1988. En cuanto lo descubrieron, los científicos investigaron más acerca de sus receptores y descubrieron la existencia de varios, como los CB1 –en el Sistema Nervioso Central- y los CB2, propios del Periférico.
Anandamida se desenvuelve con un papel protagónico en la concreción de la memoria y en ciertas sensaciones (hambre, sueño y dolor, por ejemplo). Y está estrechamente ligado con el Circuito de la Recompensa, descubierto por la mexicana Nora Volkow, nieta por cierto de León Trotsky, y directora del Instituto Nacional del Abuso de Drogas estadunidense, desde 2003. En este circuito, están las respuestas naturales del organismo a los eventos naturales felices. Y educarlo significa recompensarlo… pausadamente.
En el caso de los adictos, el cerebro pierde la capacidad de sentir los pequeños placeres cotidianos, pues se acostumbra a las dosis masivas de las sustancias con moléculas semejantes a las naturales, a las que los receptores se abren. Como resultado, los transmisores naturales, dejan de funcionar y de proveer. Y el individuo depende de los consumos cada vez más exagerados, para tener el mismo efecto.
Realidades del consumo y de los efectos
Aunque chamanes y practicantes de diversos cultos ancestrales la tratan como Planta Sagrada y de modos ritualistas y sacramentales: con ofrecimientos, respetos y consumos en fechas específicas, muchos jóvenes –por más que leen y saben- parecen pasar por alto que Cannabis afecta al cerebro y lo cambia, lo deteriora. Tienden a utilizar de más, incluso cuando ellos mismos la siembran, cuidan y cosechan. Y el aumento en el consumo, incrementa su riesgo de entrar en episodios más frecuentes o más intensos de depresión, sin que aprendan a manejar las emociones naturales, conteniéndolas, con apoyados en su familia, amigos y profesores.
¿Qué les ocurre al 46% de los jóvenes –incluso, a niños de 10 a 12 años- que prueban Cannabis?
– Voz pastosa y lenta
– Risa frecuente (no natural)
– Ojos colorados
– Depresión
*Directora y fundadora de Luciérnagas: Creatividad, Conocimiento y Sociedad. Museóloga en Papalote, Museo del Niño y en Sietecolores, Ideas Interactivas: guionista, curadora de colecciones y desarrollo de contenidos. Traductora de inglés, francés y alemán. Comunicóloga (UNAM) y Pg. en Periodismo de la Ciencia y en Filosofía Política y Social (U. de Navarra). Miembro de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia (Somedicyt).