
Libros der ayer y hoy
El sexto sentido es el que mueve la vida. Es el que irrumpe en el pensamiento y decide sin sopesar, medir o reflexionar. Es el que capta de inmediato la “vibra” del otro ser y decide cerrar tratos, huir o postergar promesas…
Es la voz que rebasa la conciencia. No. No es sólo el Pepe Grillo y la noción aprendida de lo que está bien de acuerdo a cánones dictados por nuestra historia y marco referencial. Hablo del sexto sentido, es un nexo con lo inexplicable y divino.
Es, tal vez, imán del conocimiento guardado en los archivos akáshicos, una plegaria silente que pide guía a todos los maestros del tiempo y el universo. Es la conexión con algo más allá de la lógica o la ciencia, es un nexo con lo inexplicable y divino.
Y así como el carisma o “gracia de Dios” que todos poseemos, el sexto sentido está en cada uno de nosotros: vigilante, atento, a la espera de enseñarnos matices invisibles o encender alarmas. Sin embargo, el sexto sentido pasa desapercibido en un mundo de convencionalismos, alta competencia y prisas, en un lugar donde el diálogo interno no se practica y se desea que hasta las emociones se atrapen en una botella y se comercialicen como aceite de oliva.
– Deme un gramo de veneno para el desazón, un puño grande de polvo contra el desencanto y kilos y kilos de olvido.
Si. De esas peticiones se llenarían las tiendas. Pero como eso no es factible se arremolinan en los centros comerciales en busca de zapatos en lugar de pasos predeterminados en el mapa de la vida, perfumes para camuflar los olores de una cotidianeidad sin brújulas ni sueños, pan para saciar el hambre del desconocimiento de uno mismo.
Y la voz interna de sabiduría, el inatrapable sexto sentido, enmudece. Quizá grita pero no lo oímos. Y así pasamos por alto opciones, advertencias y hasta amores. Necesitamos que el ruido cese si deseamos aproximarnos a nuevas realidades, a redescubrir un mundo más benigno que hemos pasado por alto en aras de metas inmediatas y sin trascendencia, porque en la medida que paremos frenetismo y nos detengamos a disfrutar el instante que vivimos, sólo entonces develaremos al sexto sentido.
La verdadera riqueza siempre procede de uno, es algo inherente a cada ser, pero necesitamos hallarlo. Para hacerlo basta vivir. Sólo eso. Atrapar con pasión cada instante, cada acontecimiento. Entregar en cada acción y momento el disfrute y conciencia cinco sensorial. Sólo entonces emanará de cada uno de nosotros una percepción más rica y nueva de lo que llamamos realidad o verdad. Emergerá el sexto sentido.
Tendremos así una guía de vida. No sólo advertirá de inminente peligro. También encontrará para nosotros personas idóneas para emprender proyectos o hacerlas parte de nuestra vida, nos señalará oportunidades y abrirá nuestros sentidos a lo no imaginado.
Así, en la apacibilidad y belleza de este momento, Sexto Sentido, te doy la bienvenida. Y entonces escucho mi propia voz, voz interna, que aconseja, calma, descubre e inspira. Emerge del silencio, de la concentración, de la nada y del todo. Surge de la meditación.