
Lamentan Los Alegres del Barranco percepción ofensiva de El Mencho
CHILPANCINGO, Gro., 19 de junio de 2014.- En Agua Hernández el miedo brama, retumba, golpea, arrasa, destruye, se desliza por los cerros y atraviesa el pueblo, se lleva chivos, vacas, gallinas, árboles, arranca casas y despoja de su patrimonio a las familias, de por sí humildes.
Las lluvias que provocó Manuel devastaron Guerrero en septiembre de 2013; la reconstrucción de esta carretera fue lenta, pero su nueva destrucción fue instantánea con las primeras lluvias de 2014. Los habitantes de los pueblos vecinos culpan a la baja calidad de los materiales y la falta de interés del gobierno por atender las zonas marginadas.
Para llegar hasta Agua Hernández hace falta otro tipo de vehículo, un caballo o una camioneta 4×4 para atravesar el Río Chiquito, que en esta época del año no lo es.
Lo que alguna vez fue la cancha techada de basquetbol hoy son toneladas de acero retorcido que se asoman a varios metros sobre el río.
Sólo la disfrutaron dos meses, hasta que el 15 de septiembre de 2013 comenzó la lluvia, primero ligera, después torrencial.
El aguacero no paró hasta el 18 de septiembre, cuando un destello de sol se coló entre las nubes e indicó que lo peor de la tormenta había pasado.
El comisario municipal, Nazario Sánchez Romero, cuenta que la mañana de ese domingo 15 de septiembre el río cambió su curso y atravesó el pueblo a la mitad, dejando sin hogar a 48 familias de Agua Hernández.
Allá, a unos metros, entre el río y algunos remansos de arena, se ven trozos de paredes y tejados.
De los baños de la escuela, dos aulas, varias casas, la cancha y el centro de salud, no queda nada.
Pasadas dos semanas la comida escaseaba, por lo que el comisario organizó una comisión de 10 hombres para ir a Chilpancingo a pedir auxilio.
Completamente sucios y empapados, con lodo en la ropa, algunos descalzos, pasaron cuatro días afuera del ayuntamiento hasta que los recibió el alcalde de Chilpancingo, Mario Moreno Arcos.
Prometió despensas para cubrir de manera emergente la escasez alimentaria, semanas después subió al pueblo y prometió viviendas para las familias que perdieron su hogar.
Llegaron algunas despensas que fueron insuficientes, pero el mayor apoyo lo dieron las comunidades vecinas que no sufrieron tantas afectaciones.
Trataron de continuar su vida normalmente, reconstruir lo que fuera posible, adaptarse a vivir en casa de algún familiar o de algún vecino.
Los niños regresaron a la escuela para recibir clases en la única aula que no se llevó el río.
Llegó junio de 2014 y con el mes iniciaron las lluvias.
El Río Chiquito bramó de nuevo y al escuchar su alerta macabra, la población de Agua Hernández huyó hacia una lomita, en donde adaptaron una especie de albergue.
Esta vez el río no tocó ninguna casa, pero se llevó la única aula que quedaba de la escuela primaria rural federal Ignacio Zaragoza, que atiende a 130 niños.
De acuerdo al comisario municipal, en el pueblo viven alrededor de 600 personas, pero en el último mes al menos 70 familias se desplazaron a un punto conocido como Los Cimientos, donde pasarán la temporada de lluvias.
Nueve meses después de la tormenta Manuel, llueve otra vez y el miedo de los habitantes de Agua Hernández crece al igual que el río.
Ninguna autoridad se encargó de reubicar a estas familias, cuyo asentamiento conformará un nuevo pueblo: El Renacimiento de Agua Hernández.