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MÉXICO, DF, 21 de octubre de 2014.- En medio del debate sobre la legalización de la mariguana (Cannabis), todos necesitamos estar seguros de que entendemos las Ciencias de las Adicciones. Hay quienes apoyan la certificación, con acopio de experiencias de otros países (Holanda y recientemente Uruguay), para tender estrategias con el fin de detener el tráfico ilegal… y la violencia.
¿Por qué para el Sector Salud el tema de legalización no es discutible? Porque se trata de un asunto de Salud de los mexicanos, que en un 76% se opone a la despenalización (2012): la Ciencia y la Tecnología explican los mecanismos y los efectos en el cerebro del Tetrahidrocannabinol, THC, sustancia activa de Cannabis.
También existen los vanguardistas y fervientes, que investigan sus numerosos efectos curativos, y que cuentan con un largo camino por delante para lograr las validaciones internacionales para usarla en tratamientos diversos, casi todos relacionados con dolor y con memoria.
En la discusión, también participan las Ciencias Sociales, herramienta para entender a los grupos humanos, enfrentados a las condiciones precarias del país –pobreza, escasa educación, falta de empleo, acuerdos y políticas en construcción, por ejemplo- pues estas circunstancias –investigadas para individuos y extrapolándolas a grandes grupos humanos- NO conforman factores de protección para evitar adicciones. Al contrario. Las circunstancias apuntan todas a los factores de riesgo, que normalmente son precursoras del el aumento en los consumos.
Las ciencias le otorgarían al Estado datos duros, base para que el gobierno tienda estrategias para detener un negocio ilegal y millonario, que ha convertido a México en un escenario de violencia más allá de las palabras. El asunto requiere compromisos y acuerdos de fondo para encarar una posible normatividad –con candados respecto de la corrupción- y a la vez, reconocer que la sustancia es adictiva y puede conducir a los individuos a desastres personales y grupales: el Sector Salud afirma que Cannabis cuenta con el 80% del pastel relacionado con las sustancias de adicción ilegal.
Y, como las cifras son parecidas en todo el mundo, los especialistas invitan a que el debate sea mundial y las medidas también lo sean -que es lo justo- para evitar actuaciones unilaterales en asuntos de salud tan delicados. Colaborar para soluciones globales y respetar las aplicaciones locales.
Ideales
La Ciencia y la Tecnología, en el ámbito de las adicciones, trabaja para alcanzar la meta de contar con la investigación y el soporte tecnológico suficiente para establecer niveles finos de prevención, al conocer el sostén genético y social de un individuo y así calcular su proclividad a las conductas adictivas respecto de la totalidad del espectro de sustancias.
Sin embargo, el binomio C y T dista de estar en ese deseable sitio predictivo, en el que –en un futuro- podrá sugerir con cuáles puede el individuo recrearse, cuáles no van con su metabolismo, genética ni bioquímica; y cuáles no debería de consumir jamás (porque resultan peligrosas –incluso, mortales- para su organismo).
Aunque la tendencia mundial de la medicina es la de reconocer las diferencias entre grupos, comunidades, orígenes, poblaciones y apoyar al individuo que está sujeto a los diversos tratamientos disponibles para los millones de síndromes, enfermedades, cuadros, que aquejan al ser humano, a la C y T le cuesta esfuerzo dicho constructo, pues –como todo lo humano- “hace camino al andar”, con protocolos largos, costosos y complejos, que justo son los que le dan la validez de la revisión entre pares y el soporte de la evidencia con pruebas en estratos y niveles diferenciados.
Cambiar de mentalidad: no a desprecios ni a calificativos despectivos
Nadie debería ponerse moralmente por encima de quienes cuentan con una fuerte maquinaria cerebral y un poderoso sistema emocional y, por tanto, les es posible utilizar una sustancia con fines recreativos, sin volverse adictos. Y mucho menos, de quienes NO pudieron controlarla y se convirtieron en un adicto más,con el cerebro enfermo, como otros tantos cientos de miles que hoy existen en nuestro país, como los millones que existen en el mundo (con cifras en incremento).
Por eso, Investigación del Sector Salud en México pone sobre la mesa que “la mariguana es la sustancia ilegal de mayor consumo en la población en México (80% del total de consumo de sustancias psicoactivas ilegales) y en la mayor parte del mundo (entre 76 y 83%). El uso de Cannabis presenta el más alto índice de crecimiento en consumo” (Medina Mora, et. Al. 2013). La cifra incluye sus distintas presentaciones y mezclas. Además, en el 90% de los casos, es puerta de entrada a los consumos de otras sustancias de adicción ilegales que también son muy poderosas y podrían ser la puerta hacia la poliadicción.
*Directora y fundadora de Luciérnagas: Creatividad, Conocimiento y Sociedad. Museóloga en Papalote, Museo del Niño y en Sietecolores, Ideas Interactivas: guionista, curadora de colecciones y desarrollo de contenidos. Traductora de inglés, francés y alemán. Comunicóloga (UNAM) y Pg. en Periodismo de la Ciencia y en Filosofía Política y Social (U. de Navarra). Miembro de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia (Somedicyt).