MÉXICO, DF, 14 de diciembre de 2014.- Sus campanadas han acompañado la historia de una demarcación y sus manecillas dan la hora a sus habitantes desde el Siglo XIX. Se trata del reloj monumental de la Casa de Cultura de Azcapotzalco, pieza única de manufactura francesa que desde hace 120 años presencia el paso del tiempo y llena de orgullo a los chintololos. Esta maquinaria de dos metros de longitud fue colocada en el inmueble por mandato de Porfirio Díaz, fue testigo mudo del florecimiento de su gobierno y caída, la posterior Revolución Mexicana y los hechos históricos más relevantes del último Centenario en la capital del país. Como parte del afrancesamiento que México y la ciudad vivieron en el mandato de Díaz y su esposa, Carmen Romero Rubio, en 1894 se colocó el reloj con péndulo de campanas, traído por casa de joyas La Esmeralda, cuyo repique al dar la hora se escuchaba un kilómetro a la redonda. El funcionamiento de la histórica pieza está a cargo de tres pesas: la de en medio lleva el tiempo, la de la derecha los cuartos, y la de la izquierda las horas. Además de reflejar la hora exacta en una carátula de vidrio, anuncia el paso del tiempo cada 15 minutos con sonoras campanadas. Desde hace 50 años Armando Pérez Vega, especialista calificado con licencia de la Federación Suiza de Fabricantes de Relojes, se hace cargo de su operación y mantenimiento; nadie conoce mejor que él su funcionamiento. “Este reloj para mí tiene gran valor estimativo y mantenerlo funcionando es parte de un orgullo personal. Le damos cuerda cada seis días, engrasado de maquinaria mensualmente, y lavado y limpieza integral una vez al año”, comentó el vecino de la colonia Ampliación Petrolera. Junto a su hijo, Carlos Andrés, don Armando ha “metido mano” a 25 relojes monumentales del país, entre ellos el de la Catedral de Puebla, de Pachuca y de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, pero el de Casa de Cultura tiene piezas de acero templado, bronce y latón con graduación especial, pero sobre todo un gran valor histórico y estimativo. “Desde que era pequeño he tenido gusto por arreglar relojes, y soy feliz de ver a este dar la hora tan exacta y escuchar su maquinaria limpia, mejor que muchos que he tenido la satisfacción de atender. Este reloj ha visto la transformación de la delegación, la llegada del tranvía, la modernización, entre otras cosas”, abundó el relojero. Arturo Benítez, expendedor de periódicos y revistas, y vecino de Azcapotzalco desde hace 30 años, es uno de los orgullosos habitantes de la demarcación que presume la trascendencia histórica de la pieza europea. “No conozco reloj más exacto que el de Casa de Cultura. La gente identifica sus campanadas y es parte de ese patrimonio que tenemos en la delegación, como el Jardín Hidalgo, la Iglesia de los Santos Apóstoles o el parque Tezozómoc”, aseguró el voceador.