MÉXICO, DF., 7 de noviembre de 2015.- Según diversos estudios, 30 por ciento de las personas con algún grado de depresión, padecimiento que se ha convertido en un problema de salud pública, no responden al tratamiento convencional con antidepresivos.

De acuerdo con un comunicado de la UNAM, los médicos psiquiatras disponen, junto con el tratamiento psicoterapéutico, de una variada gama de fármacos para combatirla.

“Entre ellas, las que sufren depresión moderada podrían encontrar en la estimulación magnética transcraneal (EMT) una opción para tratarse y salir del abismo emocional en que malviven”, puntualiza el texto.

Gerhard Heinze Martin, jefe del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM y exdirector general del Instituto Nacional de Psiquiatría Dr. Ramón de la Fuente Muñiz, afirma que este tipo de estimulación no invasiva tiene el potencial de excitar, de manera selectiva, la actividad de las áreas cerebrales involucradas en los circuitos reguladores del afecto y la cognición.

El primer tratamiento con EMT fue realizado en 1896 por el biofísico e inventor francés Jacques Arsene d’Arsonval, quien en unos casos reportó fosfenos (manchas luminosas) y vértigo; y en otros, síncope.

Hacia 1985, Anthony Barker llevó a cabo con éxito la primera aplicación de EMT y las primeras evaluaciones clínicas de esta herramienta terapéutica en el Departamento de Medicina Física de la Universidad de Sheffield, Inglaterra.

En 2004, el Instituto Nacional de Psiquiatría fue la primera institución del país en contar con un equipo de EMT. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos considera que este tipo de estimulación es un tratamiento seguro para la depresión moderada. Se deben aplicar 15 sesiones por tres semanas (una de lunes a viernes) para obtener un efecto terapéutico.

Señales eléctricas de un hertz

La principal indicación de la EMT a nivel mundial es en los estados depresivos moderados. También tiene aplicaciones en pacientes con esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo, anorexia nerviosa, autismo, mal de Parkinson, enfermedad de Alzheimer (en su etapa inicial) y epilepsia, así como en la rehabilitación de aquellos que han sufrido un infarto cerebral.

“Estimula la actividad motora de las neuronas de la región prefrontal dorsolateral que, se supone, están relacionadas con las patologías mentales, sobre todo con la depresión. Por medio de un equipo especializado, al paciente se le transmite una serie de señales eléctricas tenues, de un hertz.

“El campo magnético de estas señales atraviesa la piel, el hueso y las meninges, pero sin causar daño ni sensación alguna. Hay estudios con cinco, ocho y hasta 10 hertz, pero se ha visto que con uno es suficiente. Si es con menos, la EMT resulta más bien perjudicial.

“Una vez que el paciente es sometido a las 15 sesiones se observa inicialmente una mejoría de su estado de ánimo y, más tarde, de su memoria y atención, las cuales están disminuidas en los estados depresivos. Algunos investigadores recomiendan aplicar tres sesiones al cabo de tres o seis meses, pues parece ser que esto ayuda, de manera significativa, a mantener durante los próximos meses la mejoría alcanzada”.

Estudio epidemiológico

En 2013, la Fundación Gonzalo Río Arronte donó a la clínica del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la FM un moderno equipo que es utilizado desde entonces para aplicar la EMT en alumnos de la UNAM a los que se les ha diagnosticado un trastorno depresivo mayor moderado.

Dicho Departamento hizo un estudio epidemiológico de la prevalencia de estados depresivos en alumnos de primer ingreso de las facultades de Medicina, Ingeniería, Derecho, Ciencias, Psicología, Arquitectura y Música. Fue así como Heinze Martin y sus colaboradores descubrieron que la más alta prevalencia está en las de Ingeniería, Arquitectura y Música.

Por lo que se refiere específicamente a la FM, observaron que 3.5 por ciento de los jóvenes de primer ingreso presentaron un cuadro depresivo y, de ese universo, uno por ciento sufría una depresión severa, de acuerdo con los resultados que obtuvieron al aplicar la escala PHQ9.

“El estudio se hizo al inicio de un ciclo escolar y en la Facultad de Medicina lo repetimos conforme los alumnos pasaban de un semestre a otro. Entonces nos percatamos de que, mientras el estrés se incrementaba en ellos por las exigencias crecientes de la carrera, la prevalencia de la depresión aumentaba de 3.5 a 5.2 por ciento antes de entrar al internado.