
Teléfono rojo
Una situación a recordar en el marco de la intervención de la policía en CU es el hecho de que aunque fue operado, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, siguió encabezando a su gabinete, a las pocas horas.
Al decidir ser intervenido, el político no nombró a un sustituto, el cual, según la normatividad, correspondería al titular de la Secretario de Gobierno, en este caso Héctor Serrano.
El Estatuto de Gobierno menciona que las políticas y decisiones de la Policía y Procuraduría General de Justicia, son responsabilidad del jefe de Gobierno, y según la información de las autoridades locales, Mancera siguió gobernando desde el hospital y luego, convaleciente en su casa.
Eso mismo fue lo que sucedió ayer, en la marcha en repudio a la desaparición de 43 normalistas en Ayotzinapa. Quien estuvo al frente, desde el llamado C4, ubicado en Balbuena, fue Miguel Ángel Mancera.
La incursión policial se dio en coordinación con las autoridades federales, a través de la secretaría de Gobierno, pero con decisiones tomadas desde la jefatura de Gobierno, pero en tiempos electorales adelantados, algunos, ignorantes o no de las normatividades, hacen conjeturas a conveniencia.
En el marco de las protestas por el caso Ayotzinapa, un número importante de ciudadanos marcharon por calles del DF, generando todo una serie de emociones al ir en familias completas, con carreolas, compañeros de escuela, de trabajo, burócratas, de la tercera edad, sindicalizados y de organizaciones populares.
Por eso es imperante desenmascarar a los rijosos que reventaron la marcha, supuestos anarquistas que de eso no tienen nada, pues muestran intereses políticos específicos: interrumpir la protesta pacífica, acaparar la atención de los medios de comunicación y disminuir el tema central que es exigir claridad en lo sucedido con los normalistas.
Lo ideal sería conocer quién los auspicia.
PARQUÍMETROS Y FRANELEROS
Los parquímetros no son bien vistos por varios sectores, y mucho menos los franeleros que de una manera inconcebible un día surgieron, apropiándose de las calles y cobrando por el uso de esta para estacionar automóviles.
Es una realidad que en varias zonas los grupos de los también llamados viene-viene, actúan como delincuencia organizada, y sus exigencias alcanzan los 80 y cien pesos, sean 5 minutos o 5 horas. De no hacer el pago correspondiente, como sucede en la calle de San Pablo, Perímetro B del Centro Histórico los franeleros, al mando de una mujer que a la vez sirve de despachadora de microbúses, rayan los vehículos.
En las colonias Narvarte y Del Valle, la mayor parte de los vecinos prefiere los parquímetros, a los viene-viene, según el jefe delegacional, Jorge Romero, y por eso se expandirán esos aparatos en esas zonas.
Varios de los que han salido a las calles a protestar por estos servicios, son los mismos franeleros.
Sin embargo, algo que analizará el gobierno capitalino, según los Ecos del DF, son las ganancias de las empresas concesionadas que –haciendo cuentas– se llevan una millonada y sin cambiar aparatos que ya cumplieron su vida útil, o que su tecnología ya es obsoleta.
Ese dinero podría usarse para otros servicios de la ciudad.