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MÉXICO, DF, 1 de septiembre de 2015.- Del Día del Presidente nada queda, desde las postrimerías de la primera década del siglo 21.
Este martes el presidente Enrique Peña Nieto enviará, por mandato constitucional, en Sesión del Congreso General su Tercer Informe de Gobierno sobre el estado general que guarda la administración pública del país.
Por la reforma en 2008 al artículo 69 que exime al Presidente de la República de acudir al Congreso de la Unión, se espera que sea el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien acuda a entregar el documento escrito a la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.
Desde el 1 septiembre de 2007, el Poder Ejecutivo ha tenido momentos de tensión con el Poder Legislativo por los partidos de oposición que lo convirtieron en blanco de ataques, burlas y abucheos.
Ningún Ejecutivo federal ha pisado el Palacio Legislativo de San Lázaro desde entonces. Fue el presidente Felipe Calderón quien dio la última entrega ese año, bajo el escándalo de las elecciones de 2006 que se extendieron hasta ese año.
El descontento de la izquierda por los resultados electorales y un supuesto fraude obligaron a que el presidente panista llegara al recinto de San Lázaro a entregar el documento, sin que pudiera dar un mensaje como se acostumbraba desde décadas atrás.
No más de cinco minutos duró su presencia de esa última vez que un Presidente de la República acudió al Congreso a presentar su Informe de Gobierno.
La figura del Presidente se había desgastado un año antes con un momento de tensión cuando el presidente Vicente Fox intentó acudir al Congreso de San Lázaro a presentar el último informe de su gobierno, pero los resultados electorales de 2006 tuvieron consecuencias.
Legisladores del PRD acusaban a Fox Quesada de haber metido las manos en la contienda electoral presidencial para favorecer a su correligionario Felipe Calderón, quien venció a su contendiente Andrés Manuel López Obrador por menos de un punto porcentual.
Vicente Fox sólo pudo llegar hasta la puerta del edificio ante la toma de tribuna de los perredistas, entregó el documento a la Mesa Directiva y se marchó del recinto, sin que fuera posible dar lectura al mensaje que había preparado para la ocasión.
Desde la Constitución de 1917 hasta hace 10 años, cada 1 de septiembre era conocido de manera no oficial como el día en el que el Ejecutivo federal acudía al Congreso en una oportunidad única para atraer toda la atención del país a fin de rendir cuentas sobre todas las decisiones tomadas durante ese año en curso.
La obligación presidencial de la oralidad de los informes se mantuvo con el ordenamiento establecido en el artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para que el Presidente de la República acudiera a la apertura del periodo de sesiones ordinarias, así como las extraordinarias, del Congreso de la Unión, donde en la primera presentaría un informe escrito sobre el estado que guarda la administración federal pública.
En la reforma constitucional de 1923 se suprimió lo relativo a la asistencia del presidente a la apertura de sesiones extraordinarias, manteniéndose inalterado lo demás.
Los mandatarios recorrían las calles vitoreados y leían discursos oficialistas con un intenso despliegue mediático.
Al terminar, los aplausos no se hacían esperar por los logros presumidos en su gestión. Sin embargo, la figura del Presidente se ha ido desgastando por temas de desempeño en la economía, seguridad y por cómo llegó al poder con cuestionables resultados electorales.