
El recuerdo de un Maestro que vivió sin tregua, entre acordes y sombras
MÉXICO, DF, 10 de agosto de 2014.- La riqueza cultural de México es tan vasta que el país tiene personalidades de primer orden en la cultura internacional que, sin embargo, son prácticamente desconocidas e ignoradas.
Y, sin embargo, tarde o temprano nos llegan como de rebote; los reencontramos cuando su estatura intelectual y la magnificencia de su obra han conquistado otras latitudes. Es el caso de Enrique Metinides, fotógrafo mexicano de 80 años al que el periódico español El País le dedica sus páginas este domingo.
Enrique Metinides vive en una vieja vecindad de la avenida de la Revolución, dice El País. El fotógrafo retrató durante cinco décadas los crímenes, suicidios y atracos que coparon las portadas de la prensa sensacionalista mexicana. En su apartamento recibe a legiones de periodistas jóvenes interesados en su magnífica obra, despreciada durante muchos años y ahora convertida en objeto de culto. En los ríos de locura de esta gran urbe, Metinides encontró pepitas de oro.
El viejo fotógrafo vive solo, aunque a los reporteros del país los engañó su esposa; les dijo que estaba en el extranjero cuando trataron de hacer el primer contacto.
“Sí, a veces contesta, pero llevamos separados más de 40 años. Nunca he salido fuera de México, me da pánico volar. Creo que ella sólo quiere chingarme”, les reveló Metinides.
Recuerda que en esa época, cuando tenía unos 10 años, vio su primer cadáver. Un hombre había sido arrollado por el ferrocarril. “Alguien lo había golpeado hasta dejarlo inconsciente. Le colocaron el cuello en las vías y lo degollaron. Le tomé fotos y salí corriendo del miedo. ¡Pues era un niño!”, cuenta. Aquel miedo, en vez de paralizarlo, lo espoleó. Un fotógrafo de La Prensa, un periódico de nota roja (sucesos), lo apadrinó. Empotrado en camiones de bomberos, conectado día y noche a la emisora policial, comenzó a presentarse el primero en la escena del crimen, a veces cuando todavía olía a pólvora.
Metinides, una vez jubilado, se acerca a su obra con la sencillez de un zapatero que arregla el tacón de una bota. Sin mayores pretensiones. Él no ha reivindicado en exceso su trabajo, más bien lo han reivindicado otros.
The New York Times colocó en portada una fotografía suya del atraco a un supermercado y en páginas interiores le dedicó una página a explicar su trabajo. El escritor Carlos Monsiváis fue a verlo a su casa, fascinado por su técnica para captar la tragedia.
Enrique ha expuesto en galerías de Nueva York, Madrid, Tokio y Los Ángeles, entre otras ciudades. Una cineasta británica prepara un documental sobre su vida. “Me dicen que son fotos artísticas, pero yo solo quería ser los ojos de todos. Llevar a la gente conmigo al accidente”.
Una de sus imágenes más icónicas es la de una señora, Guadalupe Guzmán, viuda y con tres hijos, que amenazaba con lanzarse desde la Torre Latino, uno los edificios más altos del continente. “Uno de los oficinistas que la agarró de la mano para que no se cayera murió a los 20 días de diabetes, del susto que tuvo”, rememora.
(Más en http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/08/actualidad/1407519932_674721.html.)