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Genio y figura
Las elecciones del 7 de junio están marcadas por la violencia, y no es que todo el proceso se encuentre bajo la sombra de este preocupante fenómeno. Pero es una cuestión que no debe pasar por alto para nadie. Hasta ahora, la muerte de varios candidatos, las amenazas que han obligado a otros a retirarse y el peligro que entraña hacer campaña en muchos puntos de México no ha llevado a las autoridades electorales ni de otro orden a dar la alerta y poner a la ciudadanía en guardia. Tal parece que con dejar pasar, el agua se llevará la sangre y la amenaza. Pero no es así, el peligro está presente en lugares de Michoacán, Guerrero, Tabasco, Tamaulipas, Morelos, Oaxaca y muchos municipios de otros lares.
A los partidos no se les puede pedir nada, ni el más mínimo compromiso con la sociedad a la que pretenden representar. Se encuentran perdidos en sus disputas, las batallas de su guerra sucia, en gastar los cientos de millones que se otorgan año con año. Son incapaces de ponerse a la vanguardia de acciones contra los criminales que son un peligro no solo para los comicios del mes entrante sino de la democracia en su conjunto.
La amenaza criminal no puede medirse por el número de víctimas, aunque con una sola bastaría para poner el “grito en el cielo”. Tiene que verse como un peligro para la seguridad nacional, como un desafío lanzado por los delincuentes contra el Estado, contra todos y cada uno de los ciudadanos. Cierto es que el gobierno y los cuerpos de seguridad deben ser la primera trinchera ante la acechanza, pero también que la sociedad debe cerrar filas con las autoridades y no perder de vista que, a pesar de todas las críticas que puedan haberse ganado las autoridades, los enemigos están al otro lado de la banqueta, en las filas de los criminales del narco, la extorsión, el asalto y las bandas de sicarios.
El gobierno, en todos los niveles, debe reaccionar y entender que la sociedad mexicana es mayor y que puede entender perfectamente que la batalla contra los malos está lejos de ser ganada, pero cuando gobernantes y ciudadanos forman un frente común la tarea es menos dura. El gobierno necesita del pueblo y los mexicanos de autoridades que en momento de crisis les brinden seguridad, sin que esto haga olvidar a la gente sus críticas a los malos gobernantes.
Las elecciones son de máxima importancia, en ellas serán valiosos los votos y las abstenciones, pues los ciudadanos tienen derecho a participar o no, pero lo más importante es que la sociedad y el gobierno tengan claro que no pueden dejar que los criminales sigan matando impunemente, que continúen sembrando terror con la matanza de policías y soldados y muchos menos metiendo a todo mundo al rincón oscuro de miedo a ser gente de bien en todos los terrenos.
Hojas extraviadas
Viejas notas periodísticas recuerdan que desde hace años la violencia unida a la impunidad reina en muchos puntos del país. Campesinos que se arman con machetes y secuestran y amenazan con quemar gente, bloqueadores profesionales de carreteras que arruinan la vida de mucha gente, maestros que olvidan la aulas para delinquir, van de la mano con criminales que corrompen y amenazan la vida en sociedad del mexicano.
Los gobernantes han solapado a unos por interés político y a otros debido a las estructura corrompidas por la delincuencia, pero cualquiera que sea el caso ha llegado el momento de que se tome en serio su papel de encargado de la seguridad de los mexicanos todos…