
Libros der ayer y hoy
Perspectivas económicas
El mundo está navegando en medio de una tormenta que comenzó en 2008 y que seguramente seguirá hasta el 2020 o más. Los organismos financieros internacionales apuestan por el arrodillamiento de quienes no se plieguen a sus políticas económicas.
Con una población mundial que envejece, la desaceleración de la productividad y la débil inversión privada la economía global no tiene mucho hacia a dónde hacerse. Es la “globalización de la miseria” (V. Forrester)
Vivimos un momento económico, que calificó recientemente el Fondo Monetario Internacional, como “una nueva mediocridad”, lo cual nos hace pensar que en los próximos cinco años enfrentaremos graves problemas en las políticas públicas, como sostenibilidad fiscal y el desempleo.
Los gobiernos presentan datos macroeconómicos que son cada día menos representativos y suelen ser utilizados para ocultar las realidades sociales.
La Organización de las Naciones Unidas ha calculado que la crisis financiera es responsable de unos 200 millones de nuevos pobres, cientos de miles de puestos de trabajos precarios y varios millones de desempleados, especialmente jóvenes. La mayoría de los nuevos trabajos son a tiempo parcial o mal pagados y el envejecimiento de la población se ha convertido en pesada carga para la seguridad social mundial.
El FMI, el guardián fiscal que impuso –con la anuencia de Washington- en el Sur la fórmula de austeridad sumada al libre mercado a toda costa, tuvo resultados trágicos con las consecuencias que ya se están viendo. Para paliar este fenómeno, los gobiernos de algunos países han puesto en marcha un plan de austeridad fiscal; pero esto reduce el crecimiento, que a su vez crea un gran déficit, que obliga a más austeridad fiscal. Todo un círculo.
Esta prórroga de la crisis financiera mundial pegará especialmente fuerte a América Latina, pues uno de los pilares del pensamiento neoliberal, el FMI, se está tambaleando.
Desde Marx a Keynes, las teorías sobre la redistribución de los ingresos fueron básicamente construidas en el contexto de economías estables o en expansión. Los partidos progresistas fueron capaces de obtener sus éxitos durante ciclos de crecimiento, pero no han elaborado en pareja medida la teoría a aplicar en épocas de crisis. Los grupos de derecha, los xenófobos, han avanzado ante la falta de propuestas de los progresistas.
Mientras la participación de los salarios en el ingreso nacional de los países del G-7, los más industrializados, se ha reducido en 12 por ciento en los últimos años, la desigualdad ha crecido 25 por ciento en las mismas tres décadas.
La esperanza de los ciudadanos del mundo ha sido la constante en las últimas décadas; pero por supuesto que los banqueros, verdaderos responsables de la crisis mundial han logrado impunidad. Nadie ha sido responsabilizado de la crisis. Se han sustraído más de tres billones (millones de millones) de dólares de los ciudadanos de medio mundo para mantener a los bancos en pie.
Las cárceles están llenas de personas apresadas por robos menores que han causado un impacto social inmensamente menor. En cambio, en 2014, según indica el informe “Perspectivas de la Economía Mundial”, del FMI, James Gorman, el jefe del banco Morgan Stanley, cobró 22,5 millones de dólares. El jefe de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, 24 millones, James Dimon, jefe de J. P. Morgan, 20 millones. El más explotado de todos, Brian Moynihan, del Bank of América, cobró unos míseros 13 millones de dólares. Nada detiene el auge de los banqueros.
En contraparte al incremento de la pobreza, el desempleo y la crisis, el número de personas acaudaladas está en auge en todo el mundo. Los ultra-ricos tienen por lo menos 30 millones de dólares en su cartera. En Latinoamérica, el número de multimillonarios cuyo patrimonio es de al menos mil millones de dólares es de 151 individuos, más que en cualquier otra región del planeta. Obviamente, el mayor número de ellos está en México y Brasil.
Con una población joven que presiona por empleo, un sector muy importante que no tendrá posibilidad de pensión o jubilación y un núcleo de mexicanos que envejece sin remedio, el futuro no es halagüeño. Para ver que en México el dólar se regularice, los precios de los productos básicos se estabilicen, el desempleo baje un poco y la política económica tome cauces positivos habrá que esperar por lo menos hasta el año 2025 cuando las grandes potencias enderecen sus naves; si lo logran. Lo demás son sólo palabras.
Lectura obligada, imposible de dejar una vez iniciada, es “El horror económico” de Viviane Forrester (leído en 1996) que sigue teniendo vigencia.