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MÉXICO, DF, 15 de junio de 2014.- Internarse a México por su frontera sur es una tarea sencilla que se puede lograr ya sea vadeando el río, montándose a una balsa, caminando a través del campo, o atravesando un cruce oficial. Pero una vez en México los migrantes centroamericanos enfrentan una estrategia oficial de seguridad fronteriza que es difícil de definir: contradictoria e implementada de manera desigual, pero que se ha endurecido muchas veces con el respaldo de Estados Unidos, destaca un amplio estudio sobre la frontera sur de México, elaborado por la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés).
Denominado La otra frontera de México, el análisis afirma que la seguridad de la frontera mexicana se endurece a medida que uno se interna en el país, pues los caminos y ríos son patrullados rigurosamente.
Sin embargo, el creciente despliegue de agencias militares, migratorias, de investigación y de inteligencia cada vez mejor equipadas, sirve de muy poco ante la descoordinación y una corrupción endémica, que las neutralizan y sriven, más bien, para extorsionan a los migrantes y a los traficantes de ambos lados de la frontera.
Para ilustrar la lasitud con que operan esas agencias, el análisis señala que “el equipo de WOLA cruzó la zona cuatro veces sin tener que mostrar sus pasaportes” y advierte que la mayoría de la cocaína que se consume en Estados Unidos sigue esa misma ruta.
En la frontera sur de México corren dos líneas de trenes de carga que se internan al país y que son mucho menos vigiladas que las carreteras, por lo que se han convertido en la vía principal para entrar al país.
El viaje en cualquiera de esos trenes es largo y extremadamente peligroso, pues la falta de seguridad deja a los migrantes a merced de las pandillas centroamericanas, los cárteles mexicanos, bandidos, secuestradores y funcionarios corruptos, destaca el análisis.
La frecuencia con que ocurren secuestros, extorsiones, trata de personas, violaciones y homicidios, coloca las penurias sufridas por los migrantes centroamericanos en tránsito hacia México en el primer lugar entre las peores emergencias humanitarias del Hemisferio Occidental.
Y la magnitud de esa emergencia ha desbordado a México y comienza a generar graves problemas en los Estados Unidos. En el otro extremo, en la frontera norte, las autoridades migratorias estadounidenses no atinan qué hacer con la repentina ola de migrantes menores que cruzan solos la frontera y quedan abandonados en Estados Unidos.