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Muestra IPN su oferta académica superior en Expo Profesiográfica 2025
MÉXICO, DF, 12 de noviembre del 2014.-La desaparición de 43 estudiantes pertenecientes a la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa descubrió la crisis que enfrentan las normales rurales en México, las cuales no pueden ser entendidas tan sólo como escuelas, sino como centros que generan y acogen a comunidades enteras, informó un comunicado.
La situación de estas instituciones se analizó en el Foro Escuelas Normales Rurales. Presente y Futuro, organizado por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Universidad Iberoamericana, al cual acudieron los docentes normalistas Jesús Manuel Mendoza y Dalia Guzmán Vázquez, así como las expertas en la materia, Alicia Civera y Rosa María Torres.
En el foro se habló de que existen casi nueve millones de niños en el campo mexicano, y la mayoría vive en condiciones de pobreza. Las normales rurales, discutieron, representan una alternativa para mejorar la calidad de vida de este sector.
“Al maestro normalista rural se le percibe como un maestro desechable”, opinó la doctora Rosa María Torres, investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional, quien realizó un recuento histórico de las normales rurales desde inicios del siglo XX.
Entre las propuestas que se discutieron en la mesa de reflexión fue legitimar el papel de las normales y de sus egresados, establecer condiciones mínimas para que sean capaces de administrar sus propios recursos, fortalecer la transparencia en la repartición de recursos y plazas, capacitar a los maestros por medio de mecanismos comprobados, analizar lo que demanda la educación básica en entornos rurales más allá de los planes de estudio, y retomar casos de éxito de normales rurales.
Las normales rurales, explicaron los ponentes, no solamente son escuelas que otorgan conocimientos básicos a jóvenes y niños en el campo mexicano, sino que están inscritas en una dinámica comunitaria que va más allá de las aulas: “Han generado desarrollo, han contribuido al trabajo cultural y de gestión en las comunidades”, declaró la doctora Alicia Civera, reconocida investigadora en el tema.
“Una forma de defender a las escuelas normales rurales es expandir la información que existe en torno a ellas; hay que desmentir la versión que parece indicar que el activismo político no es la única función de nuestras escuelas”, explicó Jesús Manuel Mendoza, maestro normalista y docente de la Escuela Normal Rural General ‘Matías Ramos Santos’ de Zacatecas.
En un principio, existieron 59 escuelas normales rurales; hoy sólo hay 16. Además, la matrícula en este tipo de instituciones ha disminuido considerablemente. Así lo consideró el profesor Mendoza, quien agregó que su escuela en el 2013 sólo recibió 242 solicitudes para que se quedaran 140, cuando hace algunas décadas concursaban casi mil.
Por su parte, la maestra Dalia Guzmán Vázquez, ex directora de la Normal Rural Vanguardia de Villa’ de Tamazulapan, Oaxaca, explicó que la importancia de las escuelas normales recae en el hecho de que no sólo se conciben como escuelas, sino como internados para un sector compuesto por 29 por ciento de personas que ganan menos del salario mínimo, según la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC).
Guzmán explicó que se destina casi cinco millones de pesos a las normales rurales, de los cuales, la mayoría se reserva para cubrir gastos de alimentación, lo que implica que los estudiantes cuenten con 35 pesos diarios para comer.
Agregó que el principal financiamiento de estas escuelas son las inscripciones, puesto que los fondos municipales destinados a ellas muchas veces no les llegan, lo que deja a estas escuelas en la indefensión.
Otro aspecto que los académicos convocados discutieron en la mesa fue la reflexión sobre el manejo mediático de las protestas de los normalistas, sobre todo después de los hechos acaecidos desde septiembre en Iguala, Guerrero.
“Los maestros rurales suelen tener un sueldo menor al de los maestros en centros urbanos”, expresó el docente Jesús Manuel Mendoza, quien recalcó que en su lugar de trabajo se han visto obligados a ejercer mecanismos de presión sobre las autoridades locales porque las demandas que han pedido con tiempo no se han cumplido.
“Por ejemplo, en nuestra normal hacen falta ocho profesores desde el inicio del ciclo escolar, y hemos sufrido varias injusticias en el otorgamiento de plazas a nuestros profesores”, declaró Mendoza.
El foro concluyó con una reflexión sobre la importancia de revindicar el papel del maestro normalista rural, de modo que sea concebido no sólo como un proveedor de servicio, o un docente en una escala menor a los profesores que ejercen en centros urbanos.
“Son las normales las que pueden formar hoy a los docentes en educación básica. Después de todo, México sigue siendo un México rural”, concluyeron.