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MÉXICO, DF, 9 de octubre de 2015.- A 20 años de la creación del Latinobarómetro, estudio que se publicó por primera vez en 1995, 56 de cada 100 latinoamericanos opinan que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno.
Al participar el consejero electoral Ciro Murayama en la mesa Opinión Pública y Democracia”, foro organizado por el Departamento de Ciencia Política del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), explicó que el Latinobarómetro es un instrumento indispensable para conocer la región y un orgullo para las ciencias sociales.
De acuerdo a la sinóptica de las dos décadas en que la Corporación con sede en Santiago de Chile ha monitoreado las sociedades latinoamericanas, en una pregunta abierta encontró que la libertad es reconocida como el principal elemento de la democracia por el 44 por ciento de los ciudadanos de la región.
Ciro Murayama expuso que el Latinobarómetro indaga y cuestiona, lo que genera conocimiento alrededor de la democracia en el país, pues dicho informe permite conocer la evolución de ésta y revela desafíos en los sistemas políticos.
En 1995, Latinobarómetro realizó el trabajo de campo de la primera ola de encuestas de América Latina que incluyó 8 países: Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, un año después, en 1996, el estudio se hace en 17 países, incorporándose en el año 2004, República Dominicana, completando así los 18 países latinoamericanos, con la excepción de Cuba.
Desde entonces, se han producido 128 elecciones presidenciales en América Latina desde que inició la transición. Latinobarómetro señala que nunca antes su historia todos los 18 países habían tenido democracias instaladas llevando a cabo procesos electorales de manera continua y periódica.
En los albores del siglo XXI, más del 90 por ciento de la población de América Latina vive bajo gobiernos democráticos. Aún más, los 14 presidentes que dejaron su cargo antes de terminar su período fueron reemplazados a través procesos institucionales que no interrumpieron el ciclo electoral.
Es decir, incluso ante hechos extraordinarios que alteraban el proceso político, fueron las elecciones las que acreditaban la existencia o permanencia de un régimen democrático.