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Entrevista sin concesiones realizada a Joaquín Hernández Galicia, el exdirigente petrolero que desafió al poder
Alberto Carbot
La entrevista que el lector tiene ante sí fue realizada en 2004, quince años después del operativo del 10 de enero de 1989 que llevó al dirigente petrolero Joaquín Hernández Galicia a prisión y que marcó un punto de quiebre en la relación entre el Estado mexicano y el sindicalismo en Pemex. No se trató de una entrevista buscada por los cauces habituales. Su gestación fue indirecta, azarosa y, en buena medida, inesperada.
Como todo genio y figura, el exlíder petrolero seguía siendo un hombre reverenciado en Ciudad Madero y prácticamente en toda la región circundante. A sus 82 años y aparentemente retirado de toda actividad política, acusaba a los expresidentes Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo y a Carlos Salinas —quien lo encarceló—, de “harvardianos, traidores y entreguistas” que han provocado la ruina del país
El contacto inicial se produjo a través del periodista Óscar Sumuano, entonces integrante de Gentesur / La Revista de México, bajo mi dirección. A él yo lo había enviado a Tamaulipas para cubrir el VI Festival Internacional Tamaulipas, organizado bajo el gobierno de Tomás Yárrington. Días después viajé personalmente al estado, luego de que el entonces candidato a la gubernatura, Eugenio Hernández Flores, aceptara concedernos una entrevista, con la condición expresa de que yo estuviese presente.
Fue durante esa estancia cuando ocurrió el encuentro decisivo. En el restaurante del hotel donde nos hospedábamos, Sumuano reconoció a Joaquín Hernández Galicia, La Quina, se acercó a su mesa y le obsequió un ejemplar de la revista. El líder petrolero la hojeó con detenimiento. Lo que le llamó la atención, entre otras cosas, fue la calidad inusual de impresión, el cuidado editorial y la diversidad de temas, muy distinta a la idea que había formado, a lo largo de su vida, sobre ese tipo de publicaciones. Le sorprendía también —según me lo diría después—, que un periodista, por sí solo, pudiera hacerse responsable enteramente de garantizar su financiamiento luchando por la publicidad, y del proyecto editorial. De ahí su pregunta directa sobre quién estaba detrás de la revista.
Minutos más tarde, el propio Hernández Galicia, dijo que deseaba conocerme y que si aceptaba conversar en su mesa. Así se estableció el primer contacto con uno de los dirigentes sindicales más controvertidos del México contemporáneo. El primer intercambio fue tal vez un poco áspero, muy directo y sin rodeos. Le aclaré que la publicación no respondía a ningún grupo político ni empresarial como era costumbre y que yo era su dueño y director, aunque él no lo creyera así. Tras esas puntualizaciones muy enérgicas de mi parte, me invitó a charlar formalmente en su casa, en Ciudad Madero, donde finalmente se realizó la entrevista sin complacencias.
Inmediatamente después de su publicación, que ocupó 6 páginas de la revista, Hernández Galicia me llamó personalmente por teléfono, desde Morelos. Me dijo que había leído laentrevista, que había agotado las dotaciones de Gentesur en la sucursal de Sanborns Cuernavaca, por lo que deseaba adquirir unos mil ejemplares para obsequiarlos, ya que había sido una de las mejores entrevistas que le habían hecho en su vida. “Usted, se lo digo francamente, es un periodista muy cabrón, pero muy profesional, muy chingón”. Así, con esas palabras textuales.
Esa entrevista se publica hoy íntegra, sin añadidos ni correcciones de fondo. El texto no pretende absolver ni condenar, sino registrar, documentar y fijar una voz que se apagó el el 11 de noviembre de 2013, en Tampico, Tamaulipas, a los 91 años de edad. Leída hoy, a más de dos décadas de haber sido realizada y a 37 años del llamado “Quinazo”, adquiere un valor histórico que trasciende la coyuntura en la que fue concebida.

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Quienes creyeron liquidar política y moralmente a Joaquín Hernández Galicia, la Quina, no lo hicieron del todo. A sus 82 años, el legendario ex dirigente del poderoso Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), se mantiene vigente en el escenario político desde su baluarte en Ciudad Madero, Tamaulipas, que repercute en los municipios conurbados de Tampico y Altamira, y aun a nivel nacional.
Tan es así, que dos de sus hijos han encabezado la presidencia municipal, abanderados por el PRD. Y su hija, Guadalupe Hérnandez, La Mamis, bajo las siglas del PT, hoy dispone de una amplia ventaja sobre sus competidores por la diputación local de ese distrito electoral.
Obtener su aprobación para una entrevista periodística no es cosa fácil; se precisa también de una buena dosis de paciencia para escuchar sus larguísimos monólogos acerca de “los traidores a la patria” —como califica a los ex presidentes Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, e incluso a Vicente Fox—, quienes “en contubernio con los líderes del STPRM han entregado la riqueza de la nación a manos extranjeras”.
“Quino” le llamaba originalmente su mamá, doña Leoncia, a principios de los años 30, como diminutivo de Joaquín; luego sus amigos del barrio lo transformarían en “Quina”, parafraseando el nombre del tónico antipalúdico de moda, Quina Laroche. Y así se le conoce desde entonces, a pesar que intentó —aun a base de golpes—, despojarse del sobrenombre que hoy forma parte de su propia personalidad y que él acepta de buen grado.
La cita es programada originalmente a las 10 horas en su hogar de San Luis 106, colonia Unidad Nacional en Ciudad Madero, el domicilio de toda su vida, el mismo que el 10 de enero de 1989 fue invadido por decenas de militares y agentes federales para detenerlo, respondiendo a una orden girada por la PGR.
De ahí fue trasladado a la ciudad de México junto con 19 detenidos más, entre ellos el secretario general del sindicato Salvador Barragán Camacho. Los delitos que inicialmente se le imputaron fueron atentar contra la seguridad nacional, homicidio calificado, acopio y almacenamiento de armas para uso exclusivo del Ejército y evasión fiscal por más de 3 mil 500 millones de pesos. A la postre —luego de varios años en el reclusorio Oriente de la ciudad de México—, el 16 de diciembre de 1997 abandonó la cárcel.
Se hablaba de que era dueño de una importante flota naval, varios inmuebles, casi medio centenar de granjas, 280 pipas, más de 134 tiendas populares y millonarias cuentas bancarias.
Mientras desayunamos en compañía de su esposa doña Carmen Correa, en el restaurant del hotel Posada de Tampico —donde en un salón contiguo el candidato del PAN a la gubernatura de Tamaulipas, Gustavo Cárdenas, sostiene una reunión proselitista con empresarios—, la Quina habla con Gentesur / La Revista de México sobre periodistas, políticos y líderes sindicales, a quienes califica de “corruptos, transas, malagradecidos, pendejos, traidores, ingratos y ladrones”, todo lo contrario a lo que él dice representar. Pero también reconoce a los “leales, nacionalistas y honestos, aunque hayan sido mis acérrimos enemigos, como Jesús Reyes Heroles”.
Vestido con una discreta pero fina playera y mordisqueando una manzana, el ex todopoderoso líder petrolero —quien como secretario general y como líder moral del sindicato patrocinó la construcción de calles, puentes, caminos y obras de infraestructura en varios municipios de la entidad—, lamenta que el hoy director de Pemex, Raúl Muñoz Leos, permita “otro robo a la nación al entregarle al ladrón más grande del sindicato, Carlos Romero Deschamps, 7 mil millones de pesos”. Todo indica, según él, que “el gobierno federal no aprendió la lección del Pemexgate, cuando Zedillo autorizó los mil 550 millones de pesos, que Romero Deschamps justificó con recibos apócrifos, como el de 50 millones para el desfile de un Primero de Mayo que no se celebró y otro de 80 millones para gastos contractuales.
“Esto último —dice—, es el colmo de la desfachatez. ¿Quién puede creerle que él y los demás miembros del Comité Ejecutivo Nacional se hayan gastado 80 millones de pesos en tazas de café durante la revisión del contrato colectivo de trabajo? Todos, en Pemex y en el sindicato, saben que cuando van a negociar el nuevo contrato, los representantes van con viáticos otorgados por la empresa y el STPRM. Entonces, ¿en qué se gastó Romero los 80 millones?”, pregunta con irritación.
Hernández Galicia —mientras cucharea un plato de avena, acompañado con panecillos remojados en el café con crema—, también denuncia que otros 50 millones de pesos se pretenden justificar bajo el rubro de campos deportivos para el Comité Ejecutivo Nacional, “cuando el único deporte que practican los líderes es ir a las cantinas y a los cabarets. Si no lo sabré yo, que también fui dirigente”, dice.
Otro recibo de 50 millones que presentó Romero Deschamps asentaba que era para reparar las tiendas de consumo del sindicato. “Una mentira más de ese ladrón, siendo que muchas están embargadas, otras vendidas y unas más alquiladas, de las que ellos (los dirigentes) cobran las rentas y se las clavan. Creo que sólo hay una, en la ciudad de México, cuando en mi época habían 126 en todo el país”, recuerda.

—¿Alguna vez fue usted a Las Vegas, porque también se habló de sus excesos?
Nunca. Mire, eso me lo inventó el gobierno, que siempre ha pagado a periodistas corruptos —no digo que todos lo sean—, para atacar a aquellos líderes que no son de su agrado, como le pasó a Chava (Salvador Barragán Camacho), a quien filmaron jugando. Antes los periodistas estaban jodidos. No tenían la libertad de ahora.
Es lo único que le reconozco a (Vicente) Fox, que ha dejado libres a los medios. Hasta lo han llegado a insultar, aunque también a veces merece que lo insulten, ¿no? —se pregunta divertido, y las carcajadas brotan espontáneas de entre quienes se hallan presentes durante la entrevista, entre ellos Leonardo Nayo Cárdenas, uno de sus más fieles colaboradores, perteneciente al pequeño grupo de sus ayudantes, casi todos petroleros jubilados, que lo acompañan por doquiera que se desplaza.
Es un paréntesis que aprovecha doña Carmen —Carmelita, le llama cariñoso la Quina—, para retirarle la avena ya fría y acercarle un nuevo café con crema y un plato de machaca con huevos y frijoles refritos. Retoma la charla:
“Yo tuve un enemigo mortal, Jesús, un gallego apellidado Reyes Heroles, impositivo, que hablaba de democracia cuando era un perfecto dictador en Gobernación, en el PRI, en Pemex. Él creía que la política hacía funcionar las plantas, haciendo discursos, y por eso muchas se fregaron. Esos fueron mis choques con él. Eso sí, era muy nacionalista: nunca estuvo de acuerdo en entregarle nuestros recursos energéticos a los gringos”, recalca.
Un ingeniero se aproxima ante la mesa del controvertido personaje. Le comenta que ya está arreglado el asunto del terreno. “Ya hay comprador, señor; yo no quiero nada, sólo los contacto y ustedes se arreglan. Lo que sí le ofrezco es mi producto, mis camarones, tengo una empacadora. A ver cuándo la visita”.
Con desenfado, Joaquín Hernández Galicia le responde que sólo acepta su invitación a visitar la planta si le ofrece un precio realmente bajo para que las tiendas que ahora maneja la agrupación civil que encabeza, puedan ofrecer camarones de primera a precios al alcance de los obreros.
En el sindicato —según relató el propio Deschamps a los periodistas Gabriela Hernández y Fernando Ortega—, la Quina no tenía cargo ejecutivo alguno, aunque se hacía llamar presidente de la Comisión de Obras Sociales. “Designaba sin elecciones ni asambleas previas, a los secretarios generales locales; manejaba el sindicato y aun firmaba contratos, como el de Arriba Limited, sin ser el secretario general; rendía cuentas sin ser tesorero; manejaba las cuentas bancarias sin autorización de asambleas; hacía donaciones políticas sin aprobación o conocimiento de asamblea alguna; comprometía al sindicato en obras y compañías sin tener ninguna representación legal”.

Bajo el cobijo del PRD, Juan y Joaquín Hernández Correa, hijos de Joaquín Hernández Galicia, han accedido a la presidencia municipal de Ciudad Madero, Tamaulipas. Su llegada al cargo no representa, sin embargo, una reivindicación política para el ex dirigente petrolero, sino una fuente constante de desencanto, al considerar que su desempeño dista de la expectativa que generó el peso histórico de su apellido.
Hernández Galicia expresa de manera reiterada su inconformidad con la actuación de ambos. Como padre se niega a desacreditarlos públicamente, pero como figura política y hombre de palabra admite que no cumplen con el nivel de liderazgo, firmeza ni eficacia que, a su juicio, exige la vida pública de Ciudad Madero. Los considera gobernantes mediocres, sin carácter ni visión, incapaces de estar a la altura del cargo y del respaldo popular que reciben.
Desde su perspectiva, el triunfo electoral de sus hijos no obedece a méritos propios ni a una propuesta sólida de gobierno. Afirma que no es el PRD quien gana las elecciones, sino el capital simbólico de su apellido y el de su esposa Carmelita, así como la memoria de la confrontación histórica con el poder priista local. En ese sentido, sostiene que el partido se aprovecha de una tragedia familiar y política que despierta simpatía social, sin que ello se traduzca en buen gobierno.
Hernández Galicia insiste en que es el pueblo de Ciudad Madero —y no sus hijos, ni su familia, ni el PRD—, quien derrota al PRI en las urnas. Atribuye los resultados electorales al hartazgo ciudadano frente a una dirigencia sindical petrolera que califica como corrupta, cínica y moralmente degradada, y a una clase política priista que, afirma, mantiene secuestrado al municipio desde hace décadas.
El ex líder petrolero subraya que el respaldo popular se manifiesta principalmente a través de las mujeres, quienes encabezan movilizaciones y sostienen una defensa activa de su figura. Señala que más de diez mil personas, en su mayoría mujeres, participan en esa resistencia cívica, no por afinidad partidista, sino por rechazo a un sistema local que consideran injusto y depredador.
En ese marco, la crítica hacia sus hijos se vuelve más severa. Hernández Galicia sostiene que ellos no logran capitalizar ese respaldo social ni traducirlo en políticas públicas eficaces. A su juicio, administran sin rumbo, sin convicción y sin la energía política que exige un municipio marcado por el conflicto social y la pobreza estructural.
El caso de su hija Guadalupe, conocida como La Mamis, lo distingue del de sus hermanos. Ella busca una diputación local por el Partido del Trabajo y, según afirma, encarna una sensibilidad distinta. Hernández Galicia considera que las mujeres muestran mayor rectitud en la vida pública y padecen con mayor dureza los efectos de la crisis económica, lo que otorga legitimidad a la agenda política de su hija.
Finalmente, sostiene que Guadalupe no reniega de su origen ni de su padre y asume una causa centrada en las demandas cotidianas de las mujeres maderenses: el acceso a la alimentación, la salud y la supervivencia familiar. En contraste con sus hijos varones, la presenta como una figura con mayor claridad política y conexión social, aunque su proyecto también se construye bajo la inevitable sombra de un apellido que sigue pesando más que cualquier sigla partidista.
Hoy, a pesar de más de 8 décadas sobre sus hombros, Hernández Galicia es una persona fuerte, de andar erguido, cuyo estado de salud es exuberante, aunque algo duro de oído, detalle que no queda claro si es una treta para hablar sin parar o bien una cuota que le ha cobrado el tiempo. Quizá, una secuela de la embolia que sufrió años atrás en 1996, en la cárcel. La interrupción no le hace perder el tema de la charla. Regresa al punto que le ocupa, cuando menciona las críticas que a veces recibe el presidente Fox en los medios.
“Oiga, ¿qué es eso de entregarle la Cuenca de Burgos a los norteamericanos, sin concursar, violando la Ley de Obras Públicas, y de pilón también a la Constitución? ¿Por qué no leentrega ese proyecto a los mexicanos? Por eso los empresarios de Monterrey se le encabronaron, pues cuentan con capital para invertir y se los da a los gringos y a los gachupines. Por eso el descontento, con toda razón, de los empresarios mexicanos”.
Por eso considera justificada la crítica al gobierno foxista, porque a su juicio hay “un líder agachón en el sindicato; no, agachón no —se corrige—, sino traidor, que le firma esos contratos y a cambio recibe esas cantidades monstruosas. No sólo firmó lo de la Cuenca de Burgos —que tiene un valor aproximado de 350 mil millones de dólares, suficientes para pagar gran parte de la deuda—, sino también los llamados de riesgo, algo que hoy ya no existe”, pues según afirma, “los depósitos de hidrocarburos ya se localizan por satélite”.
Montado en el corcel de la indignación, la Quina fustiga a quienes de un plumazo entregan la riqueza de los mexicanos a los extranjeros, “algo que costó sacrificios inenarrables de todo el pueblo, asesinatos de líderes petroleros, amenazas de invasión que recibió Lázaro Cárdenas. Tanto defenderlo durante más de 70 años para que 3 presidentes traidores, deshonestos, entreguistas —Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo—, confabulados con el imperio económico norteamericano, nos aplastaran y le pasaran la estafeta a Fox, con un pueblo ya cansado de un priismo que antes fue mejor (el de Lázaro Cárdenas, de Adolfo López Mateos, de Adolfo Ruiz Cortines) y que, a pesar del populismo de Echeverría y López Portillo, nos daba a todos de comer”.
Esa estrategia perversa desde el poder, afirma, la denunció en su oportunidad “ante Salinas, quien recortó el presupuesto a Pemex, a la CFE y a otras dependencias, a fin de mostrar al pueblo que estaban quebradas y que los trabajadores éramos malos administradores, rateros y flojos”.
Llama a eso una “política entreguista” y sostiene que si así como lo hizo, deliberadamente, para hacer quedar mal a las industrias mexicanas “mal manejadas por el gobierno —no por los trabajadores—, ¿por qué entonces no recortaba tantas dependencias del gobierno federal, empezando por la suya (Programación y Presupuesto), que no servía para nada y que sólo programaba miseria, entreguismo y gastos innecesarios para mantener enanitos por todos lados?”
La Quina toma un respiro, mira hacia el techo y exclama:
“Acuérdense que todas las dependencias que él tenía —colaterales a Programación y Presupuesto—, estaban plagadas de chaparritos, debido a sus complejos. Un hombre no se debe avergonzar de ser chaparrito. Sin embargo, era su complejo de ser enano; que, a pesar de ser muy preparado, no es inteligente, pues la primera no equivale a la segunda, ya que la inteligencia se adquiere con la práctica, no con el estudio, porque del estudio han salido muchos pendejos. Se necesita la práctica, la experiencia”, sentencia.
A eso atribuye que se enojara Salinas, “porque critiqué los grandes errores de los gobiernos priistas, desde mucho antes que él llegara a ser candidato".
Ahora estamos peor, reconoce Hernández Galicia. “Se habló mucho de un cambio, ¿cuál? Resulta que se aumentan las dependencias, el personal de confianza y para acabarla, ¡ganan como reyes! Ese es el error del gobierno. Les paga a ineptos cantidades fabulosas, mientras el pueblo se muere de hambre. Ese dinero hace falta en el campo, en fuentes de trabajo, en educación, en seguridad, en salud”.
A Muñoz Leos lo califica como “un verdadero pirata, que está saqueando la industria petrolera junto con Romero Deschamps. Ambos han realizado otro Pemexgate cuando aún no se resuelve el primero. Por eso, dice, en Estados Unidos están embargados 48 millones de dólares. Se están robando el dinero a manos llenas, si no ¿cómo se explica que Romero Deschamps sea dueño de casi todo Banorte?”, enfatiza.
“¿Por qué lo sigue apoyando el gobierno de Fox? —se pregunta la Quina y responde—: porque le está firmando todos los documentos para completar el entreguismo que empezó con Miguel de la Madrid”.

Para la Quina, los gobiernos entreguistas han convertido a México “en una Liga de las Naciones, porque invitan a los asiáticos, los europeos, a los norteamericanos, dándoles todas las facilidades del mundo, pero al inversionista mexicano le cobran un chingo de impuestos, muchas mordidas, en lugar de alentarlos a que inviertan en su país.
“Hay que decirlo claramente, este gobierno no cumplió sus promesas y está peor que el PRI, porque éste, con todo y su demagogia, hacía carreteras, hizo el Seguro Social, el ISSSTE, defendió a la industria, hubo presidentes nacionalistas, con todos sus defectos, pero protegieron las inversiones de los mexicanos. Fue la época de un PRI que ya no existe, porque el actual se volvió igual de traidor”.
Hernández Galicia señala que cuando él fue líder del STPRM nunca permitió que los extranjeros entraran a Pemex. “Con mucha satisfacción, no con orgullo —porque éste es para los pendejos—, puedo decir que nunca permitimos la injerencia externa en Petróleos Mexicanos. Por eso me acusaban de cacique”.
—¿Y no lo era?, muchos lo han asegurado.
Claro que no. En la vida los hombres valen por sus hechos, no por sus doctrinas. ¿Por qué Salinas, con todo su poder, nunca pudo acusarme de ratero? Me fabricaron el delito de acopio de armas prohibidas y de un asesinato que no cometí, pero de ladrón, jamás. ¿Por qué no me encontraron ni un dólar, de los muchos millones que según malos periodistas decían que yo tenía en el extranjero? Revolvieron todo, libros contables de todas las secciones y de aquí, y no encontraron nada. Esos son los hechos.
"Vayamos a las cosas importantes para el país, cuya situación es muy grave y lo peor es que no tenemos salida. Creo que hay una oportunidad para salvarnos, si ustedes, los periodistas —en lugar de andar armando grillas, haciendo amarillismo o entregándose a los gobernantes—, defienden a la nación. El país se va a salvar con hombres capaces, nacionalistas. Llevar al poder a los mejores en su ramo, que tengan carrera, y experiencia de la buena”.
Más adelante, la Quina hace un recuento descarnado de “los periodistas corruptos” que alguna vez se acercaron hasta él.
Se duele también de "Rafael Ramírez Heredia, a quien le pagué muchas cosas, hasta viajes a Europa con su mujer y que luego me hizo una tracalada con una dizque biografía”. Pero especialmente menciona a Sergio Sarmiento, “otro pinche entreguista que tira a la derecha. Lo puse en su lugar cuando me fue a entrevistar a Cuernavaca, donde me tenían arraigado. Cuando llegó con su equipo de cámaras, le dije: ahora sí, de frente, repítame las acusaciones que me ha hecho en sus programas; demuéstreme con pruebas que soy un corrupto y un asesino, a lo que respondió, todo pálido, que eso era lo que decían. Y le dije: no señor, usted lo ha afirmado públicamente, así que pruébelo. Claro, no pudo y se fue con la cola entre las patas”.
—¿No considera que su derrumbe político comenzó en 1986, con aquella reunión en Los Pinos, cuando José Sosa Martínez, del Comité Ejecutivo Nacional, le dijo a De la Madrid, de que si se hundía Pemex, se hundía el presidente y de paso el país?
¿Y acaso no es así?
—Se dijo que usted había sido el autor intelectual de la frase y algunos lo tomaron como un acto de soberbia y prepotencia de la dirigencia petrolera.
Sólo los pendejos y los lambiscones lo manejaron de esa manera. El tiempo y los hechos demuestran que yo tenía razón, pues México está peor que entonces.
Hernández Galicia reitera que “los hechos son los que cuentan en la vida, no las ideologías. Por eso mis enemigos me acusaban de corrupto y de que me había enriquecido en el sindicato. Sin embargo, a pesar de que me buscaron algo mal habido hasta debajo de mis güevos, los encontraron bien plantados y muy nacionalistas”.
Sin aparente asomo de amargura —el hombre que en 1964 asumiera el poder y que cada 12 de agosto acostumbra celebrar su cumpleaños en el rancho La Pulga, rodeado de miles de simpatizantes y amigos muy cercanos—, comenta que ya no le interesa regresar a las lides políticas de manera formal “porque le hice una promesa a esta hermosa mujer (y señala con un movimiento de la cabeza a doña Carmelita), pues es ella la que ha sufrido un calvario a raíz de mi injusto encarcelamiento”. Para reafirmar lo dicho, cuenta lo que tuvo que pasar su esposa casi al final del sexenio de Carlos Salinas.
“Para que ustedes se den una idea de la clase de cobarde que es ese hombrecito (Salinas), me mandó a decir con la entonces subsecretaria de Gobernación, Socorro Díaz Palacios —ahora senadora plurinominal del PRD—, que me ayudaría a salir, pero tenía que prometerle que no lo mandaría a matar. Habrase visto mayor desfachatez, cuando en este caso el único asesino era él. Si yo le hacía esa promesa, podía entonces interponer un amparo y él me garantizaba que lo ganaría.
“Cuando Romero Deschamps lo supo, convenció al enano de que yo era muy peligroso y que los mataría a los dos tan pronto saliera de la cárcel. Mientras tanto, mi esposa hizo todos los trámites con los abogados y fue a hablar con Salinas a Los Pinos. Pasaron las semanas y, al poco tiempo, me envió a una periodista —que estimo mucho—, a decirme que retirara el amparo, pues así no podía ayudarme. Si lo retiraba, él buscaría la forma de darme el indulto. Era como aceptar que yo había cometido los crímenes que me fabricaron.
“Para entonces mi esposa estaba al borde de la desesperación, pero yo le dije que tuviera paciencia, que nos iríamos por las vías legales y no retiré el amparo, que al final de cuentas gané. Y ya ven, salí y no les pasó nada; siguen vivos Salinas —el monstruo maquiavélico— y el bandido de Romero Deschamps —el más servil y arrastrado de todos los que me rodeaban—, por eso no regreso a la política activa, para que mi mujer ya no sufra”.
La Quina reconoce que ahora se encuentra enfrascado en recuperar el patrimonio de los trabajadores petroleros que “en mala hora puse a nombre del sindicato, el cual ahora sólo es un logotipo y que ha sido saqueado por el ladrón de Romero Deschamps y sus compinches, quien en 15 años no ha hecho una sola auditoría.
“Antes había 250 mil trabajadores de planta y 100 mil transitorios con antigüedad, ahora sólo quedan 50 mil de planta y 5 mil transitorios, debido a la traición de él y sus desvergonzados cómplices”, lamenta.
“Cuando llegué a la dirigencia del STPRM lo recibí en quiebra, cuando salí lo dejé con ranchos, ganado, granjas, fábricas, terrenos, maquinaria de toda clase, tiendas de consumo. Poco a poco he ido recuperando algunas cosas para devolverlas directamente a los trabajadores, que son los verdaderos propietarios. A eso estoy dedicado. Tengo como 12 cartas de gobernadores dándome las gracias por los apoyos que mediante mi organización hemos dado, como son materiales para obras públicas, picadoras de forraje y otras acciones”, reitera quien hoy encabeza al Grupo Primero de Octubre, Unificador, Revolucionario, Nacionalista y Humanista (GURNH), conformado por trabajadores jubilados y activos.
Sobre la democracia en el sindicato de Pemex menciona que “a pesar de toda la protección que le dan Vicente Fox y Carlos Abascal a Romero Deschamps y camarilla, los trabajadores han logrado ganar 10 amparos que demuestran lo espuria que es la actual dirigencia” y confía en que “se irá avanzando poco a poco, en las reconquistas gremiales. Yo nací para ayudar a mis compañeros, los trabajadores petroleros y hoy sólo a eso me dedico; esa es mi pasión, mi vida”, dice con elocuencia el viejo líder, mientras aprisiona entre sus morenas manos la taza de café con crema y la sorbe largamente, entrecerrando los ojos, como en espera de una segunda oportunidad.
