CIUDAD DE MÉXICO, 13 de abril de 2017.- Uno de los penitentes que año con año sale a cumplir una manda personal durante la procesión de los ocho barrios en Iztapalapa cada Semana Santa, se acerca al actor que personifica a Cristo y emocionado, le acerca a su bebita para que la toque.

El actor que encarna al fundador del cristianismo, Éder Omar Arreola Ortega, toca a la niña suavemente, con gesto solemne y bondadoso, como se vería en cualquier película de temporada de Semana Santa.

La escenificación de los últimos días de Cristo es una manda colectiva de 174 años de antigüedad en Iztapalapa, prometida al Señor de la Cuevita, a quien se le atribuye haber acabado con una epidemia de cólera; tanto los penitentes como los protagonistas de la Pasión honran dicha tradición con entrega y seriedad.

Una tradición que ha sido respetada y si cabe la expresión, bendecida por personajes de la talla del Benemérito de las Américas, Benito Juárez, quien en 1867 la protegió mediante decreto, y en 1914 tocó el turno nada menos que al general Emiliano Zapata, quien prestó los caballos para quienes aquel año interpretaron a los romanos, de acuerdo con el folleto informativo entregado por la delegación.

Desde hace algunos años, los caballos los presta la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), que en este 2017 han puesto nerviosos a más de uno en su recorrido por las calles, ya que algunos equinos han salido inquietos.

Pese a ello, la gente ha salido a la calle a ver a los penitentes, también conocidos como nazarenos, y a los personajes principales de la Pasión.

La gente espera en las banquetas, con sus parejas, sus hijos, con el infaltable celular y paletas y helados, expectante de ver pasar a hombres vestidos como judíos de hace dos mil años, hombres montados a caballo como guardias romanos y a Cristo, quien pese a su disfraz, conmueve porque se trata de una conmemoración en la cual participan más de tres mil personas como romanos y nazarenos.

Son estos últimos, vestidos de morado y blanco quienes en su manda individual hacen el mayor esfuerzo: en su mayoría van descalzos sobre carpeta asfáltica caliente, sucia y chipotuda.

Pero para ellos su compromiso es con Dios y no pueden fallar.

En su esfuerzo, miles de personas los acompañan. Es también para recordar lo que en la tradición católica se llama la visita de las 7 casas.