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Agradecimiento al Club Primera Plana
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Las Mujeres También Hicieron Historia
Hago un grato recuerdo de quienes guiaron mis inicios en el oficio, hoy profesión, del diarismo mexicano: licenciado Agustín Cué Cánovas, don Enrique Vázquez Herrera y don Alfredo Kawage Ramia. De mi ingreso a la docencia en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, a Rosa del Valle Bujons.
Pasados unos meses del fallecimiento de mi querido y fraternal amigo Carlos Fernando Ravelo y Galindo, Decano del Periodismo Mexicano, cuando José Luis Uribe Ortega, presidente del Club Primera Plana, comentó que pronto se conocería al sucesor. Mi estimado colega murió el 9 de julio de 2022.
Conocido y respetado en el gremio, destacado como funcionario público y reconocido por su incursión como productor en el cine, Carlos terminaba su apasionado oficio de 75 años y nos heredaba sus interesantes comentarios en la leída columna En las nubes, del periodismo digital.
Don José Antonio Aspiros Villagómez —reportero, columnista, analista y dilecto escritor, amigo excelente— redactó una amplia semblanza de Ravelo y, en el pasado 2025, presentó la edición de un cuidadoso volumen titulado En las nubes. 802 páginas con la obra periodística de Carlos, digna de consulta permanente.
En una ocasión, José Luis me dijo estar analizando mi trayectoria en el diarismo impreso, radiofónico y televisivo. Me preguntó de mi tarea académica y de mi paso por las oficinas de prensa. “Tú serás un candidato a ocupar la vacante que dejó Carlos Ravelo”. Me sentí muy halagado por el solo hecho de ser, sin pedirlo, aspirante a una honrosa distinción.
Mis entrañables amigos y colegas Abraham Mohamed Zamilpa y Jorge Alberto Ravelo Reyes, hijo de Carlos, se sumaron a la posible candidatura. Me lo hicieron saber, por separado, en términos muy afectuosos. Transcurrió el tiempo y, unos días antes del 22 de agosto de 2024, recibí un telefonema en mi oficina de trabajo.
José Luis Uribe fue directo tras saludarnos: “Te llamo para invitarte a la Asamblea del Club el próximo día 22, en el auditorio de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Te entregaré tu reconocimiento como Decano del Periodismo”.
La emoción, tras agradecer la noticia, me recordó que el 16 de diciembre de 1954 recibí un diploma por el artículo publicado, con mi firma, en la revista Dinamismo, del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana. El tema estaba relacionado con el centenario de la proclamación del Plan de Ayutla. Ese fue para mí mi primer premio nacional. La ceremonia fue en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Presidió y me entregó el diploma el representante personal del presidente Ruiz Cortines, don Fernando Román Lugo, subsecretario de Gobernación.
A 71 años de mi iniciación en el periodismo, presumo una placa dorada con el logotipo de la organización periodística más antigua en México y la leyenda: “CLUB PRIMERA PLANA E INSTITUCIONES LIGADAS A LA NOBLE TAREA DE INFORMAR, otorgan el presente RECONOCIMIENTO como Decano del Periodismo a Jorge Herrera Valenzuela”. Otras líneas grabadas dicen: “Por brillante trayectoria como comunicador, maestro de periodismo, columnista y directivo de medios por más de 70 años”.
El reconocimiento está avalado por: Escuela de Periodismo Carlos Septién García; Asociación Nacional de Locutores de México, A.C.; Asociación Nacional de Periodistas, Locutores y Comunicadores EU y México; Colegio de Periodistas de Tamaulipas; revistas Panorama Universitario, Macroeconomía, Proyección Económica 2020, Brecha e Impar; Contrastando Ideas, El Noticiero de Colima; columnas Candelero, Abanico, Entre Semana, Misión Laboral, Para Contar; periódico Yo Campesino y el Decano de Caricaturistas de Morelos, Enrique Heras. “Por las Libertades de Prensa y de Expresión”. Ciudad de México, 22 de agosto de 2024.
Al asistir a un evento en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, invitado por mi amiga y colega Soledad Durazo Barceló, observé un detalle muy importante: la nominación de quienes por trayectoria profesional reciben un reconocimiento. Es algo cotidiano que muchas veces no percibimos como tal. Cierto es el hecho de que, desde hace siglos, el periodismo abarca diversas actividades y fueron reconocidos como decanos en cada especialidad.
El diarismo impreso surge con el nacimiento del diario El Universal, en octubre de 1917, y poco después aparecería Excélsior. Ambos con un formato de primera plana y a ocho columnas la noticia más importante del día anterior. Información general y secciones especiales para noticias deportivas, culturales y de sociales.
Como antecedente, debe considerarse que en el siglo XIX comenzó la práctica del periodismo científico con La Revista Social, de los hermanos Felipe y Leopoldo Valencia. El periodismo literario surgió con una serie de publicaciones. En 1886 se inició el periodismo religioso con una publicación titulada La Cruz. En la actualidad hay un semanario oficial de la Arquidiócesis de México.
También encontraremos a hombres dedicados al periodismo político con doble propósito: informar y criticar satíricamente por medio de las caricaturas. El Ahuizote es testimonio irrefutable, a partir de 1874, con especial dedicatoria al presidente Sebastián Lerdo de Tejada. Hoy tenemos en sus diferentes ramas al periodismo deportivo, donde hay reporteros, comentaristas, columnistas y cronistas: Cristino Lorenzo, Agustín González “Escopeta”, Fernando Marcos, Ángel Fernández, Jorge “Sony” Alarcón, Enrique “El Perro” Bermúdez y Pedro “El Mago” Septién, por citar a algunos.
En nuestro medio tuvo auge el periodismo de sociales con sus máximos representantes: Rosario Sansores, Agustín Barrios Gómez Jr., “El Duque de Otranto” (Carlos González López Negrete) y Yolanda Cabello. Nos enteraban de los “chismes” de la llamada alta sociedad y algunos otros tópicos.
Quienes nos iniciamos en las redacciones de diarios a finales de los años 50 conocimos a “La Vieja Guardia”. En la redacción de La Prensa, en 1958, la mayoría eran hombres y dos mujeres: la ilustre Magdalena Mondragón, de Torreón, Coahuila, en información general, y la española María Luisa Carnelli (quien usaba el seudónimo de Clara Montes), encargada de las notas sociales.
Cada uno tenía su estilo. Miguel Gil iniciaba su nota refiriendo que le daban la noticia por teléfono; era reportero estrella en la fuente policíaca. Le sucedieron otros no menos acuciosos reporteros: Luis C. Márquez (cabeza de la familia Cantón Zetina), Carlos Borbolla Miranda y Manuel Buendía. Don Manuel Basterra Mellado cubría la información de Petróleos Mexicanos. Su primer párrafo solía relatar que “en la conferencia hebdomadaria el director general informó...”.
Impresionante era don Roberto Ramírez Cárdenas al redactar lo sucedido en las sesiones de la Cámara de Diputados. No era una simple nota, sino una crónica parlamentaria detallada. Extraordinaria como reportera fue Magdalena Mondragón, quien conoció y trató a los presidentes a partir de Miguel Alemán. Magda fue la primera reportera policíaca, la primera directora de un diario vespertino (Prensa Gráfica) y ¡la primera mujer citada en las páginas de la Enciclopedia Británica! Se jubiló en 1959.
Al recibir de manos de José Luis Uribe Ortega la placa, sentí tal emoción que solo atinaba a decir “gracias”. En mi mente estaba la imagen de Carlos Ravelo sonriendo con la frase que lo identificó: “Una, a la una”, un “guisquito”.
Somos parte de la Gran Familia del gremio periodístico y, los sobrevivientes, todos somos decanos del diarismo mexicano. Comparto la distinción con Pancho Cárdenas Cruz, Miguel Ángel Rivera Paz, Miguel Reyes Razo, Roberto Vizcaíno Aguilar, Paco Rodríguez, Joaquín López-Dóriga, Pepe Reveles, José Carreño Carlón, Agustín Gutiérrez Canet, Miguel Ángel Rocha Valencia, Jesús Michel Narváez, Teodoro Rentería Arróyave y Arnulfo Domínguez Cordero.
También de la vieja guardia, los dibujantes Sergio Iracheta, Enrique Heras, Raúl Moysén, Luis Carreño, Rafael Barajas “El Fisgón”, Paco Calderón y Luis Borja. De la camada de fotógrafos: Jaime Andrés Arroyo Olín, Jaime Sánchez y Hugo García Tapia. En la crónica deportiva: Toño de Valdés, Enrique Burak, Enrique “Perro” Bermúdez, Heriberto Murrieta, José Ramón Fernández y Francisco Javier González.
No puedo marginar a mis compañeras: Lidia Marín, Carmen Aristegui, Wendy Coss, Judith Álamo López, Yazmín Alessandrini, Gilda Montaño, Beatriz Alfaro y Gloria Díaz González, quien a sus 94 años es decana en el Estado de México. En el sur de Estados Unidos, Elvira Espinoza y María Antonieta Collins. Ellas y ellos siguen aportando testimonios para la historia.
