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CIUDAD DE MÉXICO, 21 de julio de 2016.- El cáncer de piel se ha convertido en un problema de salud pública, no sólo en el país, sino en el mundo, advirtió la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.
Entre 2008 y 2012 el cáncer de piel fue el tercer motivo más frecuente de primera consulta en el Instituto Nacional de Cancerología. En el Hospital General de México se ha visto un aumento considerable de la frecuencia de ese padecimiento en población menor de 40 años, por lo que ha dejado de ser una enfermedad de viejos.
Para hacer frente a esa problemática, la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM puso en marcha la Clínica de Oncodermatología, enfocada en hacer un diagnóstico temprano de ese mal, pues a pesar de los avances en medicamentos, quimioterapias y cirugía, el pronóstico de vida de los pacientes aún depende de la detección oportuna, explicó su responsable, Rodrigo Roldán.
Indicó que para que se produzca cáncer de piel influyen factores como la falta de protección a la radiación, pero también la genética, aclaró Roldán. México es un país mestizo y la población tiene genes de origen europeo (españoles, franceses o ingleses, por ejemplo) y eso incrementa la susceptibilidad.
Aunque la piel blanca es más sensible a la radiación y se quema más rápido, el hecho de ser moreno no previene el cáncer de piel, aclaró.
La casa de estudios señaló que en la Ciudad de México recibimos 35 por ciento más radiación que en las costas debido a la altitud; sin embargo, al estar en la playa el daño es mayor porque usamos menos ropa. A eso se suma que en los últimos años lo estéticamente “aceptable” es estar bronceado o moreno, y por ello la gente pasa más tiempo expuesta a los rayos solares.
La causa más común de cáncer de piel es la radiación ultravioleta, el carcinógeno ambiental más frecuente al que se expone cualquier ser humano desde el nacimiento. Para reparar el daño, el sistema inmunológico trabaja mientras dormimos; no obstante, la “compostura” no es cien por ciento eficaz y, por ende, se acumulan los efectos nocivos.
Por eso, después de 20 o 30 años comienzan a aparecer manchas y arrugas, y en el peor de los casos, cáncer. Así ocurre, sobre todo, cuando hay antecedentes de quemaduras solares (desde que la piel se ha puesto mínimamente rosa o roja y arde, hasta tener ampollas).
Este carcinoma se divide en dos grandes grupos: no melanoma, que incluye el carcinoma basocelular y carcinoma epidermoide, y el de tipo melanoma, que deriva de las células que producen el pigmento en la piel: los melanocitos.
El carcinoma basocelular es el más frecuente; una de cada cinco personas a lo largo de su vida desarrollará uno, pero se trata de tumores de crecimiento lento que en el 99 por ciento de los casos quedan confinados a la piel, aunque son localmente agresivos. El epidermoide, además de un comportamiento agresivo, puede dar lugar a metástasis ganglionares.
En tanto, el melanoma es un tumor raro, aunque muy agresivo. Su crecimiento se mide en milímetros y tan sólo un milímetro de grosor disminuye el pronóstico de que sobreviva a menos de 50 por ciento en los siguientes cinco años. Se ha incrementado en el mundo, mucho más que cualquier otra neoplasia, debido a la contaminación, al adelgazamiento de la capa de ozono y a las conductas sociales; de ahí la importancia de determinar la estirpe celular de cada caso.
Al servicio de la población
La Clínica de Oncodermatología arrancó sus funciones en octubre del año pasado. Aquí, los expertos utilizan técnicas no invasivas (sin tener que cortar o dejar una cicatriz permanente) mediante un diagnóstico por imagen con ayuda de los equipos más avanzados, entre ellos, un microscopio de reflectancia confocal, único en el país y tercero en Latinoamérica –los otros dos son de la Universidad de São Paulo–, y uno de los casi 150 que existen en el mundo (la mayoría en Australia y Europa, y dos en Estados Unidos).
Más vale prevenir
Los expertos señalaron que es más fácil prevenir que tratar. “Al igual que vamos al dentista un par de veces al año, hay que asistir al dermatólogo para evitar cáncer de piel, sobre todo si hay factores de riesgo: antecedentes de quemaduras solares o de cáncer de piel personal o de un familiar en primera línea, e incluso, personas con muchos lunares. Quienes tienen más de 50 de ellos, están en mayor riesgo”.
Los lunares dejan de salir, en promedio, a los 25 o 30 años, y cualquier lesión o pigmentación después de esa edad no necesariamente es cáncer, pero sí algo que vale la pena vigilar.
Para prevenir, la recomendación más importante es evitar quemaduras solares mediante el uso de bloqueadores cada tres horas, usar sombrero de ala ancha, ropa de manga larga y evitar la exposición de las 9 a las 16 horas.