Vinculan a proceso a 4 por secuestro, extorsión y drogas en Mazatlán
CIUDAD DE MÉXICO, 2 de noviembre de 2025.- En las últimas semanas, se han difundido diversas versiones periodísticas que cuestionan la honestidad de la administración de la Dra. María Elena Álvarez-Buylla al frente del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), a partir de una denuncia de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ante la Fiscalía General de la República (FGR).
El ruido es grande. La atención pública, legítima. La duda, comprensible. También lo es el derecho de la Dra. Álvarez-Buylla a que se escuchen los hechos completos.
Entre quienes han salido en su defensa se encuentra el Dr. Ernesto Villanueva, investigador de la UNAM y uno de los más reconocidos abogados en libertad de expresión y daño moral del país.
Quadratín conversó con él para conocer su punto de vista sobre las acusaciones y el legado de la exdirectora del ahora extinto Consejo, convertido en la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).
El propósito es claro: entender qué pasó, con respeto a las personas y apego a los datos.
Quadratín: Doctor, usted ha sido uno de los defensores más visibles de la Dra. Álvarez-Buylla, pese a una denuncia y versiones periodísticas que apuntan a posibles actos de corrupción o conductas éticamente cuestionables. ¿Qué lo motiva a sostener esa defensa?
Ernesto Villanueva (EVV):
Gracias a Quadratín por la oportunidad de aclarar algunos puntos. Conocí a la Dra. Álvarez-Buylla al inicio de su gestión, primero en el entonces Conacyt y después en el Conahcyt, cuando incorporó el área de Humanidades. Desde el primer día impulsó cambios de fondo. Cerró prácticas que yo había criticado por años. Puso orden. Puso reglas.
Con el tiempo pude conocer la institución por dentro como integrante de diversas comisiones revisoras. Hablo con conocimiento de causa. Y aclaro algo esencial: no tengo conflicto de interés. Durante su administración, ni antes, recibí apoyos de investigación de esa institución. Ya era nivel III del Sistema Nacional de Investigadores cuando ella asumió el cargo. Nunca presté servicios remunerados al organismo.
Dicho esto, sostengo lo que vi: la Dra. Álvarez-Buylla realizó la transformación más profunda en la historia del Conacyt. Lo hizo en beneficio de la mayoría. Con rigor. Con sentido público. Con una ética exigente que, lo sé, incomodó a quienes se beneficiaban del desorden.
Quadratín: No obstante, la ASF presentó una denuncia ante la FGR por presuntas irregularidades. ¿No son estos hechos indicativos de corrupción?
EVV:
Se ha contado solo la mitad de la historia. Y la mitad, sin contexto, hiere. La Dra. Álvarez-Buylla no fue mencionada en las observaciones que derivaron en esa denuncia. Es parte del trabajo rutinario de la ASF. Tampoco ha sido investigada o imputada ante la FGR.
¿De qué se habló entonces? De incumplimientos de contratos por parte de tres empresas que ganaron licitaciones de la UAF para apoyar la revisión de miles de proyectos que la nueva administración recibió en completo desorden. Los posibles responsables son funcionarios que no cuidaron a cabalidad el cumplimiento contractual. Ellos —no la directora— son quienes están bajo investigación para deslindar responsabilidades conforme a derecho.
¿Y qué hizo la Dra. Álvarez-Buylla? Reforzó los controles. Ajustó procesos. Solicitó cambios de personal en la Unidad de Administración y Finanzas ante la SHCP. Cuando hay fallas, se corrige. Eso hicieron. Eso habla de buena fe y de vocación de servicio.

Quadratín: También se ha mencionado que la exdirectora se habría “auto-otorgado” 750 mil pesos para un proyecto de investigación. ¿No es esto un acto irregular?
EVV:
Ese asunto se ha distorsionado. Sí circula un documento con su nombre y esa cantidad. Casi nadie lo leyó completo. No es del Conahcyt. Es de la UNAM.
La Dra. Álvarez-Buylla es una científica de prestigio. Premio Nacional de Ciencias. Es normal que una universidad apoye proyectos concursados y evaluados por pares. Esos recursos son independientes de su función pública. El documento refiere la conclusión de un proyecto de continuidad iniciado antes de su llegada al Conacyt.
Presentarlo como “prueba de corrupción” es injusto. Es faltar a la verdad. Es dañar su patrimonio moral con información incompleta y mal intencionada. Lo digo con serenidad: no hay irregularidad en que la UNAM apoye a una de sus mejores investigadoras.
Quadratín: Otro de los señalamientos se relaciona con la supuesta participación de una empresa que “construyó” el estudio de su hija, que habría recibido contratos del Conahcyt. ¿Qué hay de eso?
EVV:
No hay sustento. Hay manipulación y mala fe. No existe documento de adjudicación directa del Conahcyt a ese despacho, ni observaciones de la SFP o de la ASF que acrediten contrato alguno.
Además, el despacho no construyó el estudio. Es un taller de arquitectura con reconocimientos nacionales e internacionales y proyectos con distintas dependencias por la calidad de su diseño, no por obra civil.
¿Qué sí consta? Que el despacho participó —con al menos otros cinco— en convenios de colaboración y proyectos evaluados técnicamente por pares desde la Coordinación de Comunicación del Conahcyt para la factibilidad museográfica, paisaje, restauración y reestructuración del recinto Kalan. Las obras estuvieron a cargo de la Secretaría de Salud, no del Conahcyt.
¿Y la hija de la Dra. Álvarez-Buylla? Colaboró en el diseño interior de un estudio/dormitorio preexistente de 59 m², reconocido por una revista internacional de diseño. Eso es talento, no tráfico de influencias. Lo demás son conjeturas. El proyecto Kalan, por cierto, se planeó con rigor, se licitó públicamente y concluyó en tiempo récord. La SSA finiquitó con las constructoras responsables, distintas a MMX. Transparencia, papeles en regla, resultados a la vista.

Quadratín: Pero sí hay observaciones de la Auditoría Superior al Conahcyt por hasta 400 millones de pesos, según versiones periodísticas. ¿Qué puede decir al respecto?
EVV:
Primero, una observación no es una sanción. Es una alerta para aclarar o corregir. Forma parte del ciclo normal de auditoría. Ningún pliego se dirigió a la Dirección General del Conahcyt.
Muchas observaciones ya se solventaron.
El monto citado incluye los contratos y posibles incumplimientos ya explicados. La mayor parte de lo pendiente se refiere a Becas y SNI por presuntos cobros en exceso que deben reintegrar los beneficiarios. No son “robos” de la directora, como algunos sugieren.
Y algo más: durante su gestión se implementaron plataformas y aplicativos propios para dar más transparencia, más eficiencia y menos errores. Resultado: en las últimas auditorías a esos programas no hubo observaciones de cobros en exceso. Así deben servir las auditorías: para mejorar y dejar capacidades instaladas.
Quienes conocemos a la Dra. Álvarez-Buylla sabemos que es íntegra, meticulosa y apegada a la ley. Un ejemplo personal lo confirma: renunció al estímulo económico del SNI nivel III aun cuando podía cobrarlo. No promovió premios para sí. Evitó postularse al emeritazgo, pese a contar con cerca de 15,000 citas a su obra y una trayectoria que habla por sí misma. Eso es congruencia. Eso genera confianza.
Quadratín: Lo más reciente apunta a que su pareja habría recibido tres millones de pesos en apoyo para investigación. ¿No se trata de un acto indebido?
EVV:
La vida privada es privada, salvo que afecte el interés público. Lo difundido como “prueba” son coautorías de artículos científicos. En academia eso es normal. En ciencias duras, es lo habitual.
Y aun suponiendo —sin conceder— la hipótesis de favoritismo, el sistema de evaluación por pares y órganos colegiados del Conahcyt impide ese tipo de conductas. Todo proyecto pasa por dictaminación colegiada, con reglas y contrapesos.
Dato clave: la Dra. Álvarez-Buylla no solicitó proyectos como responsable técnica mientras fue directora. No violentó procedimientos. No favoreció a nadie. Llegó al cargo con una trayectoria sólida y la puso al servicio de México. Eso también cuenta. Y cuenta mucho.
Quadratín: ¿Entonces considera que existe una campaña en su contra?
EVV:
Sí. Una campaña dolosa, que usa de forma indebida información pública y privada para desprestigiar. ¿La razón? Intereses afectados.
Se eliminaron 91 fideicomisos opacos y se devolvieron casi 22 mil millones de pesos a la Tesorería de la Federación. Se desmantelaron estructuras de opacidad y dispendio que favorecían a privados con recursos públicos.
Entre 2012 y 2018, con mucho más gasto y transferencias sustanciales a privados, México cayó en los índices de innovación. Entre 2019 y 2024, con menos recursos, el país recuperó posiciones y logró más de 80 patentes de Estado. Es inédito. Es mérito institucional.
Antes, una parte importante de las becas de posgrado iba a universidades privadas que cobraban colegiaturas y cuotas. Incluso en públicas se cobraba caro. Los becarios pagaban con su manutención. Los pobres subsidiaban a los ricos.
Además, casi la mitad del presupuesto del Conacyt se destinaba a proyectos empresariales sin retorno social. El ejemplo absurdo quedó en la memoria: un proyecto para “innovar la forma de hacer pizzas”.
La Dra. Álvarez-Buylla rompió esas inercias. Abrió el acceso. Transparentó procesos. Fortaleció capacidades. Eso toca bolsillos. Eso duele a quienes perdieron privilegios. Por eso hoy buscan destruir su nombre.
Mi conclusión es simple: no estamos ante una corrupta, sino ante una servidora pública exigente, honesta y valiente que eligió ponerse del lado del interés público. Y eso, en cualquier país, merece respeto y aceptar, también los costos, cuando el discurso y los hechos transitan por un mismo sendero del apego estricto a la ley. En este país en muchísimas ocasiones no se perdonan osadías como las de la Dra. Álvarez-Buylla de extirpar el cáncer de la corrupción.
