Las protestas en el mundo
A partir de este lunes 19, un centenar y medio de profesionistas eclesiales se reúnen en Villahermosa para participar en el tradicional encuentro anual y nacional de pastoral de la comunicación. Todos pertenecen a los equipos diocesanos, religiosos y parroquiales de diversas localidades, y se insertan en este encuentro en el marco de dos desafíos importantes.
Por un lado ha sido notable el crecimiento en el nivel de agresividad discursiva en el espacio público, en los medios de comunicación de todos los formatos y especialmente en las plataformas sociodigitales.
Por el otro, también se ha hecho evidente la falta de neutralidad conceptual y argumentativa de las herramientas tecnológicas y los modelos de lenguaje masivos de la IA, cuyos criterios interpretativos no solo responden a estereotipos discriminadores, sino que además el interés militar, económico e ideológico en su programación amenaza con homogeneizar una realidad comunicativa e informativa compartida.
Como explican sus organizadores, la pastoral de la comunicación es tanto un campo de reflexión como un campo de acción sobre la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo y, claramente, los procesos comunicativos inciden directamente en la configuración de la cultura, las relaciones sociales y la comprensión del sentido social.
En los últimos días, los temas de índole religiosa han sido muy recurrentes en el debate público: desde las amenazas directas contra ministros de culto (como el ofrecimiento de dinero para terminar con la vida del obispo de Aguascalientes) hasta la burla sistemática y dirigida contra las convicciones éticas y morales de creyentes (como las expresiones antisemitas contra los judíos de la sinagoga Maguen David en la Ciudad de México).
Pero también han estado presentes en la polémica pública varios hechos de manipulación e instrumentalización de los símbolos e identidades religiosas con fines políticos. Ciertos grupos católicos reaccionarios y ultraconservadores utilizan los medios de comunicación para promover la abolición del Estado laico y atacar la libertad religiosa; en desprecio de la democracia y de la doctrina moderna de la Iglesia, plantean imponer mediante la violencia y la sublevación (tomar las armas como los cristeros de hace un siglo) un gobierno confesional cristiano pues “un siniestro enemigo quiere destruirnos y aniquilar la fe”.
Este movimiento, patrocinado y bendecido por algunos pastores y que no ha sido desacreditado públicamente por los obispos de México, utiliza la fe católica para convocar a una guerra santa contra el socialismo, el feminismo y el lopezobradorismo, a los que considera “enemigos de la fe”. Es, formalmente, el reflejo exacto del youtuber que está siendo investigado por apología del delito e incitación a la violencia.
Y, por si fuera poco, casi todos los movimientos políticos en México pretenden instrumentalizar cierto “corporativismo religioso” para incidir en procesos electorales específicos, en el contexto de los fenómenos populistas en varias naciones democráticas.
Los partidos mexicanos no plantea convencer a la diversidad de creyentes de sus programas y plataformas; quieren acuerdos inconfesables con sus liderazgos religiosos para forzar a sus respectivas congregaciones a manifestarse en un “voto en bloque”, en un claro desprecio de la libertad individual del sufragio en conciencia.
Paradójicamente, el segundo desafío es aún más titánico porque tiene que ver con los sesgos de la IA, los motores de búsqueda y las redes sociodigitales. Prácticamente todas las instancias de investigación revelan que las tecnologías de la información reproducen, aumentan y amplifican prejuicios y exclusiones en la construcción de su diseño algorítmico: discriminación, estereotipos, racismo, xenofobia algorítmica, exclusión del sur global, sesgos socioeconómicos y demás atentados contra la dignidad humana y la búsqueda de la verdad son el pan de cada día en el tráfico informativo noticioso, educativo y cultural de nuestros tiempos.
Ofrecer opciones comunicativas no condicionadas por dichos prejuicios es casi imposible debido a que la mayoría de los comunicadores utiliza estas herramientas en sus tareas para llegar al gran público y a las audiencias digitales.
Así, los comunicadores eclesiales y católicos tienen frente a sí el mayúsculo reto de promover una ecología de la comunicación e insistir –como dice el papa León XIV en Magnifica humanitas– en que “la verdad es un bien común y no una propiedad de quienes tienen poder o visibilidad”. Y esa tarea se vislumbra difícil; más aún en nuestros tiempos.
La Iglesia católica plantea que los comunicadores están llamados a transparentar los criterios con los que se seleccionan y amplifican los contenidos en los medios, a resguardar los datos personales, a promover el debate transversal en las estructuras intermedias de la sociedad, a ejercer un periodismo serio desde la crítica argumentada y desde la verificación de datos, por encima de la reacción inmediata, la manipulación emocional o el eficientismo algorítmico.
Como plantea la propia Comisión Episcopal para la Pastoral de la Comunicación, a 50 años de su fundación en México y en medio de la celebración de su año jubilar: es necesario superar reduccionismos funcionalistas y recordar que, desde la Doctrina Social de la Iglesia, comunicar “no consiste únicamente en transmitir mensajes, sino en contribuir a la búsqueda de la verdad, promover la justicia y favorecer el encuentro entre las personas”.
*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe