Nada Personal
En días pasados pudimos ver cómo la administración Trump rompió todas las formas políticas y diplomáticas, para lograr la administración del petróleo venezolano, que cuenta con la mayor reserva del mundo, con más de 303 mil millones de barriles, ubicándose por encima de Irán, Canadá y otros países que también poseen grandes reservas de petróleo.
Coincidentemente, el petróleo venezolano es de los más pesados del mundo, por lo que es ideal para las refinerías del golfo de los Estados Unidos.
Venezuela viene de sufrir durante años un bloqueo económico —al igual que Cuba y varios países en el mundo— impuesto por Estados Unidos, lo que hacía muy complicado el florecimiento de su economía, pues aplicar la “ley del hielo” en la era moderna, cuando todo es comercio global, significa marginar a estas naciones a la pobreza y al rezago tecnológico.
También, a través del tiempo, México debió ceder a los caprichos y peticiones estadounidenses; sólo así hemos podido —en la medida de lo posible— generar riqueza interna y crecer como nación. Muchos países, en pleno siglo XXI, siguen viviendo bajo el yugo de la Unión Americana, en una especie de Tratado de Versalles moderno, pues no se les permite comerciar, tener armamento nuclear ni cualquier otro recurso que represente una “amenaza” para los intereses de esa nación.
Así fue como el mundo observará con impotencia y asombro lo ocurrido en Venezuela; sin embargo, no fue algo nuevo. Recordemos que, en el Oriente Medio, países como Irán, Irak y Afganistán, entre otros de la región, fueron invadidos bajo el pretexto de la existencia de armamento nuclear —que jamás se encontró—. Al final, el objetivo fue el mismo: saquear a esas naciones.
Nuestro vecino del norte mantiene una política muy clara: identifica países con algún grado de inestabilidad política o social, muchas veces, generada por intervención estadounidense; luego construye una causa “justa” para invadirlos o intervenirlos y, finalmente, obtiene beneficios económicos a partir de sus recursos naturales, y poder político también, al ejercer control sobre esos territorios.
Actualmente, las y los venezolanos albergan la esperanza de una mejora en sus condiciones de vida, afectadas por el bloqueo económico y por el peso de la geopolítica internacional. No obstante, esa expectativa podría verse frustrada, ya que Marco Rubio y Washington han expresado su intención de supervisar y controlar la comercialización del petróleo y los beneficios de ella derivados.
En ese contexto, se habló de una entrega cercana a los 50 millones de barriles, y para tal fin, la empresa Chevron ha enviado 11 barcos cisterna, que llevarán el crudo venezolano a destinos de comercio.
A todo esto, surge una pregunta… ¿Quiénes serán los verdaderos beneficiarios de esta intervención y de la detención de Nicolás Maduro?
Las más favorecidas serán las empresas petroleras, pues Venezuela mantenía deudas con varios países y compañías; después se beneficiarán programas gubernamentales de Estados Unidos en la región, así como programas de desarrollo tecnológico, energético y armamentista que se tenían detenidos por falta de presupuesto —recordemos que Estados Unidos es la nación más endeudada a nivel mundial—. Y lamentablemente, por último, el pueblo venezolano podría obtener algún provecho, pues está claro que Donald Trump y su gobierno tienen prioridades, y ayudar a otros pueblos jamás ha sido una de ellas.
México tiene que mostrar unidad y resiliencia ante estos hechos, pues la historia nos dice que un pueblo dividido es presa fácil de la desgracia y el oportunismo de propios y extraños. Hoy, más que nunca, sociedad y gobierno debemos avanzar con una sola fuerza, y que esta misma se encargue de defender nuestros intereses y soberanía. Hoy, más que nunca, tengo la convicción de que estamos entregando nuestro mayor esfuerzo a la nación, y desde este espacio le refrendó todo mi apoyo a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y al proyecto del Segundo Piso de la Cuarta Transformación.




