Libros de ayer y hoy
Claudia Sheinbaum lo dejó claro sin tener que declararlo como su predecesor: No voy a ser florero. No estoy de adorno. Con un golpe en la mesa, la presidenta de México obligó a Rubén Rocha Moya a dejar su cargo como gobernador de Sinaloa -por segunda ocasión-, 33 horas después de haber regresado sin consultarlo con su jefa política.
Creyó que seguía disfrutando las mieles del obradorato y que su decisión no tenía que consultarla con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez; mucho menos pasar por la aprobación de la presidenta de México.
En otros tiempos eso sería impensable. Que la presidenta se enterara por las redes sociales del mismo Rocha Moya, que había regresado a la gubernatura de Sinaloa, evidencia el desaseo del cuestionado personaje, pero también el aparente vacío de poder que muchos actores políticos dentro de Morena quieren acreditar.
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