¿Herido de muerte el INE?
Por las bocinas del taxi de mi padre se escuchaba al unísono "¡Muera el PRI, muera el PRI!" Era el color de las voces de quienes acudieron al mitin convocado por el candidato del entonces Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional y coalición de partidos a la Presidencia de 1988, ante el fraude del que había sido víctima por una "caída del sistema" de cómputo que contabilizaba los votos, a cargo del entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett (les suena).
En mi casa siempre habían sido muy grillosos; mis padres no votaron por el ingeniero, sino por Manuel Clouthier, pero el sentimiento de indignación inundaba la casa y algunas conversaciones. Yo tenía 14 años y entre tanta charla y opinión se gestó en mi una postura política.
Al ingresar al CCH todo estaba claro para mí, era de izquierda y Cardenista, algunos profesores abonaron más a ello y hasta algunos porros enquistados en el plantel eran afines al movimiento. Hasta ahí, la huella del hijo. del generalísimo, del "Tata", cómo le llamaban en su época, era como la de cualquier capitalino, hijo de clase trabajadora y alumno de escuela pública, pero al ingresar a la universidad esa convicción se enquistó aún más en mi.
Una profesora nos encargó dar seguimiento a las campañas para jefatura de gobierno de la ciudad de México, la primera en la que dejaría de ser Regencia y se elegiría a su gobernante por voto popular. Un compañero y yo elegimos seguir y entrevistar a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quién entonces contendió ya por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) Lo contactamos y por medio de un joven, aunque ya canoso Alejandro Encinas, dio seguimiento a nuestras peticiones y nos invitó a su campaña en la ciudad.
Nos citaban en la Fundación para la Democracia, de ahí partimos a distintos sitios, primero en una camioneta con su equipo, hasta que un día viajamos con él y pudimos entrevistarlo y conocerlo personalmente. Posteriormente acudimos a mitines a las entonces delegaciones Miguel Hidalgo, Azcapotzalco y Gustavo A. Madero y dimos fe desde el templete de su arrastre y carisma, pese a no ser un hombre de sonrisa fácil. Fuimos convidados a su desayuno de triunfo, una semana antes incluso de terminar las campañas pues la ventaja que le llevaba Alfredo del Mazo González (PRI) y Carlos Castillo Peraza (PAN) era irreversible y yo me estrené días después como ciudadano dando mi voto decidido al ingeniero.
Este relato es preámbulo para reconocer la aportación de quien marcó la vida política de quienes habitamos en la Ciudad de México y de la clase política que en ella habita. Y es que no se explica la realidad de la capital y el país sin la existencia del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. El avance democrático y de alguna manera la realidad política actual emanó de él, pero como ocurre hoy no es, en definitiva, la idea que tenía para México.
La ruptura que tuvo con Andrés Manuel López Obrador, después de aquella elección del 2000 donde perdiera la elección presidencial surge porque la idea política de izquierda del tabasqueño era distinta a la del fundador del PRD; mientras uno optaba por la imposición y la falta de acuerdos, el michoacano siempre privilegió el diálogo, de tal suerte que, incluso esa ruptura y desacuerdo, fue institucional, evidenciando sus diferencias.
Si bien Cuauhtémoc Cárdenas fue el origen de la ruptura del sistema hegemónico priísta y del movimiento social democrático de izquierda, el actual régimen que hoy gobierna, dista mucho de ser ese proyecto de ciudad y nación que impulsó, pero sin duda ellos no existirían sin lo hecho por el político purépecha y su legado.
Hoy día, muchos personajes de la clase política de la capital y el país son y están gracias a la lucha que impulsó en el siglo pasado el hijo del general Lázaro Cárdenas del Río. Muchas generaciones no lo sabrán actualmente, pero en los libros de historia se debe hablar y dar mayor reconocimiento a la trayectoria de un hombre que impulsó un movimiento, que generó una ruptura en un PRI viejo y desgastado, que ganó las calles, las plazas, los corazones de la gente y hoy su trascendencia es irrebatible. Porque de alguna u otra forma todos en la ciudad somos hijos políticos del ingeniero Cárdenas.
¡Hasta siempre!
J. Fabián Arellano Merino es periodista, consultor especialista en temas de comunicación institucional, pero sobre todo contador de historias