
Libros de ayer y hoy
Al hablar del voto estratégico y de la congruencia de los partidos y los sistemas de partidos, generalmente se abordan las posibilidades de alianzas para el triunfo en un distrito electoral federal, ya sea por coalición, listado o candidato. Por tanto, cabe cuestionar si el voto estratégico puede emitirse en pro de un partido político, al margen del candidato, del distrito y de que incluso al sufragar por él no se alcancen posiciones legislativas, así sean federales.
Citemos como caracterización el caso hipotético de un partido pequeño con presencia nacional al que sólo falta una mínima cantidad de votos para alcanzar el umbral que le garantizará su registro y permanencia electoral.
Para ese partido, las alianzas estratégicas estarían orientadas más que a la consecución de escaños en el Congreso Federal, o al triunfo de un candidato en particular, en conseguir el número de sufragios indispensable para garantizar su permanencia legal en la arena político-electoral.
En esta caracterización, existen dos posturas a adoptar por sus posibles aliados, que serían otros partidos políticos, el gobierno y el electorado mismo:
1.- Que otros institutos políticos o el gobierno encuentren favorable para su causa, ya sea en el corto o largo plazo, la alianza con el partido agonizante, y que el electorado considere que la presencia político-electoral del partido en vísperas de desaparecer es lo suficientemente importante como para votar a su favor y conseguir su permanencia, o
2.- Que los partidos, el gobierno y los electores consideren que el peso específico del partido por desaparecer de la arena político-electoral como alianza carezca del suficiente peso para rescatarlo de su pérdida de registro.
Para responder a esa pregunta, habrá que analizar al menos tres aspectos:
a)Las leyes y reglas tanto partidistas como legales.
b)Si afectan la asignación de otros escaños legislativos.
c)El peso del matiz ideológico.
Debemos insistir, antes de continuar, en lo atípico y poco documentados que han sido casos de este tipo, pero que debido a la mera posibilidad de ocurrir o que ya estén sucediendo, deben ser analizados para colaborar en el estudio de todas las variables que presentan, por una parte, el voto estratégico, y por la otra, la congruencia de los partidos y del sistema de partidos.
Comencemos por analizar el aspecto legal: un sistema electoral es el conjunto de leyes y normas partidistas que rigen una competencia electoral entre los partidos y dentro de ellos, nos recuerda la literatura.
Es lógico suponer que para los partidos grandes es preferible eliminar la competencia de los pequeños, primero porque se evita la fragmentación del voto, pero también porque la bolsa a repartir para el financiamiento de los que quedan aumenta. Ahora que ha comenzado la
instrumentación de ese bodrio convertido en
reforma electoral (plan B) que, no sólo
contradice la constitución, sino que es un elemento atípico que busca normalizar el teatro del absurdo en el mundo de la política y, concretamente despojar a los mexicanos de un modelo electoral que, con la reforma permanente de la democracia, ha logrado construir con el más amplio consenso elecciones libres, auténticas, periódicas y creíbles.
Nuestro modelo de democracia que, exige una efectiva división de poderes, marca el turno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para una sensata deliberación que, genere un fallo responsable al contexto de exigencia y el llamado a gritos de una sociedad dispuesta a organizarse una y otra vez para defender sus libertades y, el futuro de la democracia, nos dijo Norberto Bobbio.
Es la hora de la Corte para suspender excepcionalmente el plan B y, discutir el fondo de ese inconstitucional paquete de seis leyes, pasadas las elecciones presidenciales de 2024.
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