Una de las mayores preocupaciones en materia electoral ha sido garantizar procesos electorales de calidad, que garanticen la confianza entre los partidos políticos, los candidatos y entre la sociedad. 

Para conseguirlo, el papel de los propios organismos electorales es fundamental. No obstante, antes, en el diseño e integración de los mismos, así como en los factores contextuales de cada país, está en gran medida la explicación de por qué en algunas naciones hay un mayor grado de confianza que en otros.

En el caso particular de América Latina, hay que partir de dos referentes contextuales ineludibles, que tienen que ver con la alternancia entre gobiernos autoritarios, unipersonales, regímenes militares, así como incipientes experiencias en el camino hacia la democracia.

A partir de estas experiencias disímbolas es como se ha forjado la cultura política de nuestras sociedades, así como la percepción que en general de las instituciones éstas tienen, y en lo particular de los órganos electorales.

La identificación de los fenómenos, los diseños institucionales y las estrategias tendientes a evitar tanto la conflictividad poselectoral, como la conformidad con el resultado de los comicios lo mismo entre los competidores como con el respeto a la voluntad ciudadana expresada mediante el sufragio, ha sido una tarea sistematizada que arroja luces sobre el camino que hay que seguir para garantizar la credibilidad en los resultados.

Esto es de singular importancia, no sólo porque impacta en la clasificación de países consolidando sus democracias, sino porque eventualmente también impacta en su gobernabilidad y el mejoramiento integral de sus instituciones.

En las investigaciones realizadas, se han buscado esos factores que permiten identificar a países con instituciones y procesos electorales confiables y que se encaminan a la democracia.

Un método utilizado para medir el grado de confianza en las elecciones es el denominado análisis booleano. Este tipo de procedimiento permite comparar un número reducido de casos con la intención de identificar pautas causales de ciertos fenómenos.

Se parte del peso del diseño institucional de los organismos electorales, y existe plena coincidencia en que éste debe enfocarse en la especialización y autonomía.

Particularmente el referente ineludible es el de la autonomía, que de acuerdo con estos estudios se puede medir por la ausencia de intromisiones en el ejercicio de sus funciones y decisiones, sin que intervengan otros organismos de orden administrativo, judicial,  o tribunales constitucionales. También se considera marginar todo peso en sus decisiones de los partidos políticos.

El tema de la confianza comienza incluso con la designación de los representantes de los organismos electorales, en los que se da la preeminencia del partido mayoritario, o un sistema de cuotas entre los institutos políticos vía los Congresos, o su incrustación en los órganos judiciales.

Se ha dicho también que el grado de profesionalismo y especialización es un referente fundamental, al margen de las preferencias ideológico-políticas que tenga cada uno de los integrantes de los órganos electorales.

El mecanismo de análisis para explicar la confianza que se da en los países en torno a sus órganos electorales contempla factores contextuales, que son clasificados en varias vertientes.

Influye el contexto político electoral de cada país, con factores tales como la competitividad electoral entre los partidos políticos que participan en alguna elección.

Se parte del hecho de que a mayor competitividad en los procesos comiciales, con resultados cerrados, se generarán conflictos poselectorales en el peor de los casos, pero que en el del funcionamiento ordenado de lo electoral generaría un mayor número de litigios, que se resolverían mediante la gobernanza electoral, entendida como la forma como el conflicto es canalizado por la vía institucional.

Otro de los factores que interviene en la confianza en los órganos electorales es la polarización parlamentaria ponderada, porque entre mayores y extremas sean las tendencias ideológicas, impactará en la valoración de las instituciones, ya sea por su propia visión de ellas, radicalizada, o porque se siente en desventaja porque las considera a favor del régimen, y porque incluso se utiliza como estrategia propagandística.

También influye como factor la volatilidad electoral, en el entendido de que la tendencia a la baja de este fenómeno genera efectos positivos sobre la confianza en los actores, con partidos institucionalizados y órganos electorales permanentes.

Asimismo, se somete a análisis la confianza en las instituciones, dado que si es negativa en general con respecto a todas, arrastrará a las electorales, plagadas todas por la desconfianza.

Otro factor que influye de manera significativa es la cultura política de cada país, en la que se considera la experiencia democrática, dependiente del mayor o menor número de años en que haya funcionado exitosamente.

Todos estos elementos son valorados en una tabla de Verdad y evaluados para medir su influencia en los grados de confianza tanto entre actores de los comicios como de la sociedad.

El resultado de los análisis por lo general da un gran peso al diseño institucional, lo mismo que al grado de autonomía de quienes integran los órganos electorales, más allá incluso de los referentes de profesionalización, sin descontar el peso del resto de los elementos.

Toda la elite del poder (económica, cultural, política y militar) debiera considerar la importancia del diseño institucional y la autonomía de los órganos electorales (administrativos y jurisdiccionales) a fin canalizar el conflicto derivado de la competitividad entre actores y partidos por las elecciones mexicanas de 2021, a través de la gobernanza electoral que, deriva del arreglo constitucional y no de normas y certificaciones y eufemismos de la elite política mexicana, cuando no puede controlar al órgano autónomo constitucional y organizador de los comicios en México.

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