
Libros der ayer y hoy
El Extraño Arte de Postergar
El término en inglés es procastinate, que en nuestro idioma significa aplazar, postergar o demorar la responsabilidad. En ese “deporte” si se tratara de unos Juegos Olímpicos seríamos merecedores de medalla de oro.
En alguna ocasión cité a unas personas en mi oficina a las 12 en punto. A las 12:15 una llamada de ellos me explicaba que debido a un tránsito tremendo no llegarían puntualmente y solicitaron que los recibiera un poco más tarde.
Cuando a las 12 con 50 minutos arribaron, agradecieron que los recibiera y reiteraron el tránsito desquiciado de la Ciudad de México.
Les aclaré que tenía otro compromiso fuera de la oficina y por ello les dedicaría menos tiempo. Insistieron en lo imposible de circular en la Ciudad y justificarse por haber llegado tarde.
Cuando incursioné en el mundo de las ventas, un instructor nos compartió una frase que se las hice extensiva a ellos: -¿saben cuál es la diferencia entre las personas que tienen éxito y las que no lo tienen? Respondieron que no.
-Pues la respuesta es muy simple: quien tiene éxito no tiene pretextos y quien no lo tiene dispone de muchas excusas.
Mi respuesta provocó desconcierto en ellos, risa nerviosa y evidente pena, pero el mensaje llegó efectivamente. Para disminuir la tensión les dije que qué bueno que ya estaban ahí y lo mejor era aprovechar el tiempo en exponer la propuesta publicitaria que llevaban.
Como ésta hay infinidad de situaciones de impuntualidad y de justificaciones por incurrir en ello. En realidad es también un problema de falta de respeto al tiempo del otro y, peor aún, de autorrespeto.
Aunque no lo pretenda uno, la imagen proyectada por la persona informal envía un mensaje de alerta para no hacer negocio con quien no cumple con su primer compromiso de llegar a tiempo.
Es cierto que vivimos en una ciudad caótica, pero siempre, o casi siempre, es posible prever cumplir en la primera cita. Si uno como cliente necesita el producto o servicio de una compañía lo adquirirá con quien nos dé la certeza de cumplir en tiempo y forma y la primera señal es ser puntual.
Ya lo dijo el escritor y político español Gaspar Melchor de Jovellanos: “Sólo le falta tiempo a quien no sabe aprovecharlo” Al referirse al pretexto usual de falta de tiempo, el también poeta y dramaturgo destaca que quien es ordenado hará todo lo necesario durante el día, pues quien argumenta además, caos, problemas de tránsito, enfermedad o cualquier otra justificación sólo hace más evidente su desorganización.
Dos términos son clave para dejar de procastinar y dejar de echarle la culpa a factores externos: conciencia y responsabilidad personal. La primera consiste en saber lo que sucede alrededor de uno, de nuestras acciones y la posibilidad de abrirse a modificar los errores de procedimiento; la responsabilidad viene con la capacidad de elección y ambas son dos cualidades cruciales para el rendimiento en cualquier actividad.
Para conciencia y responsabilidad funcionen se requiere de una mente abierta a la autocrítica y al cambio. Como diría Albert Einstein: la mente es como el paracaídas; sólo funciona cuando está abierto. Yo, sin ser técnico de la NASA, les garantizo que si se tiran de un rascacielos sin abrir el paracaídas se estrellarán irremediablemente.