
Libros der ayer y hoy
A Francisco García Davish con afecto.
Deja ir a las personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente. Dalai Lama
Una de las mejores alternativas para sobreponerse a situaciones dolorosas y de ausencia es el encuentro con el silencio y nuestro diálogo interno. Es en nosotros donde están los problemas y también las soluciones.
Es una oportunidad de poner en práctica nuestra espiritualidad, que no es otra cosa que hablar menos y hacer más. Ahí se descubre la elocuencia del silencio que, muchas veces, tiene más respuestas que miles de palabras.
Como diría el Dalai Lama, la paz viene del interior. De ahí la importancia de cuidar nuestro diálogo personal, pues lo que salga de nosotros es lo que recibiremos. La cuestión es preguntarse qué quiero. Si lo que deseo es paz, restructurarme, recuperar mi felicidad, entonces es importante definir cómo asumo mi reencuentro con esos beneficios.
Alguien cuyo nombre no recuerdo enunció un principio que es fundamental: “hay dos grandes días en la vida de una persona: el día que nace y el día en que descubre para qué” No hay más, y es un momento de decisión. ¿Elijo ser feliz y cumplir mi propósito en esta tierra, o escojo ser miserable y actuar en consecuencia?
A fin de cuentas esta vida es como el menú de un restaurante. Se puede pedir todo lo que se deseé, pero también se asume la obligación de pagar el precio. En el restaurante la cuenta la presenta oportunamente el mesero; con nuestras acciones y elecciones, la cuenta se presenta antes de trascender hacia otro plano…¡y hay que pagar irremediablemente!
Por ello, ante el riesgo y oportunidad que brinda la vida en materia de aventura, atrevimiento, pasión y nuevas alternativas que no se detienen y probablemente no se presentarán de nuevo es mejor elegir vivir aquí y ahora en las mejores condiciones posibles. El pasado ya se fue; el futuro aún no llega y el presente, como su nombre lo indica, es un regalo muy valioso.
Desafortunadamente a muchos no nos gusta reconocer que nuestra felicidad está basada en elecciones y siempre responsabilizamos a otros o a determinadas situaciones de nuestro malestar, cuando en vez de delegar deberíamos asumir que nuestra felicidad no es una meta, sino la actitud con que recorremos el camino de la vida.
De hecho, la felicidad se manifiesta y alcanza cuando lo que pensamos, decimos y hacemos están en armonía. Es tan fácil, y lo hacemos tan complicado, darnos cuenta que la calidad de nuestra vida no es otra cosa que la manifestación de nuestros pensamientos. Buda lo expresó en su momento de manera clara, breve y precisa: “La mente es todo. Lo que piensas es en lo que te conviertes”
Entonces, a ser felices porque se nos pega la gana, hacer lo que queremos, con una sola condición: no pises a nadie.