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CIUDAD DE MÉXICO, 18 de febrero de 2026.- El melanoma acral es un cáncer de piel manifestado como una mancha irregular y oscura en palmas de manos, plantas de pies y bajo las uñas. En México la mitad de los diagnósticos de melanoma son de ese tipo.
Aún se ignora demasiado al respecto, pero Patricia Basurto Lozada, Carla Daniela Robles Espinosa y su equipo del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH) de la UNAM, están cambiando el panorama con un estudio que inició hace una década.
“Desconocemos sus causas y por ello este padecimiento no cuenta con tratamientos específicos. Se le ha investigado poco porque en Europa y Estados Unidos se considera raro por su baja incidencia”, señaló Patricia Basurto, doctorante en Ciencias Biológicas.
A decir de Daniela Robles, coordinadora del LIIGH, se halló que uno de los genes principales que muta y favorece el desarrollo del tumor varía según la ascendencia o ancestría de la persona (europea, amerindia, africana, entre otras). Ello es clave para entender por qué la mayoría de las y los pacientes mexicanos no se benefician de las terapias existentes.
El trabajo Ancestry and somatic profile indicate acral melanoma origin and prognosis, publicado en la revista Nature, se realizó en conjunto con los institutos nacionales de Cancerología (INCAN) y de Medicina Genómica de México; el Instituto Nacional de Cáncer de Brasil; el Instituto Wellcome Sanger (Cambridge, Inglaterra) y las universidades de Utah y Oxford.
“La colaboración potenció algo que en las instituciones solas hubiera tardado años. El agrupamiento de personas y mentes facilitó el desarrollo del estudio”, indicó Héctor Martínez Saíd, subdirector de cirugía en el INCAN.
Es un tipo de cáncer de piel originado en las células que la pigmentan (melanocitos). “De los cuatro subtipos principales, el de diseminación superficial y lentigo maligno (causados por la exposición a radiación ultravioleta del Sol) son los más comunes en países anglosajones de Europa, Estados Unidos y Australia. En México, con una incidencia de entre tres mil y tres mil 500 nuevos diagnósticos de melanomas al año, la mitad son acrales”, detalló Héctor Martínez.
Investigaciones del INCAN muestran que este subtipo tiende a presentarse en un estadio más avanzado y a una profundidad mayor en comparación con los otros, lo que conlleva un pronóstico malo en las personas afectadas.
El tratamiento de cualquier melanoma depende de en qué etapa clínica se encuentre. “En fase temprana solo requiere cirugía para removerlo y, en ocasiones, se extraen los ganglios afectados. Si está avanzado o hay metástasis, se buscan las expresiones genéticas para saber si la persona es candidata a tratamientos como inhibidores de BRAF o inmunoterapia”.
La falta de conocimiento sobre los genes mutados en el melanoma acral en población mexicana, en específico, deriva en que no existan estrategias terapéuticas adecuadas. “Por eso, en 2016 surge la necesidad de hacer un estudio genómico con pacientes de nuestro país y dirigido por instituciones nacionales”, planteó Daniela Robles.
Patricia Basurto agregó que ello es importante, pues las pocas indagaciones sobre el tema se han realizado, principalmente, en poblaciones europeas y estadounidenses, donde estos tumores representan una minoría de los casos de melanoma.
Para este trabajo (y en colaboración con el INCAN) se reclutó a 92 individuos con diagnóstico de melanoma acral quienes aceptaron donar muestras de su tumor, las cuales se procesaron con tejido sano. Estas se secuenciaron, a fin de obtener información del genoma que les permitió analizar e identificar las mutaciones en el ADN de los tumores.
El primer hallazgo relevante demostró una relación entre el gen mutado y la ancestría de la persona. A decir de las investigadoras, la población mexicana es compleja, pues sus genomas se componen de diversos orígenes. “Tenemos, primordialmente, ascendencia amerindia, europea y un componente pequeño de africana”, señaló la coordinadora del LIIGH.
A su vez, la doctorante añadió que en la totalidad de las y los pacientes observaron proporciones variables de ascendencias europeas y amerindias, y en casi todos identificaron africana. “En la mayoría, más del 50 por ciento de su genoma es amerindio”.
A partir de esa explicación, Robles Espinosa expuso que quienes tenían más proporción europea presentaron mayor frecuencia de mutaciones en el gen BRAF, mientras que en aquellas personas con alta ascendencia amerindia u otras, las mutaciones ocurrieron en otros genes, como en KIT.




