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Desatada la corrupción en la 4 T
En México, la corrupción se mantiene como un cáncer que corroe las estructuras del poder público. En el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, se fortaleció como el lubricante que aceitó el engranaje gubernamental y en el primer año del sexenio de Claudia Sheinbaum Pardo las cosas no cambiaron.
La lectura del Anuario de la Corrupción 2025: El primer Año de Claudia Sheinbaum, elaborado por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), da cuenta de este fenómeno, en base a una extensa investigación de la organización no gubernamental, presidida por María Amparo Casar, quien ha sido perseguida y presionada de diversas maneras, de manera muy especial, por las administraciones de la auto llamada Cuarta Transformación.
En este Anuario de la Corrupción del primer año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, MCCI identificó 51 casos relevantes que se publicaron entre los meses de octubre de 2024 y 2025.
Ese fue recuento atípico, dado que un porcentaje mayoritario de las investigaciones que han salido a la luz ese año corresponden a gobiernos del pasado: 24 son esquemas que sucedieron en el sexenio de López Obrador (el 47%), mientras que 5 fueron sobre el periodo de Peña Nieto (10%) y 21 casos ocurrieron durante el gobierno de la actual presidenta (41%). Por último, hay un caso especial que ha ocurrido de manera continua y atraviesa los dos periodos de gobiernos morenistas: el huachicol fiscal.
La investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad hace referencia sustancialmente a los casos detectados entre octubre de 2024 y octubre de 2025, correspondientes al primer año de gobierno de Sheinbaum Pardo. En ese periodo, 45 casos correspondieron a corrupción registrada en los gobiernos de López Obrador y de la misma presidenta y 5, una proporción mucho menor, a corruptelas descubiertas, pero que fueron cometidas en el gobierno de Enrique Peña Nieto.
La fórmula de prometer acabar con los esquemas de corrupción del pasado y no hacer nada respecto a los de su gobierno le resultó muy efectiva a López Obrador. Su principal estrategia fue la de una campaña de comunicación permanente que recordaba el pasado corrupto del “PRIAN” y la “honestidad valiente” de la 4T.
Para Sheinbaum, es mucho más difícil la opción de seguir escondiendo la corrupción propia y la del pasado a través de una narrativa que hace agua por todos lados. Además, casi la mitad de los actos y redes de corrupción que se han revelado en su primer año de gobierno ya no tocan a sus adversarios de “la época neoliberal”, sino a su antecesor, señala MCCI.
Investigar la corrupción “tope donde tope” la llevaría a enfrentarse con un importante grupo de funcionarios, políticos y otros actores que mantienen fuertes vínculos con su administración, con integrantes de su propio gabinete. Además, la corrupción también está creciendo dentro de su administración con formas y nombres propios nuevos, como muestran 4 de cada 10 casos recopilados en ese anuario.
A diferencia de los anuarios de años previos, elaborados por la ONG, en esta ocasión la gran diversidad entre los 51 escándalos de corrupción que documentó MCCI, los llevó a agregarlos a partir del tipo delictivo que presumiblemente se configura.
HUACHICOL FISCAL, DE LOS CASOS MÁS GRAVES
De acuerdo con diferentes estimaciones, con el mecanismo de huachicol fiscal, el Estado mexicano ha perdido alrededor de 200 mil millones de pesos al año. Como punto de comparación, el caso de corrupción conocido como La Estafa Maestra implicó desvíos por al menos 7 mil millones de pesos, mientras que las irregularidades en SEGALMEX alcanzaron más de 15 mil millones de pesos. En este caso estamos ante un esquema que supera más de 10 veces el daño a la hacienda pública del que fuera el episodio más grande del sexenio de López Obrador, indica MCCI.
Hace ocho años, López Obrador ganó las elecciones presidenciales gracias a la promesa de acabar con la corrupción y la impunidad en México. Fueron muchos los modus operandi y beneficiarios que mostraron la corrupción sistémica del régimen durante el gobierno de Peña Nieto y que indignaron a la ciudadanía.
El sexenio de López Obrador no se quedó atrás, probablemente lo superó. La corrupción no terminó. La impunidad, tampoco. Más allá de las palabras, no hubo ninguna clase de política pública contra la corrupción y la impunidad. Apenas nueve meses después de haber llegado al gobierno, el presidente López Obrador mostró un pañuelo blanco y decretó que la corrupción “se había acabado”. Pero la realidad era otra.
El primer caso de una empresa fantasma recibiendo contratos con la autodenominada Cuarta Transformación se documentó tan pronto como en abril de 2019 y, a partir de ahí, las investigaciones sobre las ilegalidades, actos de corrupción e irregularidades del gobierno comenzaron a apilarse, así como el manto de impunidad sobre sus responsables.
Entre 2019 y 2024, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad publicó un recuento anual de los principales casos de corrupción que diversos medios y organizaciones revelaron año con año, en un ejercicio que denominó el Anuario de la Corrupción. Aunque la gran mayoría de casos fueron descalificados por el gobierno, con el tiempo fue imposible negar su existencia. En total, se registraron 183 casos importantes de corrupción en el sexenio que corrió de 2018 a 2024. La corrupción se mantuvo y los pactos de impunidad también.
Los 51 casos que documentó MCCI en el Anuario de la Corrupción son los principales escándalos e investigaciones que han salido a la luz durante el primer año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. A diferencia de lo que sucedió en el primer año de su antecesor, las dimensiones y multiplicidad de casos impiden al gobierno repetir la estrategia de negar y esquivar todas las acusaciones, pues las evidencias documentales de la corrupción del pasado y del presente se acumulan a un ritmo acelerado.
El gran número de casos de corrupción detectados en México hace imposible analizarlos todos en un solo artículo, lo que obliga al columnista a referirse a ellos en posteriores comentarios.
Durante los últimos años el combate a la corrupción se convirtió en una estrategia discursiva muy poderosa. La falta de articulación en una verdadera política pública y la impunidad para los implicados leales al régimen terminaron convirtiéndola en un discurso vacío, señala el análisis de MCCI.
Y enfatiza: “La verdadera pregunta es ¿qué hará la presidenta al respecto?, pues la estrategia del gobierno anterior de creer que la corrupción podía combatirse sólo con buenas intenciones y barriendo las escaleras de arriba para abajo, ha mostrado resultados nulos. Adicionalmente, ha venido creciendo la presión por parte de las autoridades estadounidenses, cuyas instituciones siguen persiguiendo e investigando los posibles vínculos transnacionales entre el crimen organizado y la política en México”.
Esto último, opino yo, debe ser muy tomado en cuenta por el gobierno mexicano, si es que no quiere seguirse poniendo en la mira de la Casa Blanca. Veremos qué pasa.