
Libros de ayer y hoy
Secuestros de mentiras
En julio de 2015, el comediante Adrián Uribe fue despertado a las seis de la mañana por una llamada telefónica en su cuarto de un hotel de Tijuana, en donde realizaba una presentación. Del otro lado, un desconocido le avisaba que tenía secuestrado a un integrante de su staff de trabajo.
Adormilado, el actor en un principio no se dio cuenta de lo que sucedía y de manera automática respondía al desconocido que hablaba de manera amenazante.
«Tenemos con nosotros a una gente de tu equipo y al gerente del hotel, que tú conoces, si no nos das 150 mil pesos por cada uno de ellos, ahorita los matamos”, gritoneó el hombre al otro lado del teléfono.
Inmediatamente, Uribe escuchó a un hombre que identificó como uno de sus colaboradores, quien dijo encontrarse secuestrado por una banda de delincuentes.
«Estoy ahora bien, me tienen en una camioneta, pero me van a matar si no les das el dinero que pidieron. Por favor, ayúdame”, fue el grito de desesperación del ‘amigo’ del comediante.
A esta petición, siguieron siete horas de angustia para Adrián Uribe, quien dudó por algunos momentos de que la llamada fuera cierta, pero quien también tenía miedo de que los delincuentes fueran a buscarlo a su habitación.
«Obviamente sabemos en qué cuarto te encuentras y si no das instrucciones para que depositen el dinero, vamos por ti y no intentes denunciarnos, porque el teléfono está intervenido y sabremos que lo hiciste», le dijo el desconocido.
El temor invadió a Uribe, si no depositaba el dinero matarían a su colaborador y de pasada al gerente del hotel, pero si lo hacía y no era cierto, estaría perdiendo 300 mil pesos de un plumazo, pero el peor de los terrores fue saber que lo tenían ubicado, porque habían llamado directamente a su habitación e imaginaba que si demoraba mucho en cualquier momento podían secuestrarlo a él.
Finalmente, giró las instrucciones necesarias para que fueran depositados 300 mil pesos en la cuenta bancaria que le había señalado el desconocido.
Horas después se dio cuenta que su amigo, supuestamente privado de su libertad, estaba a salvo en otro lugar al cual jamás pudo comunicarse Uribe. Todo había sido un engaño en el que él había caído, a pesar de que pensó que esa era una posibilidad. El miedo le había ganado.
Adrián fue víctima de un secuestro virtual, que en los últimos años se ha convertido en un delito de ‘moda’, de acuerdo a las autoridades policiacas de México.
Para la víctima, el secuestro vital inicia con una llamada telefónica en la que se le amenaza y se la asegura que una persona conocida de él, comúnmente un familiar o un amigo cercano, ha sido privado de la libertad y se exige dinero porque no se le haga daño.
Los ‘secuestradores’ investigan todo lo relacionado con la víctima, nombres de familiares, estatus económico, horarios de traslado de parientes y amigos, sitios frecuentados.
Los hampones saben en qué momento el supuesto secuestrado está ilocalizable, de tal manera que cuando la persona amenazada trata de ubicarla, no la encuentra, lo que hace totalmente creíble el plagio ante los ojos de la víctima.
Cada vez son más frecuentes los llamados que se reciben en teléfonos fijos o celulares en los que se escuchan gritos de niños, mujeres, hombres o ancianos, que claman que se pague el ‘rescate’ para que no los asesinen.
Desgraciadamente, las personas estafadas caen en el pánico como sucedió en el caso de Adrián Uribe y acaban cediendo a las exigencias de los delincuentes.
Comúnmente el secuestro virtual termina cuando la persona amenazada deposita dinero en la cuenta bancaria que le indican.
Sin embargo, existe una modalidad más agresiva que se produce cuando los maleantes citan en un lugar a la persona contactada telefónicamente, con el fin de que pague físicamente lo convenido, situación que es aprovechada por los hampones para secuestrar en realidad a quien cede a sus presiones.
El secuestro virtual puede evitarse si usted sigue instrucciones recomendadas por las autoridades, entre las que se encuentran mantener la calma, ante todo.
La persona contactada debe tratar de comunicarse con el familiar aparentemente secuestrado, pero no desesperarse si no lo encuentra en los primeros intentos, sino acudir a un familiar para que lo apoye en la búsqueda hasta localizarlo.
Recuerde que los delincuentes aprovecharán mejor la oportunidad, mientras usted caiga en pánico. Así que, ante todo, mantenga la tranquilidad, por muy difícil que parezca.