
Libros der ayer y hoy
El desfile del ardor y el acarreo
Que penosa es la existencia de un presidente más preocupado en demostrar que puede movilizar a multitudes, con el acarreo oficial por supuesto (así lo logra cualquiera), que en resolver tantos problemas nacionales.
Que lastimero que un presidente, al finalizar el cuarto año de su gobierno, pretenda demostrar que puede llenar el zócalo de la Ciudad de México, símbolo emblemático del país, como si se tratara de un candidato en campaña y no de un presidente responsable.
Andrés Manuel López Obrador es el presidente de la división de los mexicanos, no de la unidad.
Andrés Manuel López Obrador es el presidente el encono y no de la tranquilidad que se requiere para gobernar.
Andrés Manuel López Obrador es el presidente de la represión verbal y no de la aceptación de los diversos puntos de vista de los mexicanos.
Andrés Manuel López Obrador es el presidente del sectarismo, disfrazado de la mentira de trabajar en favor de los pobres, cuando en este sexenio se sumaron otros 4 millones de mexicanos a la pobreza.
Su conducta, casi compulsiva, de insultos, fue bien definida hace años, cuando López Obrador era presidente del PRD, por una de sus correligionarias, Ruth Zavaleta, quien lo definió como un “busca pleitos de taberna”, por su manera tan agresiva de fustigar a quien no aceptara lo que él dijera en ese partido.
Pero el problema, sumamente grave, es que López Obrador no es el presidente de un partido, sino el presidente de la República, que debería actuar con tranquilidad, incluso ante quienes no comparten sus puntos de vista, sean ciudadanos, políticos de oposición o de su mismo partido.
El senador Ricardo Monreal, una voz mesurada dentro de Morena, ha sido objeto de una campaña de linchamiento, a todas luces orquestada desde Palacio Nacional, pero operada por una muy desprestigiada política, como lo es Layda Sansores, gobernadora de Campeche.
López Obrador es totalmente intolerante y es un caso que, en su momento, cuando existan las condiciones políticas, seguramente será analizado por psiquiatras y psicólogos. La intolerancia y la agresividad hacia quienes no comparten los mismos puntos de vista, se ubican en diferentes trastornos, de acuerdo con la literatura médica.
Que deplorable que hasta deba mentir en los propósitos para realizar la “marcha” a la cual convocó el próximo domingo, haciendo creer que hizo una consulta y fueron “muchos” los que lo apoyaron en la realización de la movilización en donde “informará” sobre el estado de la nación al cierre del cuatro año de gobierno. Hasta en eso miente.
La marcha efectuada en 50 ciudades del país y 20 del extranjero por ciudadanos libres que acudieron a la convocatoria de organizaciones sociales para manifestarse en contra de la reforma electoral propuesta por AMLO y en defensa del INE, hicieron montar en cólera al mandatario, a tal grado de que a diario despotrica con insultos hacia los participantes.
En Palacio Nacional, López Obrador hizo tronar la voz a su gabinete cuando se percató de que su principal enclave político, dejó de serlo, las fotografías y videos de los manifestantes llenando desde la fuente de la Diana Cazadora, hasta el Monumento a la Revolución, lo hicieron enojar.
Él supo que la retaguardia de la manifestación en defensa del Instituto Nacional Electoral no había aún salido de la Diana, cuando la vanguardia ya había llegado a su destino en la Plaza de la República. De acuerdo con satélites de Google Maps, esa multitud estaba conformada por más de 800 mil personas y no por la risible cifra de 12 mil personas que dio a conocer el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, Martí Batres, ni por el ajuste en los números de entre 60 mil o 65 mil asistentes, que quiso enmendar, sin lograrlo, su jefa, Claudia Sheinbaum.
Los resultados de las elecciones intermedias de 2021, en las que la alianza opositora ganó 9 de 16 alcaldías de la Ciudad de México, es la demostración más exacta de la condena que existe hacia la manera de gobernar de Morena en la capital del país.
Por eso la urgencia de AMLO, de demostrar que su gobierno tiene fuerza para movilizar a gente a la ciudad de México con gente acarreada de otros estados y este domingo los medios de comunicación, a la par de las fotos de las multitudes, también publicarán las imágenes de los autobuses que las acarrearon.
López Obrador claro que llenará de sobra el zócalo de la CDMX, dispone de todo el presupuesto del Gobierno Federal y de las alcaldías dominadas por Morena. También tiene el dinero de los gobiernos estatales morenistas para que le manden gente. En el acarreo de gente la izquierda es sobresaliente.
Sin embargo, en este desfile de apoyadores, pensado por López Obrador, ordenado por él, que él encabezará y en el que él será el único orador, faltará realmente la participación genuina de la gente, como lo fue en la marcha en defensa del INE. Sí habrá gente que acuda al llamado de su amo por convicción, pero serán los más lo que hagan por órdenes recibidas.
AMLO dijo que era diferente a los demás presidentes, pero no lo es, tiene en su sangre el ADN del PRI populista, mesiánico, manipulador, del cual salió, y no le importa el uso del presupuesto público para colmar su monumental e insaciable ego. Tal como alguna vez lo definiera Ruth Zavaleta, no ha dejado de ser un “busca pleitos de taberna”, al que no le gusta que lo contradigan, cuando podría ser un presidente con otra altura de miras, por el bien del país.