
De frente y de perfil
Son pocas las naciones del mundo que eligen los jueces por voto popular. Uno de esos países es Bolivia, en donde los magistrados torcieron la ley para permitir que Evo Morales fuera varias veces presidente. México debe verse en ese espejo con mucho cuidado.
Suena muy “democrático” que “el pueblo bueno y sabio” pueda elegir a magistrados y jueces, pero esta situación encierra muchas trampas y un gran peligro para nuestro país. Se corre el riesgo de que no se elija a las personas más capaces y con experiencia y honradez probadas, sino a quienes obedezcan los mandatos de grupos criminales, económicos y políticos poderosos.
Veamos que sucedió en el caso de Bolivia. El 22 de enero de 2006, Evo Morales asumió el cargo como presidente, después de elecciones, en las que ganó holgadamente. En 2009 se promulgó una nueva Constitución que introdujo la reelección y la “refundación” de la República de Bolivia, de tal suerte que, en ese mismo año, Morales se pudo reelegir para un segundo periodo.
Evo ya le había agarrado cariño a la silla presidencial y fue inventando fórmulas para mantenerse en el poder. Se postuló para un tercer mandato en los comicios de 2014 y ganó nuevamente, alegando que su primer periodo, de 2006 no contaba, porque se trataba de la vieja república. Así de absurdo.
Luego convocó a un referéndum constitucional para poder postularse a un cuarto periodo presidencial, de 2019 a 2025. Volvió nuevamente a ganar los comicios, pero el 21 de octubre de 2019, el candidato opositor a la presidencia de Bolivia, Carlos Mesa, alertó de que “le están robando al pueblo en un acto vergonzoso”.
Morales y el vicepresidente, Álvaro García Linera, renunciaron el domingo 10 de noviembre de 2019 a sus cargos, después de una grave crisis política, al conocerse el informe de los inspectores de la Organización de Estados Americanos (OEA), que demostraba el fraude electoral, cometido en las elecciones del 20 de octubre de 2019, por el propio gobierno de Evo.
El 11 de noviembre de 2019, Morales aceptó el asilo político ofrecido por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Un día después, llegó a la Ciudad de México. El 2 de junio pasado, fue invitado por Morena para participar como observador en las elecciones en nuestro país.
EN BOLIVIA, EL PUEBLO NO ELIGIÓ REALMENTE JUECES
Los magistrados no fueron realmente electos por el pueblo boliviano, sino propuestos por el gobierno de Evo Morales y permitieron esta serie de atrocidades, que llevaron a Morales a reelegirse una y otra vez, bajo el alegato de que la “reelección es un derecho humano”.
Bolivia elige desde hace 13 años a las cúpulas de la Corte Suprema de la Nación, al consejo de la Judicatura, al tribunal Agro Ambiental y el Tribunal Constitucional, en elecciones como las que realizó México el 2 de junio.
En 2011 empezó este proceso con las primeras elecciones judiciales y posteriormente en 2017. La reforma electoral en Bolivia ha sido un completo fracaso, de acuerdo con los propios ciudadanos de ese país.
En 2011, 60 por ciento de los electores dejaron en blanco las boletas o las anularon. Lo mismo sucedió en 2017 con un porcentaje mayor, el 66 por ciento, o sea, siete de cada diez electores bolivianos rechazaron la posibilidad de elegir a magistrados y jueces.
A pesar de que esa reforma fue introducida por una nueva Constitución, la razón de ese rechazo fue que los bolivianos no eligieron a nadie, porqué en la boleta ya venían los nombres de los candidatos a ser jueces y magistrados, que previamente habían sido preseleccionados por el partido oficial.
La norma en Bolivia señala que el Congreso, es decir la asamblea legislativa, preselecciona a los precandidatos y en 2011 y 2017 el partido de Evo Morales tenía una mayoría calificada de las dos terceras partes del Congreso (como muy probablemente ocurra con Morena en México) y confeccionaron la lista de aspirantes.
Con ello, todos los aspirantes a ser votados como jueces y magistrados eran afines al partido de Evo Morales y, como seguramente pasará en nuestro país, todos ellos sabían que le debían sus puestos, no al voto de los ciudadanos, porqué hubo un gran abstencionismo, sino a la decisión de la bancada mayoritaria, que obedecía exclusivamente a Evo Morales.
Los bolivianos se dieron cuenta que no se trataba de una elección propiamente dicha, sino que lo único que hacían era ratificar una decisión tomada de antemano por Morales, para que fueran elegidos sus jueces, sin tener otra opción diferente.
En entrevista con la cadena noticiosa CNN, Rafael Archondo, periodista boliviano, señaló que, a diferencia de las elecciones de candidatos a puestos de elección popular, en las que los políticos se comprometen a cumplir promesas de campaña, los jueces no son amigos de los ciudadanos, ni quieren tener un nivel de popularidad alto, como los políticos, sino que deben aplicar imparcialmente la ley.
Incluso el mejor juez puede ser la persona más antipática que se conozca, porque precisamente está aplicando la ley, sancionando delitos.
Pero en Bolivia se prohibieron las campañas de jueces y magistrados. Quienes estaban en la boleta, no podían hacer campaña ni tocar la puerta, ni recorrer las calles en búsqueda de un voto, situación que no está asegurada para México, en donde podremos ver a togados pidiendo el voto de la ciudadanía.
Un agravante fue que nadie conocía a los aspirantes y se entró en una profunda contradicción, pues de que sirve el voto popular, si no está bien informado y no hay posibilidad de un debate y una confrontación entre los aspirantes.
En su entrevista con la cadena estadounidense, Archondo manifestó: “la pregunta es si la justicia tiene que electoralizarse. Mi reflexión sería que, si sólo ha sucedido en Bolivia, a lo largo de tantos siglos de historia en las sociedades, debe haber razones de peso para que no haya ocurrido en otros países”.
Y la reflexión del periodista en verdad preocupa, porqué precisamente México seguirá el mismo camino fallido de Bolivia para que el pueblo falsamente elija a candidatos, seguramente propuestos por Morena, que avalen todo lo que ese partido proponga, sin que los ciudadanos tengan defensa alguna.
En el caso de México es importante tomar en cuenta la experiencia de Bolivia, porqué ya se puede evaluar lo que sucedió en esa nación, pues sería lamentable que nuestro país tropezara con la misma piedra.
De la misma manera, nadie podrá evitar que grupos económicos poderosos e incluso el narco, puedan promover a jueces y magistrados que otorguen laudos en su favor. Los magistrados no observarán el respeto de las leyes, sino que deberán sus puestos a quienes los apoyaron para ganar ese cargo.
Y si fuera poco, el país puede entrar en el peor escenario si, continuando el ejemplo boliviano, se cae en la tentación de torcer la ley, a fin de que el poder presidencial sea permanente para quien se siente en la gran silla.