Presa entre hombres

La octava grabada en piedra sobre la puerta principal de la temible cárcel de La Acordada, inaugurada un día como hoy, 14 de febrero de 1781, en plena Época Colonial, en la Ciudad de México, se leía así:

Yace aquí la maldad aprisionada,

mientras la humanidad es atendida,

una por la justicia es castigada

y otra por la piedad es socorrida.

Pasajero que ves esta morada,

endereza los pasos de tu vida,

pues la piedad que adentro hace favores,

no impide a la justicia sus rigores.

En aquel tiempo, la prisión fue el infierno en vida, que conocieron no sólo los malhechores que cometían delitos, sino los enemigos de la corona española, que acababan su vida en las húmedas mazmorras o que eran ejecutados en la horca, cuando se les condenaba a muerte.

Los castigos ejecutados por el director de la prisión, Miguel de Velázquez, eran indecibles, desde azotes, hasta ser comidos vivos por ratas, en un horror inenarrable.

Y en la prisión, cercana a la calle de La Acordada, en el perímetro de lo que hoy son las avenidas Juárez y Balderas y la calle de Humboldt, en el Centro Histórico de la capital, las peores víctimas de ese sistema carcelario inhumano eran las mujeres que llegaban a ser internadas. Afortunadamente eran las menos, pero las había, y eran víctimas de toda clase de abusos, desde golpizas, hasta violaciones y muchas de ellas terminaban por ser asesinadas, sin que nadie hiciera nada por evitarlo.

Afortunadamente, ese sistema carcelario inadecuado, injusto e ilegal terminó hace muchos años, al menos oficialmente, pero no es así: la realidad es cruda y brutal. Hay mujeres que aún son encarceladas entre hombres.

Una mujer identificada como Brenda, fue sometida a proceso penal en el Estado de Zacatecas y, por absurdo e ilegal que parezca, fue sentenciada a purgar su condena en la cárcel varonil de Calera.

Durante 27 días, la mujer, acusada de secuestro, fue abusada sexualmente en repetidas ocasiones, sin que nadie moviera un dedo, para que concluyera el calvario a que era sometida.

Existen varias versiones acerca de los abusos sexuales que sufrió. Inicialmente, trascendió que se encontraban involucrados varios reclusos, pero después se mencionó que uno de los custodios, que ahora se encuentra prófugo, y del cual no se dio a conocer su nombre, era el principal responsable.

Brenda calló por temor a ser asesinada adentro del penal. 

Cuando descubrió la 'bomba' que tenían entre las manos, Ismael Camberos Hernández, secretario de Seguridad Pública de Zacatecas, aceleró los trámites para que Brenda fuera trasladada a un penal de femenil, pero el proceso topó con la burocracia.

Vinieron las culpas mutuas, Arturo Nahle García, presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Zacatecas, afirmó que un juez (después se habló que fue jueza), sentenció a la inculpada, pero que es responsabilidad de las autoridades estatales la seguridad física de los reos.

Totalmente hecho bolas, Camberos afirmó primero que se había tratado de un error en la designación del penal, la Calera, pero después reculó y señaló que esa cárcel es mixta, pero la realidad es que no había otra detenida en esa prisión más que Brenda.

En el colmo de las contradicciones, María de la Luz Domínguez, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Zacatecas, informó que Brenda tenía una celda para ella sola, pero reconoció que se encontraba en un espacio no adecuado para mujeres ni con custodias para vigilarla y asistirla, en caso de ser necesario.

La duda le surgió a la encargada de esa comisión y emitió una recomendación para que las autoridades de Zacatecas revisen si existen más mujeres internadas en cárceles varoniles en esa entidad, lo que ojalá se sepa algún día.

¿Por qué una mujer fue enviada a una cárcel varonil? ¿Cuáles son los nombres del juez o jueza o de las autoridades que determinaron esta medida?, son las preguntas que esperan una respuesta.

La Comisión de los Derechos Humanos de Zacatecas, y la Nacional, de las muchas veces omisa, Rosario Piedra, emitieron recomendaciones para que esto se aclare.

Las autoridades estatales y el poder judicial zacatecano se acusan mutuamente. Nadie es responsable. Sólo falta que digan que la mujer tiene la culpa de que la hayan violado, como ocurre frecuentemente con las féminas que sufren este delito, quienes son doblemente victimizadas.

Brenda fue trasladada finalmente a la prisión femenil de Cieneguillas. La sombra de La Acordada permanece sobre ella, a tantos siglos de distancia. Sería terrible que hubiera otras Brendas en México.