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Visión financiera
Coronavirus: otra vida
“Esto del Coronavirus es pura tontería, se está exagerando, porque lo que quieren los bancos internacionales y el FMI es forzar a México para aceptar créditos que después no podrá pagar y hacer negocio con nuestro país”, asegura un taxista, mientras voltea a ver por el espejo retrovisor a su pasajero.
A su alrededor, las calles de la Ciudad de México no tienen un tránsito tan intenso como el de otros días y el ir y venir de vehículos es más bien moderado.
“No es cierto que tengamos una emergencia tan dura, como se trata de hacer creer, por eso que bueno que nuestro presidente no aceptará lo que le impongan desde el extranjero”, repite el taxista, con un tono de quien quiere enseñar al que no sabe. “Pienso todo lo contrario, el presidente está actuando muy lento y puede haber muchas víctimas”, asiente el pasajero.
En las calles parece que el día es normal, pero no es cierto, se palpa el desazón de la gente, ante un futuro incierto.
En los supermercados se empieza a notar la carencia de ciertos productos de primera necesidad. Desde hace varios días, están agotados el gel antibacterial y el alcohol, por ejemplo.
“¿Por qué se lleva tanto huevo?”, pregunta una mujer a un comprador compulsivo de producto de gallina. “Es que me dijeron que va a empezar a escasear, por eso de una vez me llevo mucho, aunque no lo necesite”, responde.
Algunas cadenas comerciales ya anunciaron que sólo venderán determinado número de productos a los consumidores, en una especie de racionamiento no visto en la capital del país.
Para los niños y jóvenes, es prácticamente imposible permanecer resguardados en sus casas.
Una chica se aburrió y marchó con su novio hacia el parque, “al fin que ahí está abierto y casi ni hay gente” y luego fueron a un Seven Eleven para comprar un par de cafés y poder platicar. Ya no saben qué hacer con la restricción de sus padres para que permanezcan en sus casas.
En un departamento se ve a un grupo de amigos que organizan una fiesta para aprovechar que no fueron a trabajar o que no tienen clases.
Beben, ríen, están despreocupados, se asoman por la ventana, no les preocupa el Coronavirus. El festejo dura dos días.
Los niños ya se aburrieron de estar metidos en su pequeño departamento y quieren ir a jugar. El padre convence a la madre: “los voy a llegar a jugar al parque, que les puede pasar, nada, casi no hay gente” y se la juega.
Una mujer se queja: “mi esposo trabaja en el gobierno y los muy méndigos de sus jefes no le avisaron todavía que puede laborar desde casa para que ya no vaya y esté seguro. La verdad estoy con mucho pendiente. Cada vez que regresa me pregunto si no estará contagiado, porque convive con mucha gente y aparte se sube al Metro”.
En la radio se escucha la voz de una doctora de un hospital privado: “vamos a empezar la etapa dos y eso significa cuando menos dos semanas de que se agravará el número de contagiados, incluso ya no de los que se infectaron en otros países, sino de familiares, conocidos o amigos que a su vez contrajeron el Covid-19 de otros mexicanos, por eso les suplico: no salgan de sus casas”.
En la televisión, una mexicana que regresa de Canadá comenta su experiencia en ese país. “Ya me urgía regresar, porque a pesar de que hay otros países que tienen un mayor número de fallecimientos y de personas infectadas, como Italia, los canadienses sí están aplicando medidas restrictivas y yo no podía salir a la calle. Ya quería regresar para ver a mi familia y estar en México”.
Y comenta: “no sé qué parte de que esto es una emergencia mundial no entienden los mexicanos y que debemos estar resguardados en nuestras casas, porque allá me encontré a compatriotas de vacaciones para aprovechar que los boletos de avión bajaron de absurdo. Qué tontería, andar de paseo en plena contingencia”.
Los muchachos de la UNAM que de por sí ya no tenían clases, porque la mayor parte de las facultades y preparatorias se encontraban en paro, ven con decepción que perderán el semestre.
En las redes sociales, se comentan lo que consideran errores del gobierno:
“Fue pésimo informar que se ampliaban las vacaciones, no se dan cuenta que la gente piensa que tiene autorización para andarse paseando, con el riesgo de contagiarse”.
“No es posible que el presidente ponga el mal ejemplo, al no suspender sus giras y además haya besado a una niña, lo cual es una barbaridad”.
“En su demagogia, el presidente dice que lo protegerán estampas religiosas, lo que va en contra de las medidas médicas estrictas que deben emplearse y no apelar a escudos mágicos”.
En las redes pululan los videos de la teoría de la conspiración, que señalan que el Coronavirus es un mal fabricado para iniciar un nuevo orden mundial por parte de las potencias y grupos poderosos que someterán al resto de la población del orbe, sin que pueda defenderse.
Es la coartada perfecta, por temor a infectarse, a los ciudadanos se les podrá contener o reprimir con el pretexto de que deben estar en sus casas, advierten esas teorías.
“¿Qué está pasando en el mundo, ante que nos enfrentamos, en que parará esto?”, son preguntas frecuentes de los mexicanos en las calles o en las casas.
Algunos se burlan, otros se preparan, unos más maldicen, muchos tienen temor. Todos quieren retornar a su vida normal. Es lo único que desean.