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CIUDAD DE MÉXICO, 18 de febrero de 2026.- El Congreso del Trabajo sigue siendo la causa común del sindicalismo y su fortaleza radica en la unidad, en la pluralidad respetuosa y en la convicción de que la justicia laboral es condición indispensable para la paz social y el desarrollo nacional, indicó su presidente, Reyes Soberanis Moreno, durante el acto central del 60 aniversario del movimiento obrero.
Durante un acto multitudinario, encabezado por el secretario del Trabajo (STPS), Marath Bolaños, al que asistió también el líder ferrocarrilero, Víctor Flores, añadió que “hoy reafirmamos que el sindicalismo no es un vestigio del pasado; es una necesidad del presente y del futuro.
Mientras exista una trabajadora o un trabajador que requiera defensa, representación y voz, el Congreso del Trabajo tendrá razón de ser. Sigamos honrando nuestra historia con acciones firmes. Sigamos construyendo puentes de diálogo. Sigamos defendiendo con responsabilidad y determinación los derechos laborales”.
El mensaje obrero fue categórico al destacar que estos 60 años no sean un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida. “Las Organizaciones de Trabajadores reiteramos el compromiso y la responsabilidad de cumplir con nuestra razón de ser en el desarrollo integral de los Trabajadores y de nuestra Nación. ¡Que vivan las y los Trabajadores de México! ¡Qué Viva el Congreso del Trabajo!”
El mensaje destacó que los convoca una fecha profundamente significativa: el 60 aniversario de su organismo, el Congreso del Trabajo. Seis décadas de historia no son solamente una cifra; son el testimonio vivo de la lucha organizada de las y los trabajadores de México, de su dignidad, de su conciencia colectiva y de su permanente compromiso con la Justicia Social.
Desde su fundación en 1966, el Congreso del Trabajo nació con una misión clara: Pugnar por la unidad de los Trabajadores con pleno respeto a la autonomía de sus organizaciones; articular, representar y defender los derechos laborales en una etapa crucial del desarrollo nacional. Surgió como una expresión unitaria del movimiento obrero, como un espacio de coordinación y de fuerza para incidir en las grandes decisiones del País”, detalló.
Destacó que, a lo largo de estos 60 años, el Congreso del Trabajo ha sido presidido por líderes comprometidos con su tiempo histórico. Cada uno de ellos enfrentó contextos distintos: épocas de expansión industrial, crisis económicas, transformaciones estructurales, apertura comercial, cambios políticos profundos. A todos ellos les debemos el fortalecimiento institucional, la defensa de la contratación colectiva, la consolidación de la seguridad social y la permanencia del sindicalismo como actor central de la vida pública.
Honramos su legado, no desde la nostalgia, sino desde la responsabilidad. Porque la historia no es un museo, es una guía, y hoy nos toca a nosotros estar a la altura de esa historia. Por ello, quiero hacer un merecido reconocimiento a todos los presidentes del Congreso del Trabajo que me han antecedido, y el apoyo que siguen dando a nuestro Organismo Sindical.
De igual forma y de manera muy especial, quiero reconocer el gran apoyo que ha brindado, en los últimos años, para que el Congreso del Trabajo se mantenga unido y vigente, a nuestro compañero y amigo Víctor Flores Morales.”, subrayó.
Siguió que el sindicalismo sigue siendo, en pleno siglo 21, una herramienta indispensable para equilibrar las relaciones de trabajo. En un mundo atravesado por la globalización, la automatización, la digitalización, la inteligencia artificial y las nuevas formas de empleo, la organización colectiva es más necesaria que nunca.
Frente a todo ello, agregó, el sindicalismo no puede ser espectador; debe ser protagonista. Debe modernizarse, transparentarse, democratizarse y fortalecer su legitimidad ante las y los Trabajadores. Debe dialogar con los nuevos sectores productivos y asumir con responsabilidad su papel en la construcción de un modelo de desarrollo más justo, incluyente y sostenible.
En este contexto, consideró, la reforma laboral que plantea la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales representa un paso histórico. No se trata únicamente de una modificación legal; se trata de un cambio cultural y civilizatorio. La reducción de la jornada es una demanda largamente sostenida por el movimiento obrero, alineada con estándares internacionales y con la necesidad de garantizar mejores condiciones de vida, salud, convivencia familiar y productividad.
Por lo que las 40 horas significan dignidad, reconocer que el tiempo de las y los trabajadores también es tiempo para la familia, para la formación, para el descanso y para el desarrollo personal, así como entender que el crecimiento económico no puede sostenerse a costa del desgaste humano.




