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Libros de ayer y hoy
Qué barbaridad.
De vez en cuando un chascarrillo, no político, cae bien. Hoy es ese día. Disfrútalo. Hasta el fin.
Cuando la señora de la casa regresa temprano de un aburrido evento social, sus peticiones ponen al mayordomo en una posición muy incómoda.
Resulta que un acomodado, para no decir rico, matrimonio, decide pasar fuera de casa una noche. Se lo comunican al ujier para que disfrute de un merecido descanso.
No obstante un contratiempo en la oficina del marido, obliga a la dama, sola, regresar a casa.
Encuentra, en efecto al sirviente, plácidamente sentado en el comedor.
La señora le pide que la siga al dormitorio principal. Cuando llegan, ella lo mira y sonríe.
“Mario”, le dice. “¡Mi vestido!”
Este lo hace con cuidado.
Mario”, continua ella. ”Mis medias y la liga”. El obedece presto.
Mario,” añade la señora. “Mi sujetador y mis bragas».
La tensión crece en la habitación.
Finalmente la señora, con voz severa lo culmina:
“Mario, si te veo otra vez con mi ropa puesta, estas despedido”.
Como bien decimos al principio, no siempre todo lo político causa risa.