Control de daños
Teresa Gil
Este será, al parecer, el año de celebrar a las mujeres singulares. Y quién más singular que la autora Agatha Mary Clarissa Miller, conocida con el nombre de Agatha Christie, con el apellido tomado de un primer marido que la traicionó. Gesto generoso de su parte porque, en la gran fama que creó en sus 74 novelas policíacas, 154 relatos y cuentos, obras de teatro, autobiografías y un sinfín de escritos que la colocan, tal vez, como una de las autoras más prolíficas de la historia, volcó esa celebridad en aquel ingrato cuando ella tenía un apellido propio.
El caso es que la famosa inglesa cumplirá, el próximo 12 de enero, 50 años de haber fallecido, mientras su espectacular obra policíaca se mantiene como uno de los más grandes negocios; caso extraordinario porque se trata de la venta de sus libros. Y los libros, muchos lo sabemos, por más que nos fascinen, no suelen ser motivo de gran vendimia. Christie, con sus obras, negó ese principio porque se han vendido a raudales. Motivo, además, para reconocer que no solo matar es fácil, sino también ponerlo a la venta.
El caso de Christie está inserto en multitud de historias, no solo las que escribió, sino las de ella misma, originaria de una etapa victoriana que se refleja mucho en su obra, pero en la que despunta, de pronto, una idea moderna y crítica. Ella misma vivió como personaje activo y protector en una de las guerras mundiales, por ejemplo. Se le vincula a los escritores Arthur Conan Doyle y Gaston Leroux; en este último caso, el detective de Christie, Hércules Poirot, tiene un gran parecido con Joseph Rouletabille, el del autor francés.
Hay obras que recuerdan a otros autores como Anton Chéjov, por ejemplo, o a la épica griega. Pero también bebió de historias bíblicas e ideas literarias ajenas; sin embargo, en todas ellas se capta la recreación original. Decenas de autores han escrito su biografía desde muchas direcciones, incluso aquella que se vuelca en los platillos que degustan sus héroes. Su influencia es tal que motiva a escribir libros, como uno de quien esto escribe: Mis crímenes con la señora Miller: Apuntes de novela policial (Groppe, 2015).
Matar es fácil (Editorial Molino, varios tirajes; ediciones Orbis, RBA Coleccionables 2007) trata sobre una asesina que eliminaba a todos los que le hacían algo o le caían mal en un pueblo inglés famoso por el culto a la brujería: Wychwood (corregido de Wichwood). Advertido por una solterona —personaje clásico de Christie—, el policía Luke Fitzwilliam (corregido de Lucas) viaja a dicho pueblo a resolver los crímenes.
La asesina tiene una curiosa característica: cuando va a matar, su lenguaje corporal y sus miradas la denuncian. Esa es la advertencia que lleva el policía. La escritora inglesa, Dama del Imperio Británico, puso énfasis en personajes presuntamente secundarios —secretarias, enfermeras, damas de compañía— para acentuar esa maldad "mediana" que se supone aplican contra las llamadas clases superiores. La asesina tiene un cierto resentimiento, alguna carencia en su vida, y lo expresa a través del asesinato de la manera más sencilla: empujar a alguien de una escalera o de un puente, por ejemplo. Christie evidencia el desaliento y la soledad al parodiar con ella los versos del poeta inglés William Wordsworth
A donde vas por el campo sin guantes,
mujercita enjuta que no tuvo amantes.




