Se debilita Trudy a remanente y deja de afectar a costas mexicanas
CIUDAD HIDALGO, Mich., 21 de noviembre de 2025.- En la sierra fría y humeante de Los Azufres, donde las fumarolas brotan entre pinos y montañas, se encuentra uno de los complejos energéticos más relevantes del país: el Campo Geotérmico Los Azufres, operado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). A primera vista, el paisaje industrial sorprende: una red extensa de tuberías plateadas, válvulas, separadores, torres y equipos que conviven con el bosque, moviendo día y noche el vapor que la tierra genera desde sus profundidades.
Ese vapor –invisible para los usuarios de electricidad en Morelia, Ciudad Hidalgo, Acámbaro, Zinapécuaro y otras zonas– es la base de un proceso altamente especializado que permite transformar el calor del subsuelo en energía eléctrica limpia, constante y confiable.
En términos simples, utilizamos el vapor geotérmico como fuente energética. Este vapor llega a la turbina y la mantiene girando de manera continua, pero para lograrlo se necesita un conjunto muy preciso de equipos auxiliares”, explica Fernando Vanegas, jefe del Departamento de Análisis y Resultados de la central.
Todo ello sostiene el funcionamiento del turbogrupo, considerado “el corazón” de cada unidad generadora: una turbina de vapor conectada a un generador eléctrico. El proceso implica una cadena energética: primero energía térmica, luego mecánica y finalmente energía eléctrica.
Más allá de la ingeniería, Los Azufres es hoy uno de los pilares de la generación geotérmica en México. Con una capacidad efectiva de aproximadamente 242.36 MW, esta central aporta cerca del 40 por ciento de toda la energía geotérmica que se produce en el país. En distintos años ha generado entre mil 200 y mil 600 GWh anuales, suficiente para abastecer a cientos de miles de hogares.
Se trata de energía renovable, firme y disponible 24/7, una ventaja clave frente a fuentes intermitentes como la solar o la eólica. Gracias a esta operación continua, la planta contribuye de forma estratégica a la estabilidad del Sistema Eléctrico Nacional, especialmente en la región centro-occidente.
Además, al sustituir la generación con combustibles fósiles, Los Azufres ha permitido reducir emisiones, con estimaciones históricas que hablan de alrededor de 140 mil toneladas de CO₂ evitadas por año, dependiendo del periodo y la operación anual.
Una vez generada, la energía eléctrica sale por las tres fases del bus eléctrico principal, viaja a un transformador que eleva el voltaje de 13 mil 800 volts a 115 mil volts, y de ahí se entrega a la red nacional de transmisión”, detalla Vanegas.
Ese punto de entrega es la subestación switcheo norte, ubicada dentro del propio campo geotérmico. Desde ahí, las líneas llevan la electricidad a:
Así, el viaje del vapor —que emerge desde kilómetros bajo la tierra— termina como la energía que enciende una lámpara, activa una lavadora o mantiene en funcionamiento un refrigerador en miles de hogares michoacanos y del centro del país.
Aunque el proceso puede parecer complejo, al recorrer la planta se vuelve sorprendentemente claro. “Se identifica el flujo, se identifica el camino por dónde va el vapor, a donde viaja y cómo se limpia y prepara hasta llegar al corazón donde se transforma la energía”, comenta el especialista.
Los Azufres, que comenzó operaciones comerciales en los años ochenta y se ha ampliado en varias fases hasta 2019, no solo es una obra de ingeniería avanzada: es también un testimonio de cómo Michoacán contribuye a la transición energética y la descarbonización del país.
Mientras el vapor sigue ascendiendo entre los bosques, este complejo geotermoeléctrico continúa siendo uno de los motores más silenciosos, constantes y verdes del sistema eléctrico nacional.