CIUDAD DE MÉXICO, 18 de diciembre de 2016.- La periodista Anabel Hernández afirma que sabe quién es el capo al que pertenecía la droga contenida en dos de los camiones tomados por normalistas de Ayotzinapa, que fueron atacados por policías municipales, estatales, federales y también por militares vestidos de civil la noche de entre el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, y que derivó en la desaparición de 43 estudiantes de la normal rural Raúl Isidro Burgos.

Entrevistada por Quadratín México a propósito de la publicación de su más reciente obra La verdadera noche de Iguala, la historia que el gobierno trató de ocultar, editada por Grijalvo, la reportera dice que el capo ordenó al Ejército coordinar la acción para tratar de quitarles a los estudiantes los autobuses con heroína.

“Lo que nos muestra La noche de Iguala son dos cosas: esa noche yo no diría fue un operativo de Estado, esa noche fue el operativo de funcionarios públicos federales, estatales y municipales corruptos vinculados con el crimen organizado, cuyo objetivo principal era recuperar dos camiones cargados de heroína donde por desgracia estos estudiantes habían robado sin saber que venían cargados de heroína”.

Cuestionada sobre el nombre del capo, dice que no se trata de ninguno de la larga lista de detenidos por la Procuraduría General de la República desde hace dos años e incluso no ha sido mencionado por el gobierno federal.

-¿Quién es?

-Yo conozco su identidad, no lo he revelado en el libro como una estrategia esperando que este capo finalmente acceda a mencionar, a revelar el paradero final de los normalistas. Pienso que es la única persona que hoy puede dar luz a este caso. A propósito por una estrategia periodística estoy dejando esto, sé quién es, lo he visto -responde.

-¿Pero el capo tiene su red de funcionarios? –se le preguntó.

-Es un capo que tenía un importante nivel en Guerrero, que había trabajado para los Beltrán Leyva durante varios años y cuando estos se van debilitando él va adquiriendo su propio poder y su propia independencia. Este capo, cuando se entera que los normalistas andan en estos dos camiones cargados con su droga ordena al Ejército mexicano, que era el único que tenía capacidad de coordinar a todas las demás dependencias, este operativo para tratar de detener a estos dos camiones –contesta, sin dar el nombre del presunto responsable de la desaparición de los 43.

Anabel Hernández realizó la investigación sobre La noche de iguala en dos años. Recuerda que ella reveló que el Ejército no podía alegar que no estaba al tanto de lo ocurrido aquella noche que cambió la historia del país.

“Fui la primera periodista que desde diciembre de 2014 reveló la existencia del C4 (Centro de monitoreo de la ciudad a través de cámaras) que había sido omitida por la PGR en su investigación. Nunca habían revelado la existencia del C4. La PGR había hecho creer que Iguala era un lugar con un alcalde [José Luis Abarca] y una policía todopoderosos y omiten decir que ahí estaban todos los niveles de seguridad coordinados. Estaba el 27 batallón de infantería, la base de operaciones de la PGR, la base de la Policía Federal, la base de la Policía estatal y la minúscula base de la Policía municipal que si uno la compara con los otros cuatro poderes era un cero a la izquierda”, expresa enfática.

La presencia del Ejército en el C4 era directa y hegemónica sobre las demás dependencias. “Descubro que con todo lo que el gobierno había dicho sí sabían lo que estaba pasando, incluso, con cuatro horas antes de que empezaran los ataques”, añade.

El monitoreo sobre los estudiantes comenzó desde que dejaron Ayotzinapa para ir a Iguala, lo que llamó la atención de Hernández, ya que con base en documentos supo que apenas salieron, en el C4 ya sabían a donde se dirigían, lo que le llamó la atención, porque significaba que estaban infiltrados, algo atribuible a que la Normal llevaba años siendo considerada un peligro para el Estado y por eso había sido penetrada e infiltrada.

“Otra de las cosas que descubro es que los normalistas identifican a través de grabaciones por sus celulares claramente la presencia de policías federales, hay un grito desesperado de los normalistas en los videos diciendo ‘ya se van los policías, se quedan los federales, nos van a querer fastidiar’, expone la autora, quien también escribió el libro Los señores del narco.

“Cuando yo empiezo a checar las horas en que ocurre esto empiezo a descubrir que el momento en que ocurre la desaparición de los normalistas ya no era el gobierno estatal, ya no era el municipal, era el federal principalmente coordinado por el Ejército, la policía federal que habían tomado el control total de la ciudad”, asegura Hernández, quien para su investigación fue apoyada por la Universidad de Berkeley, California.

LOS MILITARES

La reconocida reportera refiere que durante su investigación tuvo todos los documentos del expediente respectivo de la Fiscalía General de Guerrero, un documento secreto de la Procuraduría de Guerrero que no formaba parte de su averiguación previa y sin embargo fue sustantiva, porque venían todas las fichas del C4 con el monitoreo de lo que se había hecho antes, de que la PF había estado presente desde que los camiones llegaran a Iguala y con esos datos se fue a la ciudad donde ocurrió la desaparición masiva.

Al recopilar testimonios de manera aleatoria en la calle Juan N. Álvarez, en el Zócalo de Iguala y entre algunos choferes testigos de lo ocurrido esa noche, notó que todos coincidieron en que había civiles que dispararon contra los camiones donde iban los muchachos, y dichos agresores llevaban aspecto militar: cabello corto, atléticos, y similares, explica.

Dicha pista la lleva a hacer una solicitud de transparencia de las declaraciones de los militares, la cual fue negada por la PGR, pero luego de una batalla jurídica el INAI le ayudó a obtenerla.

“Soy la periodista que descubre que esa noche operaron en esta situación militares vestidos de civil, confesado esto directamente por el coronel del 27 batallón de infantería donde reconoce que hay un cuerpo, que entonces yo desconocía. Son los órganos de Búsqueda de Información, los famosos Obis, militares que pueden estar con permiso vestidos de civil, que pueden infiltrarse y estar por todas partes. Estos militares serían transportados por motocicletas, lo cual coincidía con las versiones de las personas que dicen que había civiles vestidos que disparaban desde motocicletas.

EL OPERATIVO DE ESTADO                    

La noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre una serie de funcionarios corruptos involucrados con el crimen organizado comenzó una movilización para recuperar la heroína que estaba guardada en dos camiones.

Al darse a conocer la desaparición de los 43 y el gobierno federal decir que era un asunto estatal y culpar al alcalde José Luis Abarca, inició el operativo de Estado para ocultar la verdad que tiene en pie de lucha a los padres de los estudiantes, por conocer la verdad.

“¿Cuándo empieza el operativo de Estado? Cuando el gobierno federal, el secretario de la Defensa Nacional, el de Gobernación, el procurador general de la república, el presidente, deciden de manera conjunta no sancionar a este puñado de funcionarios que no era toda la Sedena, la policía federal, eran una decena de funcionarios pero estaban todavía contenidas esa noche en un marco.  Claro, estaban todas las instituciones involucradas, incluso policías federales y ministeriales de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) participaron esa noche, hoy es claro y hay documentos que lo prueban que participaron esa noche. Es decir el señor Tomás Zerón de Lucio se convierte en juez y parte”, asevera Hernández.

-¿Es encubridor?

-No solo encubridor, sino juez y parte porque sus muchachos salieron esa noche y estuvieron presentes en cada uno de los ataques.

-¿Él sabía?

-Él sabía y aun sabiendo encubre y ahí es donde empieza la operación de Estado y empiezan los peores delitos. Cuando uno ve la noche de Iguala ya no sabe uno lo que es peor, si estos 43 desaparecidos, los veintitantos heridos y los seis muertos o toda la operación de Estado, la manipulación de las leyes, el sistema de justicia, el concepto de reparación de daños, las torturas y agresiones sexuales, las amenazas que ha cometido el gobierno para encubrir a este puñado de funcionarios públicos y es ahí donde tenemos dos tiempos donde se cometen diferentes delitos, que es un parteaguas en la historia de este país que no puede quedar impune.

-Descubrir que esta infiltrada la Normal, ¿podrían haber estado ligados estudiantes a la red del crimen organizado?

-Debo señalar que yo sí lo investigué, sí pregunté, porque en mi hipótesis era una probabilidad, el gobierno ha tratado de manchar a estos muchachos filtrando una serie de informaciones. He seguido cada una de esas pistas que no tiene ningún sentido. Incluso hablé con el grupo criminal con el que pude hablar para conocer finalmente y descubrir por qué el Ejército había operado, había disparado y había coordinado, todo para mí era un misterio.

“Pregunté al grupo criminal si los muchachos estaban involucrados y ellos me han dicho categóricamente no, los normalistas no sabían lo que cargaban los camiones y no me cabe hoy la menor duda y hay pruebas fehacientes de esto, que los normalistas no sabían que estos dos camiones traían heroína. Hay una prueba contundente y es el punto fundamental de este libro. Estos camiones los normalistas no los robaron el 26 de septiembre, estos camiones los robaron el 22 de septiembre, desde el 20 de septiembre empiezan todo su operativo para empezar a robar camiones en Chilpancingo, habían robado unos cuantos, si no me equivoco hasta ese momento como seis y no había pasado gran cosa.

“El gobierno hasta entonces había sido tolerante, como siempre se roban camiones en México por todas partes y nunca hay un operativo y masacre como ésta. ¿Qué es lo que cambia en la historia? Que el 22 de septiembre roban estos camiones Estrella de Oro y en cuanto los roban montan un operativo las policías estatal y municipal para recuperar los camiones.

-¿Era importante?

-Muy importante. Cuando pregunté a normalistas sobre este operativo dijeron ‘es que la Policía federal no quería que nos lleváramos esos camiones. Nos bloquearon y ya estamos a punto de perderlo’. Ellos jocosamente incluso se ríen. ‘Llegaron los compañeros de tercer año y nos ayudaron a combatir a los policías federales y pudimos llevarnos los dos camiones’. Los normalistas no sabían que ahí firmaron esa sentencia de muerte. Cuando se llevaron esos dos camiones los dejan en Iguala es hasta el 26 de septiembre, en el primer minuto que los normalistas mueven estos dos camiones que empieza el monitoreo del gobierno federal.

“El gobierno federal no estaba monitoreando a los estudiantes, estaba monitoreando a los camiones, y es ahí realmente donde está la historia. Si los estudiantes hubieran sabido que los camiones [traían droga] no se hubieran robado la droga a propósito para un cartel de la droga, no sacan los camiones de la normal, los venden, que venga el Chapo, que venga alguien a ver la mercancía y la sacas.  Ellos no tenían la menor idea de que estos camiones estaban cargados de droga y que estaban subidos en un ataúd y que esa noche del 26 de septiembre no salen en dos camiones, salen en dos ataúdes que al final significa la desaparición”, concluye.