Un punto de vista penal
Quería democratizar al PRI, no irse del PRI.
El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (92 años) nunca pensó ni planeó salirse del PRI. Lo que quería Cuauhtémoc era democratizarlo.
Evidentemente no lo consiguió, dio la batalla hasta que lo sacaron.
Tan no pasaba por su mente que lo fueran a excluir que la noche que se enteró, su primera reacción fue un rostro de asombro, enmudeció por unos segundos.
Las manos le empezaron a temblar. Estaba en una casa de la alcaldía Azcapotzalco. Su última actividad del día promoviendo la llamada Corriente Democrática. Alrededor de una veintena de vecinos le escuchaban (marzo de 1987).
Ahí estaba este reportero, no había ningún otro representante de medios. La misión era recoger su opinión una vez que la dirigencia del partido diera a conocer el comunicado esperado.
En El Universal sabían que esa noche la cúpula priista tomaría una medida sobre el comportamiento del ingeniero.
Por eso el seguimiento, el marcaje personal.
Entonces no había los famosos localizadores y mucho menos teléfonos celulares. Cada 20 minutos tenía que llamar a la redacción para saber si ya había salido el comunicado priista y cuál era su contenido.
Por fortuna los dueños de la vivienda fueron accesibles al facilitar el teléfono de la casa para poder hacer las llamadas.
Alrededor de las 20:00 horas ya había salido el humo negro de la sede nacional del Revolucionario Institucional.
Fidel Samaniego (QEPD) me transmitió el mensaje priista, su redacción no era directa. Texto dirigido a la estructura partidista. Fidel se concretó a darme el párrafo aniquilador: “La decisión personal del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de no colaborar más con el partido, se hace del conocimiento de los dirigentes y las bases que integran el PRI en toda la República para los efectos correspondientes”.
Con el mensaje en mano, había ansias porque acabara la reunión vecinal. El ingeniero se veía tranquilo, cordial, respondía preguntas de los colonos, hasta que ya no hubo más interrogantes.
Sin dificultad logramos acercarnos al orador. De inmediato lo enteramos a qué se debía nuestro interés, su partido acababa de emitir un comunicado que lo dejaba fuera del tricolor. Leímos el texto.
El ingeniero enmudeció, no pudo ocultar su nerviosismo. Temblorosas sus manos.
Respiró y habló de que su lucha democratizadora seguiría adelante, que esa misma
noche analizarían el alcance del comunicado tricolor para fijar posición al día
siguiente.
Quedaba claro, por su primera reacción, que no esperaba que desconocieran su militancia.
El ingeniero hacía su lucha a través de la Corriente Democrática para democratizar a su partido, aunque ya había recibido avisos públicos de la dirigencia de que su actividad y la de su grupo no era bien vista. Los tenían ubicados como un movimiento disidente, contrario a la línea cupular.
Sin embargo, los líderes, Miguel de la Madrid en Los Pinos y Jorge de la Vega Domínguez en el edificio de Insurgentes Norte, no se atrevieron a dejar el asunto en manos de la Comisión de Honor y Justicia priista para que procediera a expulsar a Cuauhtémoc Cárdenas.
Quizás no lo hicieron por el camino estatutario porque se trataba del hijo del general Lázaro Cárdenas del Río.
El nombre del general pesaba y pesa. El presidente que expropió y rescató para México su petróleo.
Estrictamente el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano no fue expulsado del partido tricolor. No hubo un dictamen de la citada comisión que lo echara del Revolucionario Institucional.
El ingeniero optó por emprender su propio camino, abanderar una lucha hacia la presidencia de la República que cautivó masas como nunca se había visto, a pesar de que la mayoría de los medios ignoró su campaña. Cuando se hablaba de él en los medios era para denostarlo. Incluso, en el canal principal de Televisa, en su noticiero estelar, se entrevistó a dos medios hermanos del ingeniero con el único propósito de contribuir a desacreditarlo.
Ganó las elecciones de 1988, nada más que los intereses de entonces (el PAN lo odiaba y aceptó la legitimación en el ejercicio del poder para quien no había ganado en las urnas) y un órgano electoral representado por la Secretaría de Gobernación, le dieron el triunfo oficial al candidato priista.
Cuauhtémoc Cárdenas no pudo democratizar al PRI, pero, sin duda, ha sido un artífice de la pluralidad que hoy vive el país.
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