Construir la paz es nuestro compromiso: Graciela Domínguez a Sheinbaum
CIUDAD DE MÉXICO, 20 de septiembre de 2026.- Los partidos políticos, desde antes de la ola de autocratización, expresaban síntomas de debilitamiento; “están vacíos, se distancian de las demandas ciudadanas, por un lado y, por el otro, quieren el poder”, aseveró el coordinador de Humanidades de la UNAM, Miguel Armando López Leyva.
Ningún proceso de transición, de cambio de un régimen autocrático o autoritario a una democracia, fue posible porque quienes gobernaban decidieron que era lo mejor para el país. Eso tiene que ver con “cálculos políticos, estrategias y apuestas al futuro”, indicó.
Agregó que en ese régimen político el poder es conferido por la ciudadanía a sus representantes a través de elecciones competitivas, limpias y justas, en las que tengan posibilidad real de elegir entre opciones y se les garanticen libertades como expresión y asociación, explicó en el ciclo Conversaciones (críticas) por la democracia.
También establece cómo se gobierna, cuáles son los mecanismos adecuados de control y supervisión del poder que limiten los abusos y promuevan el comportamiento de los actores en el marco del Estado de derecho, detalló en el Aula Centenario del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM.
En el Conversatorio a propósito del Día Internacional de la Democracia –que se celebra el 15 de septiembre– dijo: hay que recuperar la conversación pública y la discusión, elementos clave en tiempos de polarización, desinformación y noticias falsas. Y la Universidad, donde hay capacidad crítica, debe ser parte de ese espacio.
Escuchar argumentos
El investigador del Instituto de Investigaciones Sociales, Francisco Valdés Ugalde, refirió que la democracia es un régimen que solo se establece cuando rigen dos principios: igualdad política de los miembros del Estado, y libertad para el autogobierno. Sin ellos “no hay intervención de los ciudadanos en la decisión pública”. Elecciones y alternancia política, y equilibrios de poder, son imposibles sin esos principios.
El académico recordó que la élite más poderosa es la que gobierna, y cuando acusa de elitista a la crítica no responde a argumentos, sino que descalifica.
Ellos piensan que una mayoría tiene legitimidad para barrer, por ejemplo, con el equilibrio de poderes.
“Estamos ayunos de diálogo, y lo que deberíamos hacer es sentarnos a discutir las diferencias. La ciudadanía debe escuchar argumentos y no perderse en la ‘guerra de etiquetas’ entre el gobierno y la oposición”.
La democracia es igualdad política; somos diferentes, pero tenemos derecho a la palabra y a decir cosas distintas, así como a autogobernarnos y a discutir cómo queremos hacerlo. Ello está en contra de la teoría “mayoritarista” y populista, que son “deformaciones de la democracia” que a la larga van a sucumbir o conducirán a un ejercicio del poder cada vez más autoritario, alertó el especialista.
Valdés Ugalde opinó que debe haber un mecanismo de autocontención que se muestra en la disposición del ganador de no quedarse permanentemente en el poder, y aceptar que puede perder en la siguiente ronda.
Meta compartida
En la sesión, la investigadora del IIJ, Flavia Freidenberg, consideró que el Día Internacional de la Democracia es una oportunidad para evaluar el estado de los sistemas democráticos, generar un diálogo entre la academia y la ciudadanía, y promover valores como libertad, pluralismo y tolerancia, en un contexto donde “en nuestros países el espacio cívico cada vez más se está viendo reducido, empequeñecido, es menos crítico y extremadamente polarizado”.
Anunció que con este ciclo de diálogos inició la Clínica por las democracias, cuyo objetivo es crear un sitio de iniciativa ciudadana para la producción de conocimiento, el debate público y acompañamiento en la generación de estrategias que permitan fortalecer las democracias.
En el encuentro rememoró que la Declaración Universal sobre la Democracia menciona, entre otros aspectos, que esta es una meta compartida por los pueblos, independientemente de sus diferencias culturales, sociales, religiosas o económicas; es un derecho ciudadano a participar en la vida pública bajo condiciones de libertad, igualdad, transparencia y responsabilidad.