Nada Personal
En la coyuntura actual la confianza o el optimismo pueden tener un efecto pernicioso para el país. Se entiende necesario que la sociedad se movilice con motivo de los comicios y que el resultado de la elección signifique la recuperación de lo políticamente más rescatable del pasado previo al obradorismo: la coexistencia de la pluralidad. Sin embargo, ignorar las nuevas condiciones de la lucha política bien puede resultar en legitimar el régimen de la exclusión y la intolerancia a la diversidad política.
En este sentido, el reto mayor es tener claridad de qué puede aportar el proceso político asociado a los comicios. Dos aspectos deben tomarse en cuenta: el primero, se ha perdido la garantía de las elecciones en términos de una razonable contienda justa. No lo es por la ostensible inequidad de la que muchos participan (no sólo desde el gobierno), tampoco por la interferencia del dinero criminal o la acción de los cárteles, como ha ocurrido desde 2021. El problema general es que no hay legalidad, no hay imparcialidad, menos justicia mínimamente confiable. Más aún, por si fuera poco, se ha incorporado una figura de nulidad que puede emplearse de manera discrecional en caso de que el régimen político necesitara revertir un resultado.
El segundo no remite a las reglas, instituciones o procesos, sino a la convicción de quienes mandan en el régimen político, evidente en las palabras de la presidenta Sheinbaum y en el mensaje reciente del líder moral del régimen político, el expresidente López Obrador. En su imaginario se trata de la disputa por la nación, la defensa de la soberanía ante la embestida de la ultraderecha nacional e internacional ahora neofascista, calificativo aplicable a los adversarios, incluso, a los medios de comunicación independientes y sus conductores más visibles, sin dejar de lado el ecosistema digital, según creen, al servicio de la causa contra el país.
La nota en Quadratín Yucatán




