Alfa omega
Analista del Sector Empresarial
Hay un dato que debería preocupar mucho más de lo que parece: solamente 23% de los empresarios consultados por COPARMEX considera que hoy es un buen momento para invertir en México.
No es una cifra menor. Tampoco es simplemente otro indicador dentro de la larga lista de estadísticas económicas que conocemos cada mes.
Es una señal de alerta.
Porque cuando un empresario pierde la confianza, no necesariamente cierra su empresa al día siguiente. Hace algo mucho más silencioso: deja de invertir.
Pospone la compra de maquinaria. Detiene la apertura de una sucursal. Congela contrataciones. Cancela una ampliación. Guarda el capital. Espera.
Y cuando miles de empresarios toman simultáneamente esas decisiones, el problema deja de ser empresarial y se convierte en un problema nacional.
Los resultados de #DataCoparmex 2026 muestran que el ánimo para invertir cayó 16.5 puntos porcentuales respecto de la medición anterior. Es el mayor retroceso anual registrado desde que comenzó a medirse este indicador en 2020.
También disminuyó el porcentaje de empresas con planes de expansión: pasó de 62.8% a 50.3%.
La pregunta obligada es: ¿qué está haciendo que los empresarios mexicanos duden antes de invertir?
Las respuestas son bastante claras: incertidumbre económica, inseguridad e incertidumbre política.
Pero quizá la palabra que resume todas ellas sea una sola: confianza.
La inseguridad se convirtió en un costo de producción
Uno de los datos más delicados de #DataCoparmex señala que 45.6% de las empresas consultadas fue víctima de algún delito.
Casi una de cada dos.
La extorsión aparece como el delito más reportado, seguida muy de cerca por el robo de mercancía en tránsito.
El problema tiene además una consecuencia económica directa: 58.7% de las empresas tuvo que incrementar su gasto en seguridad.
Esto significa que miles de negocios están destinando recursos para protegerse que podrían utilizar para crecer.
Más cámaras, custodios, seguros, sistemas de protección, rastreo de mercancías o protocolos de seguridad significan mayores costos de operación.
Ese dinero sale del mismo lugar del que tendría que salir la inversión.
Por eso debemos empezar a llamar a las cosas por su nombre: la inseguridad se está convirtiendo en un impuesto adicional para las empresas mexicanas.
Un impuesto que no recauda el Estado, pero que termina pagando toda la economía.
El otro impuesto: la burocracia
Existe además otro costo menos visible.
Las empresas mexicanas destinan en promedio 72.1 horas mensuales al cumplimiento del marco regulatorio. En las grandes compañías, la cifra alcanza 176.4 horas.
Casi cinco de cada diez empresarios reportaron problemas al realizar trámites gubernamentales.
Debemos preguntarnos cuánto talento, productividad y capacidad empresarial estamos desperdiciando simplemente tratando de cumplir procedimientos administrativos que podrían ser más sencillos.
México necesita regulación. Lo que no necesita es burocracia innecesaria.
Digitalizar trámites, eliminar duplicidades, establecer ventanillas únicas, fijar tiempos máximos de respuesta y reducir la discrecionalidad deberían convertirse en prioridades económicas.
Porque facilitar la actividad empresarial no significa beneficiar a los empresarios.
Significa beneficiar a quienes trabajan en sus empresas, a sus proveedores, a sus clientes y a las comunidades donde operan.
No basta con atraer inversiones
Durante los últimos años hemos hablado mucho de nearshoring, relocalización de cadenas productivas e inversión extranjera.
Todo eso es importante.
Pero existe una paradoja que debemos evitar: no podemos celebrar que empresas extranjeras quieran venir a México mientras los empresarios que ya están aquí comienzan a preguntarse si conviene seguir invirtiendo.
El mejor indicador de confianza económica no es solamente cuántos miles de millones de dólares llegan desde el exterior.
También debemos observar cuántas empresas mexicanas deciden ampliar una fábrica, comprar maquinaria, abrir otra sucursal o contratar nuevos trabajadores.
El empresario nacional también vota todos los días sobre el futuro económico del país.
Su voto se llama inversión.
Recuperar la confianza debe ser prioridad
México tiene enormes ventajas competitivas.
Tenemos ubicación geográfica, integración económica con Estados Unidos y Canadá, capacidad manufacturera, talento, infraestructura industrial y una red de tratados comerciales difícil de igualar.
Pero la inversión necesita algo que ninguna ventaja geográfica puede sustituir: certeza.
Certeza de que las reglas se respetarán.
Certeza de que los contratos tendrán valor.
Certeza de que las mercancías podrán circular por las carreteras.
Certeza de que abrir una empresa no implicará atravesar un laberinto burocrático.
Certeza de que denunciar una extorsión tendrá consecuencias.
Y certeza de que las decisiones económicas estarán acompañadas por instituciones sólidas.
Por eso necesitamos construir una agenda nacional para recuperar la confianza empresarial.
Seguridad, Estado de derecho, certeza jurídica, simplificación regulatoria y combate efectivo a la corrupción no deberían ser demandas de un organismo empresarial.
Deberían ser compromisos de país.
Porque detrás de cada inversión existe algo mucho más importante que el capital.
Existe un empleo que puede crearse.
Una familia que puede mejorar sus ingresos.
Una PyME que puede convertirse en proveedora.
Una comunidad que puede recibir nuevas oportunidades.
Y una economía que puede crecer.
El dato de que solamente 23% de los empresarios considera que es un buen momento para invertir debe tomarse como una advertencia, pero también como una oportunidad para actuar.
México necesita volver a ser un país donde quien emprende quiera crecer, quien ya invirtió quiera reinvertir y quien analiza traer capital encuentre razones suficientes para hacerlo.
La ecuación es sencilla:
sin certeza no hay confianza; sin confianza no hay inversión; sin inversión no hay crecimiento y sin crecimiento difícilmente podremos construir el bienestar que México necesita.
La pregunta no es solamente quién quiere invertir hoy en México.
La verdadera pregunta es:
¿qué tenemos que hacer para que todos vuelvan a querer hacerlo?
Carlos Chávez de Icaza
Analista del sector empresarial