
Visión financiera
La consigna surgió en 2006 ante la evidencia del fraude contra Andrés Manuel López Obrador y el medio punto porcentual de distancia respecto a quien sería Presidente: voto por voto, casilla por casilla.
Entonces, el PAN reclamó respeto al resultado validado por el entonces Instituto Federal Electoral y llevar la disputa a través de mecanismos legales, mientras el priismo —ahora aliado del panismo— mantuvo distancia. El Tribunal Electoral hizo un recuento parcial de los votos y ratificó a Felipe Calderón en la presidencia.
Un año después, el voto por voto se incluyó en la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral y el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, como una herramienta para dar certeza sobre los resultados electorales.
Se recurre a ella cuando la diferencia entre el primer y segundo lugar es menor al uno por ciento —como fue en 2006 con AMLO—, si el número de votos nulos supera la diferencia entre las o los dos principales candidatos, ante una mala transcripción entre el cartel al final de la elección y las actas, o si el acta tiene distinto el número con letra y el número normal.
Este martes, el Instituto Nacional Electoral determinó el recuento de al menos 60 por ciento de las casillas instaladas el domingo, un proceso natural ante las impugnaciones de partidos.
La comparativa respecto a la elección presidencial de 2018 despeja cualquier signo de alerta: hace seis años el recuento fue en el 75 por ciento de casillas, y no por ello cambiaron los resultados finales. López Obrador fue declarado Presidente con el 53.1 por ciento de los votos.
El «voto por voto» garantiza transparencia sobre los resultados, aumenta la confianza ciudadana, legitima el proceso democrático y previene conflictos y tensiones postelectorales.
La contundente victoria de Claudia Sheinbaum, con el 59.3 por ciento de los votos y una ventaja de 32 puntos respecto a Xóchitl Gálvez —la cual permite llamarla virtual Presidenta en tanto se califica la elección y se le entrega la constancia— no será revertida. Quien piense lo contrario cae en el autoengaño y en fomentar falsas ilusiones.
Las inconsistencias, como lo explicó el consejero del INE, Martín Faz, presidente de la Comisión de Capacitación y Organización Electoral, siempre existen y son atribuibles a errores humanos, como equivocaciones en las sumas o en las transcripciones, provocadas generalmente por cansancio y no por dolo.
Para despejar dudas y en una metáfora futbolística, el árbitro electoral fue al VAR, revisó la jugada y confirmó lo visto por la mayoría: no era penal. Sí fue una goliza.