
Libros der ayer y hoy
Les guste o no, los Medios de Comunicación serán los reguladores del sexenio de AMLO
*.- Los periodistas de México, no queremos un Presidente de la República represor, ni mucho menos, el establecimiento sexenal de una ley mordaza.
La Comunicación Social es un fenómeno sustancial a la naturaleza del hombre, son los procesos de comunicación masiva y la forma de cómo se dan éstos los que determinan, en muchas de las veces, el tipo de sociedad y régimen político que caracteriza a un pueblo.
Dentro de esta enorme gama de medios de comunicación, impresos y electrónicos, sin lugar a dudas, una de las principales funciones de la comunicación social es la de contribuir a elevar el nivel cultural de las personas, conservando las características y tradiciones de nuestros pueblos, afirmando valores e intereses mediante hábitos de comunicación, en un país integrado por aspectos de mercado e intercambio múltiple de bienes y servicios.
Forzosamente, los medios de comunicación se convierten en ‘la memoria’ de la comunidad, mediante su acumular noticioso, puede ser la fuente histórica más importante de la cual dispone, y de igual manera, se puede calificar que un comunicador puede resultar un excelente especialista en relaciones públicas, pues con la opinión pública a su favor nada puede fracasar, pero sin ella, nada puede salir bien, pero también, es de suma importancia destacar que los medios de comunicación deben, contribuir al desarrollo político, económico, social y cultural del país.
Ante el ya muy próximo inicio de gobierno del licenciado Andrés Manuel López Obrador, como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos número 57, y que desde este primero de septiembre, ya tiene a su favor las Cámaras de Senadores y Diputados, el nuevo inquilino de Palacio Nacional –a partir del primero de diciembre–, no ha tenido el tiempo o no ha querido darle la debida importancia a los medios de comunicación para construir una imagen real y eficaz de lo que seguramente será su naciente administración pública federal.
Inexplicablemente, AMLO parece olvidar que la mitad del país fue la que lo eligió, pero resulta que a lo largo y ancho del territorio nacional hay poco más de 120 millones de mexicanos que merecen y exigirán estar debida y oportunamente bien informados de cada una de sus actividades que lleve a cabo como Jefe del Ejecutivo Federal, pero también, del gobierno que habrá de encabezar.
Sin esperar los tiempos debidos y en su aparente prisa por tener el poder, ha roto todos los cánones establecidos dándose a la tarea de mostrar a propios y extraños que está dispuesto a imponer a rajatabla sus leyes y reglamentos, creando un ambiente de inestabilidad y encono social.
En lo que hasta ahora han sido sus tradicionales ruedas de prensa en las escalinatas de la casa de transición o la ‘casa de los deseos’, como se le conoce en la colonia Roma de la Ciudad de México, no deja de anunciar duras medidas para evitar la corrupción durante su gobierno, y subraya, una y otra vez, que como Presidente, impondrá interlocutores entre los gobiernos estatales y su administración, restándoles todo valor y autoridad a los gobernadores. Eso, se llama autoritarismo, lo único que hace es sembrar zozobra y temor.
López Obrador no debe de olvidar, ni un solo instante, que será el empleado número uno de la administración pública federal para el período 2018 -2024; que fue el pueblo quien lo contrató y vigilará escrupulosamente la sana y adecuada actuación de cada uno de los integrantes de su equipo de trabajo, ya sea desde el cargo más sencillo hasta los de muy alto nivel.
Tampoco debe olvidar que no va a gobernar solamente para quienes lo eligieron. Quizás, le ha faltado un poco de tacto, pero tampoco lo ha mostrado para dirigirse a la otra mitad del territorio nacional que no votó por él. No es bueno alentar la discordia. México es uno solo y no debe estar dividido. Es su obligación, y además, le conviene mantenerlo unido.
El pueblo no olvida que varios personajes señalados como ‘corruptos’, ahora van a ocupar posiciones de enorme responsabilidad dentro del gobierno que inicia el primero de diciembre. Que quede bien claro, López Obrador no es, ni será el dueño del país, simplemente, quien encabece un equipo de trabajo.
A través de los medios de comunicación, los programas y reformas que proponga, recibirán el beneplácito o el rechazo de la ciudadanía. Ahora, le guste o no, su patrón será el pueblo mexicano que confió en él y le reclamará duramente los errores que cometa, pero sobre todo, le recriminará si no cumple con cada una de las expectativas y promesas que ofreció para la construcción de su República Feliz.
Este noble pueblo mexicano está cansado de engaños, de la corrupción registrada en administraciones anteriores, de los altos índices de inseguridad, de la altísima marginación social, de la perversa pobreza en que viven millones de mujeres, hombres, niños y jóvenes que piden más oportunidades para salir adelante y por eso votó por él.
No descartamos ni un solo momento que los medios de comunicación, sean electrónicos o impresos, incluyendo redes sociales, serán los reguladores del gobierno de López Obrador, quien tendrá una enorme oportunidad para hacer las cosas bien, convertirse en un gran presidente o en el gran estadista que los mexicanos siempre hemos soñado.
Ya no tendrá a quien echarle la culpa ni podrá decir que fue cosa de ‘la mafia del poder’, de no hacer bien las cosas, quizás, será él mismo quien la encabece.
¿Culpará a los medios de comunicación que le digan abiertamente sus errores? ¿Cuál será su reacción cuando lo critiquen duramente? ¿Seguirá considerando la existencia de los periodistas ‘fifí’, como les llama? ¿Toño Esquinca y Ricardo Alemán, los primeros “amonestados” por criticarlo duramente? ¿Cuántos periódicos y revistas habrán de desaparecer durante su gobierno por esa cerrazón? ¿Un Presidente zigzagueante con los medios de comunicación, acaso veremos en Palacio Nacional lo mismo que está sucediendo en la Casa Blanca con el tambaleante Donald Trump?
Desde Palacio Nacional descubrirá que México no es una empresa familiar, mucho menos un partido político o movimiento ciudadano. México ya no está ni puede exponerse para más experimentos.
Como un ciudadano más que siente el gran orgullo de haber nacido en esta bendita tierra y desde este espacio que me permite Quadratín, le expreso la mejor de las suertes en esta honrosa pero muy delicada responsabilidad que afanosamente buscó desde hace 18 años, pero también, le exijo un absoluto respeto a esta noble profesión de informar y no nos vamos a quedar con los brazos cruzados. Los periodistas de México no queremos un Presidente represor, ni mucho menos, el establecimiento sexenal de una ley mordaza.
Hago votos porque ya con la investidura de Presidente de la República, no defraude a la nación. Si le va bien a México, por supuesto que también le va ir bien a él. Jesús nos enseñó que: «Por sus frutos los conoceréis».