¿Desaparición de Morena?
Historias de cuidado
Hay historias que sostienen a la ciudad todos los días, pero casi nunca aparecen en los discursos públicos, en las estadísticas o en las decisiones de gobierno.
Son historias silenciosas.
Historias que ocurren en casas, hospitales, calles, escuelas o al interior de familias, historias que rara vez se cuentan completas.
Son historias de cuidado.
Cuidar es una palabra que parece sencilla, pero que esconde una enorme complejidad. Cuidar es acompañar a alguien enfermo durante meses o años. Cuidar es dejar de trabajar para atender a una hija o a un hijo con discapacidad. Cuidar es hacerse cargo de una madre que empieza a olvidar las cosas o de un padre que ya no puede caminar solo. Cuidar es sostener la vida cotidiana de quienes requieren la ayuda o el apoyo de alguien más para vivir con dignidad.
Y en esta ciudad, millones de personas cuidan todos los días. Pero casi nadie habla de ellas.
Durante mucho tiempo en el debate público sobre los cuidados nos hemos quedado en el plano técnico: diagnósticos, cifras, leyes, programas o instituciones y particularmente en el presupuesto. Todo eso es importante. Sin embargo, en todas esas conversaciones hemos dejado de lado las historias humanas que existen detrás de cada caso.
Detrás de cada persona que necesita cuidados hay alguien que cuida. Y detrás de cada persona que cuida hay una historia.
La historia de una mujer joven que convirtió su propio cuerpo en una forma de resistencia mientras lucha por que otras personas no tengan que pasar por lo mismo que ella.
La historia de una madre que ha dedicado su vida a cuidar a su hijo y que ha aprendido, muchas veces sola, cómo enfrentar un sistema que no siempre está diseñado para acompañarla.
La historia de quienes cuidan a personas que viven en la calle, a quienes nadie quiso ver durante años, y que han decidido dedicar su vida a acompañar a quienes el resto de la sociedad dejó fuera.
La historia de quienes cuidan a sus padres cuando la vejez empieza a cambiarlo todo.
La historia de quienes cuidan mientras trabajan, mientras estudian o mientras intentan sostener su propia vida.
Historias distintas, pero atravesadas por algo en común: el cuidado como una responsabilidad que recae casi siempre en silencio, muchas veces en soledad y con muy poco apoyo.
Por eso decidí dedicar la segunda temporada de "Que Roy-o” a escuchar estas historias. Porque no podemos hablar sobre cuidados sin hablar de quienes los habitan, de quienes lo viven día a día y para quienes un sistema de cuidados no es otra cosa que lo más indispensable para afrontar su cotidianidad.
A partir del 26 de marzo comenzará una nueva temporada con diez episodios que buscan algo muy simple y al mismo tiempo muy profundo: ponerle rostro, voz y vida a los cuidados.
En cada episodio conoceremos a personas que cuidan o que han sido cuidadas, personas que han tenido que reorganizar su vida alrededor del cuidado de alguien más, personas que han convertido esa experiencia en una forma de lucha, de aprendizaje o de comunidad.
En lo personal, pensé que conocía la historia de cada una de ellas, admiraba a cada una y cada uno de quienes aceptaron compartir conmigo su historia de vida, pero al escucharlas me di cuenta que eran mucho más profundas, complejas y asombrosas de lo que pensaba. Cada una entraña el sentido más humano de la vida, los cuidados.
Porque estas historias ocurren lejos de los reflectores, pero sostienen la vida cotidiana de nuestra ciudad.
Porque una ciudad no solo se construye con infraestructura, transporte o edificios. También se sostiene con cuidado.
Con millones de horas de trabajo invisible que permiten que otras personas puedan estudiar, trabajar, sanar o simplemente vivir.
Y quizá el primer paso para construir un verdadero sistema de cuidados es algo mucho más sencillo de lo que parece: escuchar.
Escuchar las historias que todos los días mantienen en pie a esta ciudad.
Historias que pasan desapercibidas, pero no solo pasan todos lo días de miles de hogares, estas historias tienen mucho que enseñarnos sobre la forma en que vivimos, sobre las desigualdades que aún arrastramos y sobre la urgencia de construir una sociedad que entienda que cuidar no puede seguir siendo una tarea en soledad.
Por eso esta nueva temporada no trata sólo de política pública, trata de algo más profundo.
De las historias de cuidado que debemos empezar a escuchar.
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