México recuperará 60% de generación eléctrica al concluir sexenio: Sener
TEPIC, Nay,. 24 de octubre de 2025.— Lo que pudo ser solo una postal amistosa se transformó en una imagen cargada de significado político: Carlos Slim Helú, el empresario más poderoso del país, y Pedro Haces Barba, el dirigente sindical más influyente de la 4t, coincidieron en un evento deportivo, pero con mensajes de pronóstico reservado.
En la puesta en escena del duelo beisbolero entre los Jaguares y los Tomateros también figuraron otros dos figuras emblemáticas del poder económico: Miguel Rincón, líder de Bio Pappel, y Carlos Peralta, magnate de Grupo IUSA, con el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero como anfitrión.
Nada en esa escena fue improvisado. Detrás de los saludos y las sonrisas se proyecta una lectura estratégica del poder que viene: la del México que se prepara para 2027, cuando se renovarán 17 gubernaturas, la Cámara de Diputados federal y buena parte del mapa político nacional.
La presencia conjunta de Slim y Haces es más que un gesto protocolario. Representa la convergencia de dos estructuras históricamente enfrentadas: el capital privado y el sindicalismo. Pero también refleja una coincidencia pragmática: ambos sectores buscan estabilidad, interlocución y continuidad, más allá de la figura presidencial o del color de los partidos.

Slim, pragmático y reservado, ha sabido adaptarse a todos los gobiernos sin perder influencia. Su aparición pública junto al líder de la CATEM —central sindical vinculada a la Cuarta Transformación— es una señal de cálculo fino: un guiño a la fuerza política que, aunque en transformación, sigue marcando el pulso del poder.
Pedro Haces, por su parte, no es un sindicalista tradicional. Ha moldeado su liderazgo con el discurso del nuevo sindicalismo, alejado de los viejos cacicazgos de la CTM y con una cercanía evidente al poder político. Su estrategia apunta a 2027: posicionar a la CATEM como un actor electoral con capacidad de influencia territorial, en un país donde la representación laboral puede decidir candidaturas, alianzas y votos.
En ese sentido, el encuentro en Nayarit tiene sabor a reacomodo preelectoral. Con la sucesión presidencial en marcha para 2030, y la aduana previa de los procesos estatales y legislativos del 2027 en el horizonte, las élites económicas y sindicales ya empiezan a tender puentes. La política mexicana no se cocina solo en los partidos ni en Palacio Nacional: también se define en canchas de béisbol discretas, como la que reunió a Slim, Haces, Rincón, Peralta y el gobernador Navarro.
Más allá del deporte y la camaradería, esa reunión fue una escenificación de fuerza múltiple, donde los interlocutores del dinero y del trabajo buscan garantizar su permanencia en el nuevo ciclo político. Porque si algo ha demostrado el sistema mexicano es que los verdaderos acuerdos no se firman ante cámaras, sino entre quienes comparten intereses y se reconocen como indispensables.
Slim no apuesta: calcula. Haces no improvisa: se posiciona. Ambos entienden que, de cara a 2027, la estabilidad del país dependerá de mantener diálogo con quien gobierne, pero también de conservar presencia en las regiones donde se disputará el poder local.
El mensaje de Nayarit es claro: el país se reacomoda, y los actores del poder real ya se sientan en la misma mesa. Mientras los partidos aún discuten precandidaturas, los bloques económicos y sindicales han comenzado a pactar el terreno.
Porque en México, la política cambia cada sexenio, pero los equilibrios del poder se heredan y se preservan.




