CIUDAD DE MÉXICO, 11 de enero de 2021.- El racismo en México puede ser descarado o sutil, y el color de piel define los beneficios y los obstáculos que enfrentan los mexicanos, sostiene el periodista e investigador Hernán Gómez.

Autor del libro El Color del privilegio, el racismo cotidiano en México, el también conductor del noticiero Octágono indica que el racismo ha estado presente por décadas  en una gran variedad de ámbitos en la sociedad mexicana.

“El gran problema del racismo en México, es que no se reconoce, y si no se le identifica jamás se podrá erradicar.

“A diferencia de otros países donde el racismo fue más explícito y evidente, como Estados Unidos, en donde había leyes e instituciones racistas, ha sido más fácil reconocerlo. Pero en  México oficialmente nunca hubo racismo, porque todos éramos mestizos, lo cual es una falsedad, entonces nunca se aceptó que existiera este tipo de problema”, apunta en entrevista a propósito de su reciente libro editado por Planeta.

La intención de documentar las prácticas racistas de los mexicanos sostiene Hernán Gómez no solo es poner alcance del lector una serie de investigaciones sino concientizar sobre lo cotidiano que resultan actitudes, dichos y prácticas que son catalogadas como discriminatorias. 

Según Hernán Gómez existen al menos diez formas de racismo en México que transitan de lo sutil, lo evidente o lo descarado. Se trata de conductas que se traducen en violencia o segregación y de ahí van sucediendo otras figuras más sutiles como la del racista pasivo.

El racismo a la mexicana es tan variado que una persona puede practicar varias clases e indistintamente recurrir a ellas.

Está el racista descarado que recurre sin ningún matiz a segregar a quienes presume no son como él;  y detenta una posición que le permite excluir a otros por su color de piel ya sea en el trabajo o para ingresar a un lugar.

Hay racistas que presuntamente se excusan de serlo y que recurren a frases como ‘no es que sea racista pero si los indígenas se esforzaran más…’ o quienes atribuyen particularidades a un grupo social y usa calificativos como considerar a los indígenas ignorantes o atrasados.

También hay racistas estéticos que son aquellos quienes dicen ‘aunque el niño es morenito, está bonito o quienes practican la invisibilidad de las personas que les son diferentes porque consideran que sus demandas o gustos no cuentan.

Existe también un racismo cariñoso que consiste en matizar un desprecio o prejuicio como quienes llaman ‘inditos’ a los indígenas, ‘negritos’ a los afroamericanos o morenos.

Calificada por Hernán Gómez como la figura más triste pero más común en México, consiste en el racismo y desprecio practicado por uno mismo a causa de escuchar expresiones o haber sido denigrado. Se trata personas que niegan o se avergüenzan de su tono de piel o de la cultura a la que pertenecen y la cual ellos mismo deprecian.

También está el racista que acepta a los demás siempre y cuando no tengan la osadía de ser igualados o sentir que pueden ser como él, imitarlo o adoptar hábitos y costumbres de una clase privilegiada.

Al final de las clasificaciones se encuentra el racista pasivo, que es aquella persona que permite que el racismo acontezca frente a sus ojos aún cuando tiene la capacidad de que eso no ocurra.

“Creo que habemos muchos que no hemos sido capaces de indignarnos y levantar una voz cuando ese tipo de cosas pasan por temor al ridículo o porque tenemos temor al conflicto o porque no decimos las cosas que pensamos directamente”, apunta Hernán Gómez.

¿Por qué a los mexicanos nos cuesta hablar de racismo y reconocerlo?

-Siempre es difícil reconocer que uno discrimina, uno reconoce el machismo, la homofobia, sexismo o todos los ismos en los demás pero nunca en uno, lo mismo pasa con el racismo. Parece que siempre son los otros, es más fácil ver racismo en el ojo ajeno que en el propio.

Tiene un peso muy grande en la historia porque pensamos que el racismo solo es el Ku Klux Klan o los seguidores de Trump, sin embargo, uno puede rechazar ese tipo de racismo y también ser racista.

Nadie quiere identificarse con Donald Trump o régimen del apartheid en Sudáfrica o el Ku Klux Klan, entonces cuando preguntan ¿eres racista? Pues nadie va a decir que lo es.

Pero en realidad el racismo esté hecho de formas más sutiles inconscientes, uno no se da cuenta que está siendo racista porque es vergonzante y no se atreve a confesar su nombre.

También siempre ha sido más fácil reconocer el clasismo que el racismo, mucha gente te dice:  yo no soy racista pero tantito clasista sí, cuando en realidad los clasistas también son racistas porque es muy difícil separarlos.

¿Dependiendo de la clase socioeconómica es más difícil reconocer que se es racista?

-No, creo que es difícil hablar de racismo en cualquier estrato social, incluso los sectores que más padece el racismo les cuesta hablar del tema y no siempre se dan cuenta que lo viven es racismo, esa es una de las grandes tragedias. Muchas veces  incorporan argumentos de quien los está oprimiendo y terminan por creérselos ¿Cuánta gente no termina despreciando lo que es o su tono de piel o rasgos físicos?

Muchos imitan conductas occidentales o se tiñen el pelo de güero, blanquearse la piel u operarse, esto pasa mucho con las mujeres, porque están sometidas a una gran presión por verse bien y ese ideal no existe la posibilidad de verse bien en este país para mucha gente si no es accediendo a los modelos occidentales de belleza.

-¿A qué atribuyes que no exista un rechazo al racismo como sucede con otras conductas que incluso generan protestas o movimientos como ocurre con el machismo?

-Me parece que está cambiando, estamos hablando más de racismo, porque la llamada 4T ha traído ese tema a debate, incluso el propio Presidente de la República ha tenido el mérito de llamar a las cosas por su nombre, nunca había existido un mandatario que reconociera públicamente que tenemos un problema de racismo.  Hay quienes dicen que lo hacen para polarizar, no creo que lo haga para eso o que polarizar esté mal.

En parte el tema de racismo no se ha tocado porque hay un temor a que ese resentimiento que está ahí aflore y se vuelva inmanejable, porque se trata de un tema tabú en México durante muchísimo tiempo y atenta contra la ideología oficial del país mestizo que presume que todos somos iguales y no ha diferencias raciales.

-¿Cómo hacer para que se genere un debate que trascienda los espacios académicos y sea más generalizado entre la sociedad?

Paradójicamente creo que la respuesta es politizando el problema, porque si los problemas no se politizan, nunca más se discuten y no se hace nada, las desigualdades en México son tan profundas y pronunciadas que necesitamos volverlas en un tema del debate público.

La palabra politizar se percibe como una connotación negativa, cuando es lo contrario porque es hacer de la discusión pública un tema importante, creo eso es lo que se ha empezado a hacer, y debe dejar de ser un tema solo de los académicos o de las ONG.

Cada uno de nosotros se puede convertir en un militante antirracista y dejemos ser los pasivos, como cuando vemos el racismo frente a nuestros ojos y no hacemos nada.

Podemos ejercer una voz para no callarnos cuando lo vemos, cuando nos enteremos de  una persona a quien no la dejan entrar a un centro comercial por su vestimenta indígena o la sacan de un lugar por su apariencia física o no la dejan ingresar.

Debemos dejar de ser esas personas que no decimos nada cuando alguien en un trabajo toma la decisión de negar una promoción a una persona por sus rasgos físicos o su tono de piel.

Lo mismo pasa en un antro que selecciona a la gente por su apariencia física en la entrada, pues para empezar puedes dejar de ir a ese lugar o no darles dinero a establecimientos que seleccionan con criterios racistas a quienes va entrar a sus instalaciones, porque quien va a un lugar así es cómplice del racismo y termina sometiéndose a una forma de segregación.