El Maximato
Felipe Calderón ha hablado con acierto.
Si la oposición no toma su consejo, seguiremos sin ver quién se fortalezca para enfrentar con éxito al partido de Estado.
La concentración de poder, dijo el ex presidente en el foro de derecha del miércoles pasado, marca el regreso del país hacia la “dictadura perfecta”.
Esta definición de Mario Vargas Llosa la dijo a finales del siglo pasado cuando declinaba el PRI con Ernesto Zedillo al frente y lo pagó con una invitación a abandonar el país.
En 2000, a consecuencia de ese deterioro tricolor, Acción Nacional arribó a Palacio Nacional a través del empresario cocacolero Vicente Fox.
Para los medios fue la nota acompañada de críticas porque, es verdad, Calderón no dijo algo nuevo para llamar la atención de los politólogos.
De ahí se tomó Claudia Sheibaum para criticarlo porque hablaba de democracia pese a su cuestionado triunfo -por Andrés Manuel López Obrador y sus acólitos, no para la ley- en 2006.
Pero hay muchas enseñanzas en las afirmaciones del panista.
SIN FIGURAS NI INICIATIVA
Se fue contra los partidos.
A Morena lo fustigó porque de la mano de dos mandatarios -López Obrador y Sheinbaum- ha modificado a su gusto la Constitución con la mayoría artificial otrogada por el INE y por el Trife.
Pero también a los partidos disidentes porque, subrayó, no han tomado las calles ni las plazas públicas ni están en el debate de los temas fundamentales para la población.
Y aquí está su mensaje.
Antaño el PRI se dedicaba a la gestión de las principales causas sociales, hacía campaña de tierra casa por casa, involucraba a la gente en el quehacer público y los candidatos surgían del pueblo.
Luego cuando llegó el PAN al poder federal, se hizo presente en casi todos los distritos -en algunos con escasa fuerza- y eso le permitió repetir el segundo sexenio con Calderón.
Uno y otro, PRI y PAN, lograron atraer jóvenes y formaban cuadros tanto en sus instituciones -aquél en el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES), éste en la Fundación Preciado- para auparlos a la competencia, a las diputaciones, gubernaturas, etcétera.
Hoy no hay nada de eso.
Hoy Morena es dueña de plazas, calles, debates y por supuesto de las campañas con el gobierno como motor aunque para eso se violen la Constitución y la postulación de candidatos a gobernadores para el 2027 se haya adelantado más de seis meses.
Les llaman coordinadores de quién sabe qué defensa sin que el INE de Guadalupe Taddei ni el Tribunal Electoral de Gilberto Bátiz los reconvengan por su cinismo.
Pero sigamos con las enseñanzas de Calderón: mientras la oposición no recupere esos espacios ni la confianza de la ciudadanía, no podrá superar su triste posición de grito e inacción.
MORENA BURLA SU LEY
1.- Sigamos con la incongruencia.
Mientras el oficialismo morenista, petista y verde discutía y aprobaba la prohibición de doble nacionalidad para quien aspire a la Presidencia a una gubernatura, daba pasos en sentido contrario.
Postuló la senadora Jazmine Bugarín en Nayarit a pesar de haber hacido en Estados Unidos y del mandato constitucional (artículo 62, relativos a los rrquisitos) de ser mexicana “de nacimiento”.
Le van a dar la vuelta con argucias como ella no tuvo la culpa de haber nacido allá, eran las condiciones de una familia pobre, todo hijo de padres es mexicano, la reforma se aprobó después y blablabla.
La ley de espaldas.
Y 2.- El PRI de Alejandro Alito Moreno no puede fallar en Sinaloa.
Morena y su candidata Imelda Castro se desploman en las encuestas mientras se robustecen figuras tricolores como Mario Zamora, Paola Gárate y Paloma Sánchez.
Y el PAN rompe su dogmatismo y acepta ir en alianza… alianza inútil si se dividen los aspirantes o se elige a más cuestionable o menos fuerte.