
El recuerdo de un Maestro que vivió sin tregua, entre acordes y sombras
CIUDAD DE MÉXICO, 2 de noviembre de 2018.- “Vino mi mamá a darme las gracias anoche”, dice la señora Teodora Hernández, quien acudió este viernes al Panteón Civil de Iztapalapa, uno de los camposantos más grandes ubicado al oriente de la capital.
Así le enseñaron sus padres, a poner inciensos para cuando vengan los difuntos se lleven el aroma. También de las flores como el cempasúchil y de la comida que en vida fueron sus placeres.
“Ya vine hija, gracias por lo que me pusiste”, asegura Teodora que le dijo su madre cuando sintió su presencia en la víspera de este 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos o Día de Muertos.
Vinieron también sus abuelitos, el papá de sus hijos y su hija. “Qué bueno que me esperabas mamá, me compraste mi Coca”, le dijo ésta.
Hace dos años que falleció su hija a la edad de 45 años, de cirrosis biliar, lo cuenta con una nostalgia que se percibe en su voz. “Por hacer tantos corajes”, dice la señora Hernández, porque aclara que no tomaba pero sí hacía muchos corajes. Y eso fue lo que le hizo daño.
En un recorrido en el camposanto de Iztapalapa, Quadratín México la encontró sola junto a la lápida donde están su mamá, una de sus tías, una hermana y unos niños. En otra tumba más adelante están su hija y su difunto marido. Les recuerda en todo momento.
El Día de Muertos para Teodora, oriunda de la capital, es una de las tradiciones más arraigadas que le inculcaron sus padres. Por eso acudió sola a limpiar la tumba de sus familiares.
Adora la blanca tumba con una cruz con velas y pétalos amarillos, casi naranja, color característico del cempasúchil, para marcar el camino que deben seguir los espíritus hasta lo que les ofrenda con respeto y amor.
Tamales para sus familiares y pipián con chilacayote para su mamá, sus platillos favorito en vida. También cigarro, tequila, cerveza, café y frutas, para que se lleven su esencia.
Llegó desde este mediodía a acompañar por horas a sus seres queridos que ya no se encuentran en esta vida.
El olor del copal se hace presente mientras enciende un pequeño anafre a manera de incienso.
“Yo quiero hacerte con mis lagrimas un collar de perlas. Déjame llorar porque hoy que te perdí. Queriéndote olvidar, me acuerdo más de ti”, se escucha la melodía en voz del cantante de música ranchera, Vicente Fernández, para acompañar a la señora Hernández mientras se concentra en embellecer el lugar de sepulcro de su querida madre y familiares.
Teodora cree en la tradicional festividad del Día de Muertos y los rituales que tienen origen prehispánico, raíces católicas y relacionadas con la tradición cristiana europea.
Siente la presencia de que han venido sus fieles difuntos a visitarla. “Y si pones atención”, dice, “cuando va finalizando, el día se pone en silencio y eso es lo que me enseñaron”.